27
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El sujeto educado (sexta parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, Foucault, autodisciplina, gubernamentalidad, sujeto

el sujeto de la educacion

Responsabilidad y autodisciplina individual

La relación del individuo con la sociedad fue una controversia de la modernidad, pero la controversia sobre el papel social del individuo se convirtió en algo habitual. La noción de “educación para la ciudadanía” quedó ampliamente incrustada en las instituciones y discursos. La controversia discursiva sobre la relación del individuo con la sociedad pasó a convertirse en una controversia sobre la identidad del individuo y el bienestar personal. En qué circunstancias fue posible ver al individuo como el lugar de la responsabilidad disciplinar?

La era progresista en Estados Unidos (aproximadamente 1880-1920) nos proporciona un ejemplo de cambios históricos en las tecnologías de la verificación, es decir, de las estadísticas, y en las tecnologías de la gobernación, es decir, la autodisciplina psicológica. Las categorías sociológicas, vigorosamente debatidas durante la modernidad, terminaron siendo aceptadas como “realidades” estadísticas. Es decir, muchos aspectos de los debates políticos y científicos de la modernidad (como por ejemplo, son las razas “realmente” diferentes?) se convirtieron en debates administrativos y finalmente se “resolvieron” y formalizaron mediante diversos procesos de legislación, institucionalización y prácticas discursivas. Además, los movimientos progresistas amplificaron el papel de la psicología en la educación.

La sustancia de la anterior subjetividad griega, medieval y de la Ilustración se correspondía en cierto sentido con un ser humano individual. Los trastornos de la epistemología moderna constituyeron una subjetividad transpersonal en el contexto de la formación de las instituciones sociales y la metafísica (neo) kantiana. A principios del siglo XX se estaban estableciendo instituciones sociales y políticas y se planteaban nuevos conjuntos de temas sociales y políticos. Académicamente, la separación de la psicología respecto de la filosofía moral supuso una nueva relación del sujeto educado con la sociedad y con el conocimiento y los métodos estadísticos adquirieron una creciente influencia en las ciencias sociales.

Eso generó una nueva configuración de lo que se podía saber y de cómo se podía saber cualquier cosa. El conocimiento de la ciencia social pudo expresarse en términos de estadísticas y al sujeto educado se le pudo reconocer en términos de psicología. Es decir, los fenómenos sociales se hicieron comprobables y verificables sobre la base de la medición estadística, la correlación y la predicción. Al mismo tiempo, la educación se fue convirtiendo cada vez más en una empresa psicológica y la psicología emergente se apropió de las categorías sociológicas de la modernidad. En el discurso educativo se efectuó la apropiación de las categorías establecidas estadísticamente (como los cocientes de inteligencia), como normas psicológicas que constituyen al sujeto educado.

La educación del sujeto

En este modelo de producción del conocimiento se identificó al sujeto que había de ser educado como un conglomerado de atributos definidos estadísticamente, como raza y género, apropiados como atributos del individuo en las formas de personalidad, afecto, sensibilidades perceptivas y cognición. Al mismo tiempo, sin embargo, el conocimiento no se asentaba en una sola mente, cuerpo o alma individual y ya no se podía basar en la experiencia personal (subjetiva), como pudo hacerse en épocas anteriores.

La educación, el lenguaje y los descriptores de la psicología se cuentan entre las tecnologías de la individualización, resultado lógico de la objetivación del sujeto. Este cambio epistemológico tendría finalmente un doble efecto: construiría conocimiento en términos de categorías estadísticas y construiría al conocedor como un ejemplo individual de tales categorías.

Un aspecto significativo de los cambios en la constitución del sujeto de los tiempos modernos es la fusión del lugar de poder y el sujeto de poder. En las épocas anteriores se había concebido el poder como soberano y situado fuera del sí mismo, mientras que el sujeto de poder había sido el sí mismo natural/social. Es decir, la subjetividad mantuvo previamente una relación agonística con el poder soberano. No obstante, los efectos de la modernización formal consistieron en desplazar el poder desde estructuras externas o soberanas a prácticas de autodisciplina. Así, el sujeto educado quedó investido de una nueva clase de poder, el de gobernarse a sí mismo. Las capacidades racionalizadoras de la psicología convirtieron la autogobernación en un aspecto del sujeto educado. A partir de entonces, al sujeto educado se le identificó según las capacidades psicológicas, mediatizadas por el conocimiento experto, y reguladas en términos de instituciones sociales. En tales circunstancias, el poder para autogobernarse fue simultáneamente la disciplina de ser psicológicamente normal.

El modo/régimen de gobernación, en su capacidad disciplinaria como “biopoder”, ha  sido analizado por Foucault como gubernamentalidad. En este modelo de gobernación, cuando la subjetividad está constituida a través de prácticas que identifican el sí mismo, se hace imposible distinguir el modo de subjetivación de su régimen. Es decir, en el análisis de Foucault, la gobernación tradicional (diferente de la moderna) fue un modelo en el que el poder era ejercido por “otro”, por algo situado fuera del “sí mismo”. El lugar de este poder soberano tradicional era discreto e identificable; en consecuencia, resultaba posible concebir un sujeto constituido en una relación positivamente agonística con el lugar del poder.La educación del sujeto

En contraste con ello, la gobernación moderna es un modelo en el que se espera que el sujeto educado, como ciudadano psicológicamente regulado, ejerza el poder que gobierna al sí mismo. Las relaciones de poder de la gobernación incluyen no sólo comportamiento, sino también “mentalidad” o el “alma”. En la modernidad se había puesto de manifiesto la existencia de un modelo de gubernamentalidad, pero se discutía el grado en el que la política suponía una gobernación del sí mismo. En el discurso educativo y a principios del siglo XX, este concepto de política como gubernamentalidad había cruzado un umbral epistemológico desde un tema discutible, hasta convertirse en una asunción tácita. No cabía ya la menor duda de que el sujeto educado sería autodisciplinado.

Del mismo modo que el conocimiento moderno era una clase de objetivación reflexiva (el sujeto percibe al sujeto), la gubernamentalidad es una clase de gobernación reflexiva (el sujeto disciplina al sujeto). El sujeto es reconocido así como “educado” y “civilizado” precisamente gracias a su “autodisciplina”. Y, a la inversa, al sujeto se le considera como “no civilizado” y “no educado” en la medida en que está constituido como no autodisciplinado.

Al sujeto educado se le pude describir como actualizado en términos psicológicos derivados de las normas estadísticas. Las estadísticas se desarrollaron como una solución a los problemas de diferencias teórico-práctica-políticas;  puesto que la sociedad consistía en papeles diferenciados, la educación habría de servir a propósitos diferenciados. Se esperaría por tanto del sujeto educado que asumiera identidades diferenciadas de acuerdo con las diversas adscripciones estadísticas (es decir, actuariales) que se ordenarían y regularían por medio del diagnóstico y la intervención psicológicas.

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26
mai

El sujeto educado (quinta parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, Ilustración, Kant, modernidad, sujeto

la educación del sujeto

 

La objetivación del sujeto

En general, El discurso educativo actual asume que el sí mismo conocedor subjetivo es sí mismo como objeto de estudio y que el conocimiento del sí mismo constituye la base para una identidad educada. No obstante, eso no fue siempre así. De hecho, la noción que el sí mismo subjetivo pudiera tener una identidad objetiva es particularmente característica de la modernidad. En la obra de Immanuel Kant podemos examinar una de las primeras formulaciones del sí mismo como objeto.

La modernidad se caracteriza como una ruptura o rompimiento a partir de la Ilustración y por tres motivos. Primero, el convincente análisis que hace Kant del racionalismo y el empirismo echó a perder con efectividad ambos sistemas analíticos como discretos fundamentos plausibles, con lo que quedó abierto a la discusión el debate central que constituía la filosofía de la Ilustración. Las preguntas de Kant no se referían a los objetos que se veían, sino a cómo se producía el propio hecho de ver. Segundo, el imperativo categórico planteó un sujeto como punto de vista. Eso significa que el sujeto de la modernidad dejó de darse como trascendente; el sujeto como punto de vista se convirtió en el objeto de la investigación. El sujeto educado empezó a cuestionar las facultades de percepción, como la vista y el conocimiento. A partir de ahora ya no se podía dar por sentado al sujeto. El sujeto de la Ilustración como tabula rasa o ingenuidad fue sustituido por una moderna conciencia objetiva a priori. La experiencia subjetiva moderna sería examinada usando las mismas tecnologías que se habían desarrollado para examinar los objetos de la ciencia. La tercera dimensión fue que el significado de educado cambió desde el sujeto trascendente de la Ilustración al sujeto institucionalmente identificado de la modernidad. El proceso de llegar a ser educado pasó de ser una empresa predominantemente filosófica a una empresa enmarcada institucionalmente, es decir, la escolarización.

En la obra de Kant alcanzaron su culminación los debates ilustrados entre racionalismo y empirismo. En la epistemología de Kant y en la medida en que el racionalismo y el empirismo fueron finalmente “sintetizados”, ni el uno ni el otro pudieron desplegarse en su forma previamente separada. Kant no investigó los objetos, sino nuestro conocimiento de los objetos. Es decir, cuando la epistemología kantiana cuestionó al sujeto cognoscente, ya no quedó relación asumible entre el objeto y el sujeto. Surgió así una nueva forma de subjetividad en la que el sí mismo educado se convirtió tanto en el investigador como en el investigado. El sujeto educado asumió una identidad como alguien que examina semiconscientemente al sujeto como conocedor.

En lugar de los debates anteriores que avanzaban y retrocedían entre racionalismo y empirismo, surgió el “imperativo categórico”: “El punto de partida es no ser sino conciencia”. Este cambio es importante porque aporta una formulación inicial que permitió el estudio del sujeto como objeto. Además, aporta el mecanismo para un cambio desde el poder soberano (objetivo) a un ejercicio disperso del poder (subjetivo). La investigación del sujeto como un objeto en su contexto histórico conduciría eventualmente a la desaparición  del sujeto como sujeto y a la inclusión del sujeto en la objetividad.

Para el sujeto educado ya no fue posible citar los sueños como evidencia, puesto que se habían cuestionado las capacidades perceptivas del sujeto. Este es el cambio que definió el “conocimiento subjetivo”, que pasó de significar “opinión invalidada” y “conocimiento objetivo”, a significar “verdad validada”.

la educación del sujeto

La forma en que la objetivación del sujeto fue asumida históricamente en la modernidad británica queda ejemplificada en los escritos de Johan Stuart Mill. El discurso filosófico de Mill, como el de Locke antes que él, se centró precisamente en la relación del individuo con la sociedad. Es importante tener en cuenta, sin embargo, que “sociedad” es un objeto moderno de investigación que no perteneció a contextos históricos anteriores. La monarquía constitucional creada por la revolución  burguesa democrática de 1688 en Inglaterra, aportó el foro histórico en el que la sociedad se convirtió en un objeto (o sujeto) de la investigación racional, la clasificación sociológica y la administración política. El surgimiento de las instituciones sociales y políticas obligó a los administradores a definir y resolver temas de diferencia entre las gentes, con objeto de gestionar la sociedad.

Al analizar el resultado de la revolución epistemológica de Kant en relación con el utilitarismo de Mill y el desarrollo de las instituciones sociales, situamos otro nodo en el legado genealógico del sujeto educado. El sujeto educado de Kant estaba constituido en términos de “categorías” a priori. El aspecto de subjetividad educada de la Ilustración fue la liberación de la razón humana respecto de las determinaciones de la ley o la autoridad. Para Kant, convertir al sí mismo en un objeto de investigación consciente significó liberarlo del determinismo impuesto por las leyes de la naturaleza: “En realidad, la libertad no es más que la actividad espontánea de la que nosotros mismos somos conscientes. Las palabras ‘yo pienso’ ya indican que no soy un agente pasivo, sino libre, incluso en mis representaciones”.

El aspecto revolucionario de este cambio consistió en liberar posibilidades para el conocimiento humano de las determinaciones incontrolables de la ley natural o divina. Al situar al sujeto perceptor bajo el microscopio de la ciencia, el sujeto educado creó un potencial muchísimo más grande para el estudio científico. Además, si el sujeto educado ya no estaba determinado por la ley natural, entonces se le podía cambiar (es decir controlar) a través de la intervención científica. Por otra parte, el conocimiento del sí mismo serviría como el medio por el que el sujeto educado se convertiría en miembro de una sociedad moderna. El poder, pues, dejó de concebir-se como estrictamente soberano. El ejercicio moderno del poder empezó a adquirir la forma de control del sí mismo subjetivo por parte del sí mismo subjetivo.

La constitución del moderno sujeto educado se puede describir por tanto como una objetivación complicada y reflexiva. Es decir, previamente las metodologías científicas se habían aplicado a la investigación de objetos en el mundo exterior; se daba por sentada la realidad de un sujeto perceptor, de modo que el “si mismo” sujeto era sacrosanto e incuestionable. Pero la ciencia moderna consideraba ahora al sujeto perceptor como susceptible de investigación por medio de métodos científicos. Además, el contexto histórico de modernidad identificó al sujeto educado como un miembro de la sociedad.

la educación del sujeto

“Reflexividad” es el término que describe la situación en la que el sujeto percibe al sujeto. El psicoanálisis freudiano habría sido inimaginable sin la objetivación del sujeto. La reflexividad moderna es una inversión de la subjetividad cartesiana en la que el sujeto/sí mismo era trascendente y el objetivo de la ciencia era el desarrollo de la metodología. En contraste con ello, las metodologías de la objetivación reflexiva construyen  al sujeto/sí mismo como el objeto de un método científico asumido y en relación con una totalidad social. Eso fue lo que, en efecto, hizo que la sociedad fuera trascendente y el sujeto individual objetivado.

La ciencia moderna no fue una empresa hipotética. Ser educado significó ocuparse de toda una nueva gama de problemas: los de una sociedad y la relación del individuo con instituciones de administración y regulación. Unidad y verdad se comprendieron en términos de ciencia social y el “descubrimiento” científico de la diferencia tuvo consecuencias políticas de una nueva clase. Las cuestiones de derechos y justicia surgieron en contextos de administración institucional, gestión económica y legalidad. El sujeto educado fue construido en relación con la sociedad, con “sujeto”, “educado” y “sociedad” como categorías impugnadas.

En el discurso educativo, por ejemplo, la construcción del sujeto educado permitió dos clases muy diferentes de argumentos sobre identidades sociales. Un posible argumento fue que los géneros y las razas eran “realmente” diferentes, basándose la asunción de la diferencia en fenómenos percibidos objetivamente; eso justificó que las diferencias percibidas justificaran pedagogías, leyes, derechos e identidades igualmente diferenciadas. Un argumento diferente fue que la razas y los géneros eran “realmente” similares, basándose dicha similitud en la asunción de derechos naturales subjetivamente fundados; las diferencias sólo eran simples variaciones perceptivas, lo que significaba pedagogías, leyes, derechos e identidades universalmente adscritas. El problema, por tanto, sería cómo administrar una sociedad con una diversidad aparente.

En cualquier caso, el modo de subjetivación ya no era una cuestión personal, sino transpersonal. Las fronteras epistemológicas del sí miso dejaron de ser individuales (personales) y se fundamentaron en un contexto social (transpersonal), con términos tales como nación y clase. En tales circunstancias, el contexto social de modernidad permitió justificar una proposición (producir conocimiento) apelando a “realidades” aprehendidas racionalmente más allá de la experiencia personal (subjetiva) y específicamente fundamentadas en términos sociales (objetivos). Del mismo modo, el sí mismo se entendió como sujeto con respecto a la regulación y como objeto de la misma, en términos de identidades sociales racionalizadas.

El modelo epistemológico de sujeto y objeto no pertenecía a sistemas distintos al de la modernidad. Las versiones “tradicionales” de idealismo, metafísica, formalismo, deísmo y humanismo habían asumido un sujeto no mediatizado o trascendente, al menos hasta cierto punto. El impacto de la ruptura epistemológica kantiana fue tan profundo en el discurso filosófico que, a partir de entonces, todas las construcciones previas de subjetividad (en las que se suponía la existencia de un “conocedor”) se clasificaron como “realismo ingenuo”. Fuera de la modernidad, el punto de vista no se cuestionaba, no se examinaba, no se “veía”, por lo que era “ingenuo”. La objetividad moderna revolucionaria construyó un punto de vista aprehensible. En la construcción del sujeto moderno educado, lo que tradicionalmente se había considerado como sagrado (el alma/sí mismo) se reconstituyó como oculto y necesitado de examen. A partir de entonces, ser educado significó examinar no sólo los objetos del mundo, sin o también el propio punto de vista.

La eeducación del sujeto

El sí mismo educado de la modernidad era epistemológicamente complejo. El sujeto educado no sólo poseía una capacidad muy ampliada para la observación científica, sino que él mismo se identificaba como objeto de investigación científica, parte de la sociedad y, simultáneamente, el negociador entre las posturas del conocedor y lo conocido, del gestor y el gestionado. Desde el punto de vista político, la subjetividad moderna es en cierto sentido paradójica. Es decir, al sujeto se le adscribieron una percepción ilimitada y capacidades reguladoras ilimitadas; al mismo tiempo, el sujeto perdió su soberanía trascedente en la medida en que se le integró u objetivó en una abstracción organizada y regulada en términos de categorías social-científicas.

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14
mar

El sujeto educado (cuarta parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Descartes, Educación, Ilustración, racionalidad, sujeto

La abstacción de la cognición

 

el sujeto educado

el sujeto educado

Otra suposición que encontramos en los discursos educativos actuales es que el sujeto educado posee una facultad de “cognición”. Generalmente, esa facultad cognitiva se entiende como algo que se puede abstraer de otras facultades del si mismo, como por ejemplo el “afecto” o el “comportamiento”. No obstante, la facultad de cognición no siempre se dio por segura. De hecho, Descartes, generalmente considerado como el “descubridor” de la cognición, no asumió que ésta estuviera separada del sí mismo. No obstante, su Discurso del método constituye un ejemplo em el que se debatió la abstracción de la cognición.

 Descartes asumió un sí mismo subjetivo trascendente; de hecho, asumió una naturaleza humana generalizada: “El buen sentido es el bien más uniformemente distribuído en todo el mundo… y es igual en todos los hombres”. Significativamente, Descartes fundamento su filosofia en la evidencia obtenida de sus sueños. En este sentido, confio en su sí mismo subjetivo (es decir, “soñador”) para que le proporcionara la base de la verdad; las premisas básicas de la verdad no exigían referente “objetivo” para su justificación.

 Cómo se llegó a comprender la cognición en términos abstractos, como constitutiva del sujeto educado? La contribución de Descartes consistió en la afirmación de que el proceso pensante es abstraíble del cuerpo. La abstracción cartesiana del proceso de pensamiento como el sí mismo se describe a menudo como un dualismo mente-cuerpo, pero esa descripción puede ser um tanto engañosa. Descartes no planteó um complemento de sustancias duales de mente y cuerpo, sino que más bien mantuvo que la persona (como cuerpo y alma) era completa y estaba determinada divinamente. Se repudiaron las sustancias “reales” en favor de “leyes” o “princípios”. Descartes dio estatus de “realidad” a un conjunto de princípios racionales. Después de todo, no se hizo famoso por decir: “Tengo uma mente, luego existo”.

La ruptura de Descartes con la tradición fue la afirmación de que el pensamiento se podia abtraer y perfeccionar (es decir, educar) como un proceso o método. De ahí que el sujeto cartesiano  a ser educado ya no se corresponda con un alma humana, sino más bien con un conjunto de princípios generalizables que se podían abstraer. Y es esa abstacción de princípios lo que aportó el fundamento crítico para el desarrollo de un “método científico”.

 La formulación de Descartes construyó además um sujeto educado de una clase completamente nueva, porque ese conjunto de principios abstractos se situo em el sí mismo. Es decir, ser educado ya no se referia a la atención y el cultivo de una naturaleza humana virtuosa, y tampoco al régimen ascético de piedad que separaba el alma del cuerpo, sino más bien a la identificación personal con principios racionales. Descartes no construyó racionalidad como un objeto de educación, sino que la construyó como constitutiva del sujeto educado: “Soy racionalidad y la racionalidad soy yo”. El sujeto educado asumió así uma identidad racional.

 

la educación

la educación

Las tecnologías del sujeto educado cambiaron desde las prácticas devotas que resaltaban la distinción entre el cuerpo y el alma, a prácticas metodológicas que resaltaban la distinción entre la verdad y la falsedad. A medida que el sujeto educado se identifico más y más com la racionalidad, fue perdiendo de vista las entidades previas de naturaleza, alma y cuerpo.

 Resultó que el método de Descartes fue un paso crucial para hacer al sujeto educado racionalizable y objetivable. Del mismo modo que la obra de Tomás de Aquino había tenido el efecto de formular un ámbito secular de conocimiento, gracias a su distinción sistemática de lo irracional respecto de lo racional. No obstante, las formas particularmente modernas em las que el sí mismo se haría racionalizable no se pudieron haber predicho a partir de la formulación inicial del cogito ergo sum.

El sujeto educado de um ethos ilustrado todavía no era racionalmente coherente. Ser educado significaba encontrar varias fuerzas (divinas, satânicas, naturales, lógicas y apetitosas), todas ellas construídas como entidades “reales” y soberanas. No se podía predecir qué clase de poder habría inmanente en ideaso emsarios extraños. El poder, pues, se podía adscribir a varias soberanias del universo que se hallaban en conflito. El sujeto educado de la época se identifico como “racional” gracias a que adoptó uma actitud de crítica.

Las tecnologías de la abstracción  y la racionalidad empezaron a formalizarse em los niveles tanto institucional como subjetivo. La escolarización formal comienza a princípios del siglo XVII. En ese período puede observarse una diferenciación progresiva entre la “educación” tutorial e individualizada, respecto de la “escolarización” que eu de clase o grupal. Al consierar el establecimiento de seminarios entre 1620 y 1692, la teología empezó a abrirse a la influencia de la lógica, la racionalidad y la stematización.

 El sujeto educado de la Ilustración empezó a ser construido de acuerdo con principios racionales. La racionalidad formó la base para a autoidentificación, las tecnologías metodológicas de la investigación y los regímenes institucionalizados. La escolarización grupal construyó la subjetividad como algo que tenia capacidades racionalizables compartidas por um grupo que, en consecuencia, podía ser clasificado. Para Descartes, sin embargo, el conocimiento seguía siendo accesible para sujetos educados individualmente y era producido por éstos. Y el conocimiento se podía generar, evaluar y validar mediante la experiencia subjetiva, incluídos los sueños.

 

la educación

la educación

El sujeto educado de principios del siglo XVII podía debatir honestamente entre racionalismo y empirismo. Descartes se esforzó por hallarle sentido a las complejas relaciones entre la lógica aristotélica, las verdades subjetivamente reveladas y los fenómenos empíricamente observables. El sujeto educado fue aquel cuya racionalidad subjetiva formo la base para la crítica. En este sentido y puesto que el método era todavia uma función subjetiva, el sujeto eras transcendente e incontrovertible.

 Las consecuencias epistemológicas que distinguen la metodologia de Descartes indican los cambios que terminaron por producirse em la constitución del sujeto: desde el sí mismo divinamente trascendente hasta el sí mismo de principios racionales. Finalmente, al sujeto educado se le terminó por entender como un conocedor subjetivo no mediatizado, como un individuo inmediatamente relacionado con la verdad, tanto si ésta se hallaba construída racional como experimentalmente.

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13
mar

El sujeto educado (tercera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, Período Medieval, Platón, sujeto

El concepto de “educado” se seculariza

 

El sujeto de la educación

El sujeto de la educación

En los tiempos griegos y romanos, la fuente del conocimiento era divina y, por tanto, mas 0 menos misteriosa. Lo que era «cierto» podia cambiar según los dictados de Dios 0 de los dioses. En la actualidad , sin embargo, se supone que una persona educada accede al conocimiento por medios científicos y racionalizables. Qué circunstancias justificarian la revolución en l0 que era posible saber? Cómo se produjo el desplazamiento de la fuente del conocimicnto desde el ámbito de l0 sagrado y misterioso al de l0 secular y mundano? Podemos explorar un caso de ruptura y paso desde el conocimiento sagrado al secular en los escritos de santo Tomas de Aquino (ca. 1225 -1274).

 Para Platón la mente/cuerpo/alma había sido inseparable e inevitablemente virtuosa; en tiempos medievales, sin embargo, los pensadores cristianos se vieron obligados a cumplir con el imperativo teológico de un alma que era divina y eternamente buena, y explicar no obstante la existencia del «pecado». Para conseguirlo, los pensadores cristianos terminaron por suponer que tenía que haber algo definitivamcnte humano, pero separable del alma. Ese algo, a l0 que se podía declarar como la fuente impía del pecado, se encontró en el cuerpo, en forma de conocimiento carnal. Al plantear una entidad física de «cuerpo» como diferenciable de la integridad anterior del «sí mismo», y al declarar que el cuerpo era pecaminoso, los pensadores cristianos medievales consiguieron mantener una doctrina coherente en la que Dios podia ser omnipotente y bueno, mientras que la persona podía ser pecadora, aún estando dotada de un alma divina. Así pues y según santo Tomas de Aquino, el sujeto medieval educado, practicaba l0 que podríamos con siderar como la nutrición devocional de un alma descarnada.

 Un alma cristiana difería de un alma platónica en dos formas destacadas: primero, el alma cristiana era divina, pero se hallaba sujeta a la Caída. La bondad y la virtud ya no eran naturales e inevitables; de hecho, la condición humana era ahora el hallarse en pecado. En segundo lugar, al alma Cristiana se la podía educar aparte del cuerpo. Los primcros sujetos cristianos educados se crearon gracias al empleo de tecnologías que daban como resultado entidades separadas, el alma y el cuerpo: devoción de la oración y obediencia para nutrir el espíritu, y abstinencia, sufrimiento, dolor y celibato para despreciar y debilitar la carne. Las tecnologías de la educación Cristiana construyeron posibilidades bifurcadas para la subjetividad mediante tecnologías que privilegiaban lo místico y degradaban l0 visible.

 Un sujeto «educado” del siglo XIII se hallaba inscrito en el nexo entre la ciencia y la teología. Por un lado, educado significaba sometido a la teologia catedralicia, a la devoción de la oración, al desprecio hacia las sensaciones físicas, al estudio de la gramática y la retórica platónicas, a la reconciliación de la profecia y la revelación, a la deducción de los principios de las sagradas escriruras, la lealtad hacia la autoridad y la fiel aceptación del designio sagrado.

 

Por otro lado, los contactos culturales con los filóosofos de Oriente médio facilitaron el desarrollo de tecnologías científicas no cristianas. Así pues, educado también implicaba ciencia basada en la universidad, incluída la deducción a partir de la observación empírica (es decir, la sensación física), experimentación y análisis mediante la lógica aristotélica, cuestionamento de los principios asumidos y comprobación de las hipótesis razonables.

 Parte del conocimiento científico era inconmensurable con la doctrina cristiana. Dependió por tanto de los sujetos educados el clarificar la «verdad», ya fuese mediante la reconciliación de contradicciones aparentes, 0 bien calificando el conocimiento irreconciliable como «herejía» y por tanto como falso .

Educación

Educación

 

Tomás de Aquino intentó sistemáticamente discriminar entre l0 sagrado y l0 secular. Empleó estratégias argumentativas racionales, al mismo tiempo que creía, en último término, en una «Primera causa» 0 «Hacedor inconmovible» situado más allá de la razón, como fundamentación de la verdad. Para un cristiano, ser educado significaba hallarse sometido a la revelación y practicar la piedad. Al mismo tiempo, los cristianos educados empezaron a comprender los mecanismos astronómicos y fisiológicos acerca de como funcionaba el mundo. La alegoria fue la tecnología discursiva que se utilizó para explicar la relacion entre l0 sagrado y l0 secular. Los sujetos educados generaban imaginativas y elaboradas alegorías en un esfuerzo por reconciliar los descubrimientos realizados en la astronomía y la medicina con los referentes de las sagradas escrituras. Además, el sujeto educado asumió um lugar en la alegoría del cielo y la tierra. Las tecnologías de la alegoría construyeron una subjetividad que fue simultaneamcnte sagrada y secular.

 Para los lectores contemporáneos, el régimen teológico-científico de la educación medieval puede parecer incoherente 0 contradictorio, pero tanto el régimen de la catedral como el de la universidad asumieron que «educado» signiflcaba ‘más similar a Dios. Dificilmente podemos considerar como ateos 0 incluso como agnósticos espirituales a los científicos medievales; de hecho, la ausencia de una dimensión teológica en el trabajo intelectual se habría considerado como algo impío y, por tanto, no educado. El «conflicto» entre teología y ciencia sól0 se produce cuando se asume que la subjetividad es racionalmente coherente, una postura que no se asumió generalmente hasta mucho más tarde. Tomas de Aquino pretendió distinguir el conocimiento susceptible a la razón del conocimiento que sólo podia ser revelado milagrosamente; una persona educada conocía bien la diferencia.

 En resumen, el sí mismo educado de los tiempos medievales se hallaba sometido a la providencia divina, la revelación mística, la lógica aristotélica, los fenómenos empíricos y los peligros de la carne. Tanto Tomas de Aquino, cuyas obras fueron canonizadas, como Guillermo de Ockham, cuyas obras fueron excomulgadas, ejemplifican las suposiciones características sobre el sujeto educado, en el que no se podía distinguir el conocimiento sagrado del conocimiento secular. El sujeto educado tendía a plantear cuestiones ontológicas en un intento por reconciliar la doctrina de la Iglesia con la observación empírica, como por ejemplo la paradigmática pregunta de cuántos ángeles podían bailar sobre la cabeza de un alfiler.

 

educación

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No fue hasta época posterior cuando el sí mismo subjetivo se convirtió en objeto del estudio científico, l0 que permitió interrogar a la epistemologia con cuestiones como: Cuáles son los mecanismos mediante los que um sujeto individual puede “saber”?». En este sentido, se puede caracterizar al sujeto medieval educado C0mo «trascendente» en la medida en que el si mismo piadoso, sensible y conocedor era sagrado y por tanto inexaminable; la subjetividad todavia no se habia diferenciado (0 mediatizado) sobre las bases de la percepción, la experiencia 0 el lenguaje individualizados.

 Los intentos cristianos medievales por separar l0 sagrado de l0 secular tuvieron un efecto irónico. El efecto no fue el que se perseguía: establecer un cánon ortodoxo y eliminar las nociones heréticas. Consistió más bien em crear dos ámbitos viables de conocimiento: el sagrado y el secular. El domínio del conocimiento con el que se identificaba al sujeto educado quedó así irremediablemente fracturado en esos dos ámbitos. A partir de entonces ya fue posible pensar en el sujeto educado como un ser con identidad secular.

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7
mar

El sujeto educado (segunda parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, Grécia, Platón, Protágoras, Sócrates, sujeto

Que es enseñable? Paideia y didáctica

 

educación

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En el discurso educativo actual se da generalmente por sentado que la enseñanza forma parte de la educacion. «Qué conocimiento merece la pena alcanzar?» Ese es quizá el más famoso marco para el debate sobre lo que se debería enseñar y se trata de un debate característico del discurso educativo actual. Las características del sujeto educado, sin embargo, surgen a través de un análisis de suposiciones sobre lo que se puede enseñar. Esas suposiciones sobre lo que se puede enseñar son hoy en día muy diferentes a lo que fueron hace tan solo un siglo.

 En esta sección examino el Protágoras de Platón para analizar algunas de las primeras formulaciones del debate acerca de l0 que se puede enseñar. La cuestión fundamental del diálogo es: «Se puede enseñar la virtud?». En el debate entre Sócrates y Protágoras encontramos algunas de las formulaciones iniciales del principio de la didáctica (es decir, la enseñabilidad de la virtud) versus la paideia (es decir, la acumulación natural de virtud).

 En Protágoras, el sujeto educado consistía en l0 que ahora nos pareceria como una amalgama de mente/cuerpo/alma (véase) por ejemplo). La sustancia que debia ser elaborada por la educación se hallaba relativamente indiferenciada según las normas actuales, un t6pico que ha contribuido a que comunmente se considere la educación griega como «humanista». Los historiadores y comentaristas han utilizado diversas traducciones del griego physis, incluídas las de “naturaleza”, “alma” y “espíritu”; está generalmente aceptado que el concepto de «naturaleza» sustituyó otros conceptos previos de «origen divino», gracias a los progresos logrados en el campo de la medicina. En cualquier caso, es posible interpretar la postura filosófica griega como aquella que permite una conmensurabilidad general dentro de uma «naturaleza» cuya bondad consiste en una mente/cuerpo/alma armoniosa.

 El sujeto educado de Platón tiene una naturaleza holística, y los critérios que dererminaban si el sujeto era educado o no también estaban relativamente indiferenciados. Es decir, los diálogos de Platón indican el fundamento de una conmensurabilidad natural y necesaria entre la «ley divina», la «ley natural» y la «razón). Al modo de tal concepción holística se le suele denominar «ley universal» 0 «principio universal», en el que todas las entidades y acontecimientos se pueden atribuir en último término a una sola Idea causal homogénea. En este sentido, la noción platónica de poder se puede describir como soberana, en la medida en que el poder se concebia como algo que tenia una forma claramente delineada e identificable. El poder soberano platónico se manifestaba en una Idea 0 norma con respecto a la cual se podía juzgar a todos los particulares.

 Para Platón, sin embargo, el poder soberano no era como el poder soberano de los tiempas medievales posteriores, en la medida en que el sujeto educado de Platón no se esforzaba por reconciliar la razón con Dios 0 por articular la relación entre Dios y la naturaleza humana. Para Platón, la tarea consistía más bien en cultivar la propia y verdadera naturaleza, necesariamente virtuasa, l0 que significaba estar en armonía con la razón, la divina providencia, la belleza y el placer.

 

educación

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Protágoras (dirigiéndose a los sofistas) y Sócrates estuvieron de acuerdo en que el régimen que construye al sujeto educado consistía en conocimiento y cuidado 0 atención del si mismo. Sofistas y socráticos desplegaron, sin embargo, tecnologías radicalmente diferentes para significar «cuidado y conocimiento». El régimen sofista propugnaba técnicas didácticas en las que un experto se encargaba de enseñar la virtud. El propio Protágoras era el modelo de maestro sofista cuyos argumentos, estructurados retóricamente, ofrecían el conocimiento capaz de impartir virtud. Para los sofistas, el conocimiento y el cuidado del sf mismo se podian enseñar (en el sentido didáctico) al sujeto educado.

En contraste con ello. el régimen socrático de paideia asumía que el conocimiento (y la virtud) formaban parte de la naturaleza de la persona. Esta suposición apoya la tecnología socrática del diálogo y la asunción de la «totalidad» indiferenciada de la naturaleza humana. Es decir, el sujeto educado cultivaba activamente la virtud socrática, pero ésta no se le enseñaba, en el sentido didáctico sofista. La tensión se establece entre la paideia por um lado, en la que la virtud se cultivaba cuando el sujeto educado intervenía en el diálogo, la ejecución musical 0 las hazañas atléticas, y la tecnología de la didáctica por el otro lado, en la que un «maestro» podía enseñar la virtud a un «alumno» .

 Las diferentes tecnologías de paideia y didáctica incluían suposiciones diferentes sobre la constitución del sujeto. Por un lado, paideia incluye la suposición de una naturaleza holística y completa; no hay necesidad de intervenir en el crecimienro «natural» de la persona hacia la virtud. Del mismo modo, la posibilidad de ser educado venía determinada por el nacimiento y no se hallaba al alcance de la mayoría de la gente. Por’ el otro lado, la didáctica incluye la suposición de una naturaleza incompleta 0 imperfecta que exige la intervención de un maestro para cultivar la virtud. Simultáneamente, la tecnología de la didáctica incluye la suposición de que la posibilidad de ser «educado» no venía determinada por derecho de nacimiento.

 En la Grecia cláasica, la íntima tradición familiar de la educación como paideia se vió sustituída gradualmente por las tecnologías más púb icas de la didáctica. Incluso Platón en sus últimos escritos, como La Repciblica y Leyes, construyó al sujeto educado menos en términos de paideia y más en términos de didáctica. N0 obstante, los términos del debate entre Sócrates y Protágoras son útiles para comprender que la didáctica (0 enseñabilidad) no siempre habia de darse por sentada como constituyente del sujeto educado.

El sujeto educado del discurso de Platón es virtualmente irreconocible según las normas actuales. En la década de 1990 no sól0 se asume que el sujeto educado es «enseñable», sino que tiene características individuales como «estilo de aprendizaje» y «fase de desarrollo», que cspecifican la naturaleza de la enseñabilidad. Esta forma de pensar habría sido totalmente extraña tanto para Sócrates como para Protágoras.

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7
mar

El sujeto educado (primera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, Foucault, genealogia

 

 

 

El sujeto educado

El sujeto educado

Una genealogia del sujeto educado

 

 

 

Uno de los objetivos típicos de la genealogía es el de problematizar las suposiciones comunes. Uno de los objetivos típicos del discurso educativo crítico es el de interrumpir las relaciones de poder existentes. Las genealogias de Foucault no dan por sentado al sujeto, sino que mas bien analizan la constitución de la subjetividad como un efecto de las relaciones de poder. En consecuencia, la genealogia de Foucault es un enfoque fructífero para criticar los efectos del poder en los significados corrientes que tiene actualmente el término «educado».

 En un primer momento pretendo examinar las construcciones sociales de «educado» a trayés de la historia. Intento comprender que clase de relaciones y técnicas podrían explicar los valores normalizados en los diversos significados de «educado». En otras palabras, lo que actualmente se supone que es «educado» incluye valores concretos, al definir lo que es normal y lo que no lo es. En consecuencia, puede decirse de esos valores que contienen poder; los valores normativos son pruebas que nos aportan claves para comprender como se ha ejercido el poder.

 

el sujeto de la educación

el sujeto de la educación

Esta genealogia examina seis suposiciones que ejemplifican la construcción del sujeto «educado» del presente. La primera suposición que caracteriza el discurso educativo actual es la enseñabilidad 0 capacidad para ser enseñado. La segunda es que el conocimiento que constituye al sujeto educado es científico, en el sentido mundano 0 secular. La tercera suposición en el discurso actual es que existe un procedimiento generalizable para llegar a ser «educado». Esta suposición forma la base de afirmaciones sobre los «estilos de aprendizaje» y las «discapacidades de aprendizaje». La cuarta suposición es que el sujeto educado tiene capacidad para reflexionar objetivamente. En una genealogía foucaultiana, a este medio cognoscible de autocontrol se le llama «tecnologías del sí mismo». La quinta suposición es que el sujeto educado se ha individualizado y ha sido identificado según referentes demográficos. Esta suposición es evidente en las formas corrientes de etiquetar a los individuos como «mujer», «inteligente», «discapacitado para aprender», «de riesgo», «de desarrollo normal», etcetera. Finalmente, y esta es una evolución relativamente nueva, el sujeto educado es aquel que se complace en educarse y que desea ser autodisciplinado.

Esta genealogía intenta examinar algunas formulaciones iniciales de estas características, que ahora son suposiciones, acerca del sujeto educado. Es decir, características del sujeto educado que ahora se dan por sentadas, se consideraron como controvertidas en una u otra época. Por ejempl0, hoy suele asumirse que «educado» es un efecto del conocimiento que se puede enseñar y no un efecto de la gracia divina 0 de la evolución natural. Esta tradición didáctica ya fue debatida por Platón, pero en la actualidad suele aceptarse como un hecho. Exploro, para cada una de las seis suposiciones, un caso histórico en el que se debatió una característica, sin asumirla, con el propósito de sugerir alternativas para las suposiciones actuales y «hacer extraño l0 que nos resulta “familiar».

A lo largo de la genealogía surgen otras imagenes radicalmente distintas de l0 que significa ser «educado» y confío en que, al analizarlas, se problematice l0 que ha significado ser «educado» a l0 largo del tiempo. Al hacerlo así, será posible sopesar mejor unas pocas de las suposiciones que vinculan y limitan nuestras definiciones actuales de «educado». En este sentido, mi proyecto es político al suponer que los significados de «educado» fueron establecidos por el poder y se hallan sometidos a éste, en lo que se denomina un sujeto «socialmente construído», «regulado» 0 «normalizado».

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1
mar

Michel Foucault

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Foucault, genealogia

Michel Foucault

Michel Foucault

A obra de Michel Foucault – por sua originalidade, suas hipóteses ousadas, seu caráter contestador de valores e práticas estabelecidas e sua análise inovadora – teve grande importância nos anos 70 e 80, influenciando muitas vertentes, inclusive no Brasil, a partir da metodologia que propôs, a arqueologia e a genealogia. Conforme ele próprio afirma, as influencias que 0 marcaram inicialmente foram Freud, Marx e Nietzsche, sobretudo a leitura feita por Heidegger de Nietzsche.

Michel Foucault

Michel Foucault

 Em sua História da loucura (1961), Foucault realiza uma “análise arqueológica” da constituição em nossa tradição do conceito de loucura e da forma de tratá-la. A arqueologia como método de análise do discurso de um determinado saber ou ciência consiste em uma tentativa de tornar explícitos os elementos implícitos e subjacentes a este saber e ao conjunto de práticas que estabelece. Em Nascimento da clínica (1963), realiza uma arqueologia do saber médico e de sua formação na modernidade; em As palavras e as coisas (1966), uma arqueologia das ciências humanas, i.e., da concepção de natureza humana e de subjetividade que pressupõem. Sua Arqueologia do saber (1969), obra de caráter mais metodológico, discute a arqueologia como método de análise crítica do discurso. Crítica não no sentido de partir de um ideal de verdade e de conhecimento, mas enquanto método capaz de explicitar os elementos implícitos em um saber e de examinar seus efeitos e conseqüêcias, implicações e aplicações práticas.

 

M. Foucault

M. Foucault

Em Vigiar e punir (1976), Foucault introduz a noção de genealogia, que retoma e desenvolve na Microfísica do poder (1981) e na História da sexualidade (1976). Sua inspiração encontra-se na genealogia da moral de Nietzsche, em que este analisa a gênese ou origem dos valores morais em nossa tradição cultural de modo a desmistificá-los. A genealogia consiste assim em uma análise histórica da formaçãao de determinados discursos que constituem um saber, ou saberes, relacionando-os com formas de exercício do poder em um contexto social e cultural específico. Não se trata tanto do poder institucional, de uma análise política do Estado, por exemplo, mas sobretudo de como 0 poder se exerce de forma difusa através de certas práticas em uma cultura e em um momento histórico determinados.

Foucault

Foucault

 Foucault é, portanto, um crítico da tradição moderna, na medida em que questiona seus pressupostos epistemológicos e problematiza a concepção de filosofia como tendo por tarefa a fundamentação do conhecimento, da ética e da política. Suas análises procuraram revelar relações a então inexploradas, por exemplo, entre saberes como a medicina, sobretudo a psiquiatria, políticas sociais como o encarceramento, e concepções de subjetividade e natureza humana que se constituem ao longo da tradição moderna. Seu método de análise se pretende crítico em um sentido diverso do que encontramos na filosofia crítica de Kant à Escola de Frankfurt, já que visa explicitar 0 implícito e mostrar relações entre os saberes e as formas de exercer o poder em nossa cultura até então não detectadas. Seu trabalho se define, portanto, mais como história das idéias ou da cultura, como ele mesmo admite, do que como vinculado à filosofia em seu sentido estrito ou tradicional, uma vez que envolve um conhecimento profundo de história, uma análise documental, e uma pesquisa de campo, que normalmente não pertencem à metodologia filofica. Entretanto, esse tipo de análise se caracteriza exatamente por sua natureza interdisciplinar e por romper com as fronteiras tradicionais das disciplinas e áreas do saber.

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27
fev

ARISTÓTELES

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Aristóteles, eudaimonia, virtude

 

Aristóteles

Aristóteles

 

O defensor da instrução para a virtude

De todos os grandes pensadores da Grécia antiga, Aristóteles (384-322 a.C.) foi o que mais influenciou a civilização ocidental. Até hoje o modo de pensar e produzir conhecimento deve muito ao filósofo. Foi ele o fundador da ciência que ficaria conhecida como lógica e suas conclusões nessa área não tiveram contestação alguma até o século XVII. Sua importância no campo da educação também é grande, mas de modo indireto. Poucos de seus textos específicos sobre o assunto chegaram até nossos dias. A contribuição de Aristóteles para o ensino está principalmente em escritos sobre outros temas.

As principais obras de onde se podem tirar informações pedagógicas são as que tratam de política e ética. Em ambos os casos o objetivo final é obter a virtude.  Em suas reflexões sobre ética, Aristóteles afirma que o propósito da vida humana é a obtenção do que ele chama de vida boa. Isso significava ao mesmo tempo vida ‘do bem’ e vida harmoniosa. Ou seja, para Aristóteles, ser feliz e ser útil à comunidade eram dois objetivos sobrepostos, e ambos estavam presentes na atividade pública. O melhor governo, dizia ele, seria “aquele em que cada um melhor encontra o que necessita para ser feliz”.

Aristóteles

Aristóteles

 Cultivo da perfeição

 “A educação, para Aristóteles, é um caminho para a vida pública”. Cabe à educação a formação do caráter do aluno. Perseguir a virtude significaria, em todas as atitudes, buscar o “justo meio”. A prudência e a sensatez se encontrariam no meio-termo, ou medida justa – “o que não é demais nem muito pouco”, afirma Aristóteles.

Um dos fundamentos do pensamento aristotélico é que todas as coisas têm uma finalidade. É isso que, segundo o filósofo, leva todos os seres vivos a se desenvolver de um estado de imperfeição (semente ou embrião) a outro de perfeição (correspondente ao estágio de maturidade e reprodução). Nem todos os seres conseguem ou têm oportunidade de cumprir o ciclo em sua plenitude, porém. Por ter potencialidades múltiplas, o ser humano só será feliz e dará sua melhor contribuição ao mundo se desfrutar das condições necessárias para desenvolver o talento. A organização social e política, em geral, e a educação, em particular, têm a responsabilidade de fornecer essas condições.

 Ninguém nasce virtuoso

 A virtude, para Aristóteles, é uma prática e não um dado da natureza de cada um, tampouco o mero conhecimento do que é virtuoso, como para Platão (427-347 a.C.). Para ser praticada constantemente, a virtude precisa se tornar um hábito. Embora não se conheça nenhum estudo de Aristóteles sobre o assunto, é possível concluir que o hábito da virtude deve ser adquirido na escola.

Grande parte da obra que originou o legado aristotélico se desenvolveu em oposição à filosofia de Platão, seu mestre e fundador da Academia ateniense, que Aristóteles freqüentou durante duas décadas. Posteriormente ele fundaria uma escola própria, o Liceu. Uma das duas grandes inovações do filósofo em relação ao antecessor foi negar a existência de um mundo supra-real, onde residiriam as idéias. Para Aristóteles, ao contrário, o mundo que percebemos é suficiente, e nele a perfeição está ao alcance de todos os homens. A oposição entre os dois filósofos gregos – ou entre a supremacia das idéias (idealismo) ou das coisas (realismo) – marcaria para sempre o pensamento ocidental.

 

A verdade científica

 A segunda inovação de Aristóteles foi no campo da lógica. De acordo com o filósofo, determinar uma verdade comum a todos os componentes de um grupo de coisas é a condição para conceber um sistema teórico. Para a construção de tal conhecimento, Aristóteles não se satisfez com a dialética de Platão, segundo a qual o caminho para chegar à verdade era a depuração dos argumentos e pontos de vista por intermédio do diálogo.

Aristóteles quis criar um método mais seguro e desenvolveu o sistema que ficou conhecido como silogismo. Ele consiste de três proposições – duas premissas e uma conclusão, que para ser validada, decorre das duas anteriores necessariamente, sem que haja outra opção. Exemplo clássico de silogismo é o seguinte. Todos os homens são mortais. Sócrates é um homem. Portanto, Sócrates é mortal. Isso não basta porém, para que a lógica se torne ciência. Um silogismo precisa partir de verdades, como as contidas nas duas proposições iniciais. Elas não se sujeitam a um raciocínio que as demonstre. Demonstram-se a si mesmas na realidade e são chamadas de axiomas. A observação empírica – isto é, a experiência real – ganha, assim, papel central na concepção de ciência de Aristóteles, em contraste com o pensamento de Platão.

 

Aristóteles

Aristóteles

Imitação, o princípio do arendizado

 Aristóteles não era, como Platão, um crítico da sociedade e da democracia de Atenas. Ao contrário, considera a família como se constituía na época o núcleo inicial da organização das cidades e a primeira instância da educação das crianças. Atribuía, no entanto, aos governantes e aos legisladores o dever de regular e vigiar o funcionamento das famílias para garantir que as crianças crescessem com saúde e obrigações o princípio do aprendizado seria a imitação. Segundo ele, os bons hábitos se formavam nas crianças pelo exemplo dos adultos. Quanto ao conteúdo dos estudos, Aristóteles via com desconfiança o saber “útil”, uma vez que cabia aos escravos exercer a maioria dos ofícios, considerados indignos dos homens livres.

 Biografia

 Aristóteles nasceu em 384 a.C. em Estagira, na Macedônia (então sob influência grega e onde o grego era a língua predominante), filho de um médico. Aos 17 anos foi enviado à Academia de Platão, em Atenas onde estudou e produziu filosofia durante 20 anos – parte de sua obra no período tem o objetivo de atacar a escola rival, de Isócrates, segundo a qual a finalidade do ensino era levar os alunos a dominar a retórica para serem capazes de defender qualquer ponto de vista, dependendo do interesse. Na Academia, a finalidade da educação era alcançar a sabedoria. Com a morte de Platão em 347 a.C., Aristóteles mudou-se para Assos, na atual Turquia, possivelmente decepcionado por não ter sido escolhido para substituir o mestre na direção da Academia. Em 343 a.C., foi chamado por Felipe II, da Macedônia, para educar seu filho, Alexandre, e permaneceu na função durante vários anos, até que o pupilo começou a conquistar um vasto império (que incluía a Grécia, anexada por seu pai). De volta a Atenas, Aristóteles fundou a própria escola, o Liceu, desenvolvendo uma obra marcadamente antiplatônica. Depois da morte de Alexandre, Aristóteles passou a ser perseguido por ter colaborado na educação do imperador macedônio. Refugiou-se em Calcis, onde morreu em 322 a.C.

Aristóteles

Aristóteles

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27
fev

PLATÃO

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Platão, diálogo, ensino

 

Platão

Platão

O primeiro pedadogo

Na história das idéias, o grego Platão (427-347 a.C.) foi o primeiro pedagogo, não só por ter concebido um sistema educacional para o seu tempo mas, principalmente, por tê-lo integrado a uma dimensão ética e política. O objetivo final da educação para o filósofo, era a formação do homem moral, vivendo em um Estado justo.

Platão foi o segundo da tríade dos grandes filósofos clássicos, sucedendo Sócrates (469-399 a.C.) e precedendo Aristóteles (384-322 a.C.), seu discípulo. Como Sócrates, Platão rejeitava a educação que se praticava na Grécia em sua época e que estava a cargo dos sofistas, incumbidos de transmitir conhecimentos técnicos – sobretudo a oratória – aos jovens da elite, para torná-los aptos a ocupar as funções públicas. “Os sofistas afirmavam que podiam defender igualmente teses contrárias dependendo dos interesses em jogo”. “Platão, ao contrário, pensava em termos de uma busca continuada da virtude, da justiça e da verdade”.

Para Platão, “toda virtude é conhecimento”. Ao homem virtuoso, segundo ele, é dado conhecer o bem e o belo. A busca da virtude deve prosseguir pela vida inteira – portanto, a educação não pode se restringir aos anos de juventude. Educar é tão importante para uma ordem política baseada na justiça – como Platão preconizava – que deveria ser tarefa de toda a sociedade.

 

O ideal da escola pública

Escola de Platão

Escola de Platão

Baseado na idéia de que os cidadãos que têm o espírito cultivado fortalecem o Estado e que os melhores entre eles serão os governantes, o filósofo defendia que toda educação era de responsabilidade estatal – um princípio que só se difundiria em Ocidente muitos séculos depois. Igualmente avançada, quase visionária, era a defesa da mesma instrução para meninos e meninas e do acesso universal ao ensino.

Contudo, Platão era um opositor da democracia – há estudiosos que o consideram um dos primeiros idealizadores do totalitarismo. O filósofo via no sistema democrático que vigorava na Atenas de seu tempo uma estrutura que concedia poder a pessoas despreparadas para governar. Quando Sócrates, que considerava “o mais sábio e o mais justo dos homens”, foi condenado à morte sob acusação de corromper a juventude, Platão convenceu-se, de uma vez por todas, de que a democracia precisava ser substituída.

Para ele, o poder deveria ser exercido por uma espécie de aristocracia, mas não constituída pelos mais ricos ou por uma nobreza hereditária. Os governantes tinham de ser definidos pela sabedoria. Os reis deveriam ser filósofos e vice-versa. “Como pode uma sociedade ser salva, ou ser forte, se não tiver à frente seus homens mais sábios?”, escreveu Platão.

 Estudo permanente

 

Estudo permanente

Estudo permanente

 

A educação, segundo a concepção platônica, visava a testar as aptidões dos alunos para que apenas os mais inclinados ao conhecimento recebessem a formação completa para ser governantes. Essa era a finalidade do sistema educacional planejado pelo filósofo, que pregava a renuncia do indivíduo em favor da comunidade. O processo deveria ser longo, porque Platão acreditava que o talento e o gênio só se revelam aos poucos.

A formação dos cidadãos começaria antes mesmo do nascimento, pelo planejamento eugênico da procriação. As crianças deveriam ser tiradas dos pais e enviadas para o campo, uma vez que Platão considerava corruptora a influência dos mais velhos. Até os 10 anos, a educação seria predominantemente física e constituída de brincadeiras e esporte. A idéia era criar uma reserva de saúde para toda a vida. Em seguida, começaria a etapa da educação musical (abrangendo música e poesia), para se aprender harmonia e ritmo, saberes que criariam uma propensão à justiça, e para dar forma sincopada e atrativa a conteúdos de Matemática, História e Ciência. Depois dos 16 anos, à música se somariam os exercícios físicos, com o objetivo de equilibrar força muscular e aprimoramento do espírito.

Aos 20 anos, os jovens seriam submetidos a um teste para saber que carreira deveriam abraçar. Os aprovados receberiam, então, mais dez anos de instrução e treinamento para o corpo, a mente e o caráter. No teste que se seguiria, os reprovados se encaminhariam para a carreira militar e os aprovados para a filosofia – neste caso, os objetivos dos estudos seriam pensar com clareza e governar com sabedoria. Aos 35 anos, terminaria a preparação dos reis-filósofos. Mas ainda estariam previstos mais 15 de vida em sociedade, testando os conhecimentos entre os homens comuns e trabalhando para se sustentar. Somente os que fossem bem-sucedidos se tornariam governantes ou “guardiães do Estado”.

 O aprendizado como reminiscência

reminiscência

reminiscência

 Platão defendia a idéia de que a alma precede o corpo e que, antes de encarnar, tem acesso ao conhecimento. Dessa forma, todo aprendizado não passaria de um esforço de reminiscência – um dos princípios centrais do pensamento do filósofo. Com base nessa teoria, que não encontra eco na ciência contemporânea, Platão defendia uma idéia que, paradoxalmente, sustenta grande parte da pedagogia atual: não é possível ou desejável transmitir conhecimentos aos alunos, mas, antes, levá-los a procurar respostas, eles mesmos, a suas inquietações. Por isso, o filósofo rejeitava métodos de ensino autoritários. Ele acreditava que se deveria deixar os estudantes, sobretudo as crianças, à vontade para que pudessem se desenvolver livremente. Nesse ponto, a pedagogia de Platão se aproxima de sua filosofia, em que a busca da verdade é mais importante do que dogmas incontestáveis. O processo dialético platônico – pelo qual ao longo do debate de idéias, depuram-se o pensamento e os dilemas morais – também se relaciona com a procura de respostas durante o aprendizado. “Platão é do mais alto interesse para todos que compreendem a educação como uma exigência de cada um, professor ou aluno, pense sobre o próprio pensar”.

 Biografia

Platão

Platão

Platão nasceu por volta de 427 a.C. em uma família aristocrática de Atenas. Quando tinha cerca de 20 anos, aproximou-se de Sócrates, por quem tinha grande admiração. Como a maioria dos jovens de sua classe quis entrar na política. Contudo, a oligarquia e a democracia lhe desagradaram. Com a condenação de Sócrates à morte, Platão decidiu se afastar de Atenas e saiu em viagem pelo mundo. Numa de suas últimas paradas, esteve na Sicília, onde fez amizade com Dion, cunhado do rei de Siracusa, Dionísio I. De volta a Atenas, com cerca de 40 anos, Platão fundou a Academia, um instituto de educação e pesquisa filosófica e científica que rapidamente ganhou prestígio. Três décadas depois, ele foi convidado por Dion a viajar a Siracusa para educar seu sobrinho Dionísio II, que se tornara imperador. A missão foi frustrada por intrigas políticas que terminaram num golpe dado por Dion. Platão morreu por volta de 347 a.C. Já era um homem admirado em toda Atenas.

 

Um império em decadência

Platão nasceu meses depois da morte de Péricles, o estadista mais identificado com a democracia de Atenas, e morreu dez anos antes da conquista do mundo grego por Felipe de Macedônia. Sua vida coincide em grande parte com a decadência do império ateniense. Platão construiu uma obra voltada para épocas anteriores. Foi por meio de seus escritos em forma de diálogos que as idéias de Sócrates puderam ser sistematizadas e divulgadas, já que ele não havia deixado nenhum texto escrito. Nos diálogos, usualmente, Sócrates e um pensador sofista debate um assunto até uma conclusão. Uma vez que Platão não se coloca como personagem, restou a seus intérpretes póstumos distinguir as idéias de Sócrates das do próprio Platão. A obra platônica foi sistematizada no início da era cristã. Os títulos mais célebres são O Banquete e A República. O cristianismo na Idade Média se apropriou do pensamento platônico por se identificar, entre outras, com a idéia de que em todas as coisas há uma essência, que se encontra num plano supra-real.

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27
fev

SÓCRATES

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in diálogo, ensino, moral, sofista, virtude

 

 

Sócrates

Sócrates

 

O mestre em busca da verdade

Bigrafia

Sócrates nasceu em Atenas por volta de 469 a.C. Adquiriu a cultura tradicional dos jovens atenienses, aprendendo música, ginástica e gramática. Lutou nas guerras contra Esparta (432 a.C.) e Tebas (424 a.C.) Durante o apogeu de Atenas, onde se instalou a primeira democracia da história, conviveu com intelectuais, artistas, aristocratas e políticos. Convenceu-se de sua missão de mestre por volta dos 38 anos, depois que seu amigo Querofonte, em visita ao templo de Apolo, em Delfos, ouviu do oráculo que Sócrates era “o mais sábio dos homens”.

Deduzindo que sua sabedoria só podia ser resultado da percepção da própria ignorância, passou a dialogar com as pessoas que se dispusessem a procurar a verdade e o bem. Em meio ao desmoronamento do império ateniense e à guerra civil interna, quando já era septuagenário, Sócrates foi acusado de desrespeitar os deuses do Estado e de corromper os jovens. Julgado e condenado à morte por envenenamento, ele se recusou a fugir ou a renegar suas convicções para salvar a vida. Ingeriu cicuta e morreu rodeado por seus amigos, em 399 a.C.

Sócrates marca uma reviravolta na historia humana. Até então, a filosofia procurava explicar o mundo baseada na observação das forças da natureza. Com Sócrates, o ser humano voltou-se para si mesmo. Como diria mais tarde o pensador romano Cícero, coube ao grego “trazer a filosofia do céu para a terra” e concentrá-la no homem e em sua alma (em grego, a psique). A preocupação de Sócrates era levar as pessoas, por meio do autoconhecimento, à sabedoria e à prática do bem.

Nessa empreitada de colocar a filosofia a serviço da formação do ser humano, Sócrates não estava sozinho. Pensadores sofistas, os educadores profissionais da época, igualmente se voltavam para o homem, mas com um objetivo mais imediato: formar as elites dirigentes. Isso significava transmitir aos jovens não o valor e o mérito da investigação, mas um saber enciclopédico, além de desenvolver sua eloqüência, que era a principal habilidade esperada de um político.

Sócrates concebia o homem como um composto de dois princípios, alma (ou espírito) e corpo. De seu pensamento surgiram duas vertentes da filosofia que, em linhas gerais, podem ser consideradas como as grandes tendências do pensamento ocidental. Uma é a idealista, que partiu de Platão (427-347 a.C.), seguidor de Sócrates. Ao distinguir o mundo concreto do mundo das idéias, deu a estas o status de realidade; e a outra é a realista, partindo de Aristóteles (384-322 a.C.), discípulo de Platão que submeteu as idéias, às quais se chega pelo espírito, ao mundo real.

 Ensino pelo diálogo

Sócrates

Sócrates

 Nas palavras atribuídas a Sócrates por Platão na obra Apologia de Sócrates, o filósofo ateniense considerava sua missão “andar por aí (nas ruas, praças e ginásios, que eram as escolas atenienses de atletismo), persuadindo jovens e velhos a não se preocuparem tanto nem em primeiro lugar, com o corpo ou com a fortuna, mas antes com a perfeição da alma”.

Defensor do diálogo como método de educação, Sócrates considerava muito importante o contato direto com os interlocutores – o que é uma das possíveis razões para o fato de não ter deixado nenhum texto escrito. Suas idéias forma recolhidas principalmente por Platão, que as sistematizou, e por outros filósofos que convieram com ele. Sócrates se fazia acompanhar freqüentemente por jovens, alguns pertencentes às mais ilustres e ricas famílias de Atenas. Para Sócrates, ninguém adquire a capacidade de conduzir-se, e muito menos de conduzir os demais, se não possuir a capacidade de autodomínio. Depois dele, a noção de controle pessoal se transformou em um tema central da ética e da filosofia moral. Também se formou aí o conceito de liberdade interior: livre é o homem que não se deixa escravizar pelos próprios apetites e segue os princípios que, por intermédio  da educação, afloram de seu interior.

Opondo-se ao relativismo de muitos sofistas, para os quais a verdade e a prática da virtude dependiam de circunstâncias, Sócrates valorizava acima de tudo a verdade e as virtudes – fossem elas individuais, como a coragem e a temperança, ou sociais, como a cooperação e a amizade. O pensador afirmava, no entanto, que só o conhecimento (ou seja, o saber, e não simples informações isoladas) conduz à prática da virtude em si mesma, que tem caráter uno e indivisível.

Segundo Sócrates, só age erradamente quem desconhece a verdade e, por extensão, o bem. A busca do saber é o caminho para a perfeição humana, dizia,introduzindo na história do pensamento a discussão sobre a finalidade da vida.

 O despertar do espírito

Sócrates

Sócrates

O papel do educador é, então o de ajudar o discípulo a caminhar nesse sentido, despertando sua cooperação para que ele consiga por si próprio “iluminar” sua inteligência e sua consciência.

Assim, o verdadeiro mestre não é um provedor de conhecimentos, mas alguém que desperta os espíritos. Ele deve, segundo Sócrates, admitir a reciprocidade ao exercer sua função iluminadora, permitindo que os alunos contestem seus argumentos da mesma forma que contesta os argumentos dos alunos. Para o filósofo, só a troca de idéias dá liberdade ao pensamento e a sua expressão – condições imprescindíveis para o aperfeiçoamento do ser humano.

 O nascimento das idéias, segundo o filósofo

Sócrates comparava sua função com a profissão de sua mãe, parteira – que não dá à luz a criança, apenas auxilia a parturiente. O diálogo socrático tinha dois momentos, o primeiro corresponderia às “dores do parto”, momento em que o filósofo, partindo da premissa de que nada sabia, levava o interlocutor a apresentar suas opiniões. Em seguida, fazia-o perceber as próprias contradições ou ignorância para que procedesse a uma depuração intelectual. Mas só a depuração não levava à verdade – chegar a ela constituía a segunda parte do processo. Aí, ocorria o “parto das idéias” (expresso pela palavra maiêutica), momento de reconstrução do conceito, em que o próprio interlocutor ia “polindo” as noções até chegar ao conceito verdadeiro por aproximações.

 A capital da democracia e do saber

Sócrates

Sócrates

Sob o governo de Péricles (499-429 a.), a cidade-estado de Atenas, vitoriosa na guerra contra os persas e enriquecida pelo comércio marítimo, tornou-se o centro cultural do mundo grego, para o qual convergiam os talentos de toda parte. Fídias, o arquiteto e escultor que dirigiu as obras do Patenon, o maior templo da Acrópole, os dramaturgos Sófocles, Esquilo, Eurípedes e Aristófanes e o orador Demóstenes são nomes dessa época. O regime democrático ateniense – restrito aos cidadãos livres, deixando de fora estrangeiros e escravos – foi fortalecido por reformas que limitaram os poderes da burguesia rica e ampliaram os da assembléia e o júri popular.

A educação artística do povo foi estimulada pela exibição de obras de arte em locais públicos e pelas representações teatrais.

 Para pensar

Ao eleger o diálogo como método de investigação,Sócrates foi o primeiro filósofo a se preocupar não só com a verdade mas com o modo como se pode chegar a ela. Eis por que ele é considerado por muitos o modelo clássico de professor. Quando você prepara suas aulas, costuma levar em conta a necessidade de ajudar seus alunos a desenvolver procedimentos para que possam pensar por si mesmos?

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27
fev

El sujeto educado (primera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Foucault, Paideia, genealogia, história, sujeto educado

Una genealogia del sujeto educado

el sujeto educado

el sujeto educado

 Uno de los objetivos típicos de la genealogía es el de problematizar las suposiciones comunes. Uno de los objetivos típicos del discurso educativo crítico es el de interrumpir las relaciones de poder existentes. Las genealogias de Foucault no dan por sentado al sujeto, sino que mas bien analizan la constitución de la subjetividad como un efecto de las relaciones de poder. En consecuencia, la genealogia de Foucault es un enfoque fructífero para criticar los efectos del poder en los significados corrientes que tiene actualmente el término «educado».

En un primer momento pretendo examinar las construcciones sociales de «educado» a través de la historia. Intento comprender que clase de relaciones y técnicas podrían explicar los valores normalizados en los diversos significados de «educado». En otras palabras, lo que actualmente se supone que es «educado» incluye valores concretos, al definir lo que es normal y lo que no lo es. En consecuencia, puede decirse de esos valores que contienen poder; los valores normativos son pruebas que nos aportan claves para comprender como se ha ejercido el poder.

Esta genealogia examina seis suposiciones que ejemplifican la construcción del sujeto «educado» del presente. La primera suposición que caracteriza el discurso educativo actual es la enseñabilidad 0 capacidad para ser enseñado. La segunda es que el conocimiento que constituye al sujeto educado es científico, en el sentido mundano 0 secular. La tercera suposición en el discurso actual es que existe un procedimiento generalizable para llegar a ser «educado». Esta suposición forma la base de afirmaciones sobre los «estilos de aprendizaje» y las «discapacidades de aprendizaje». La cuarta suposición es que el sujeto educado tiene capacidad para reflexionar objetivamente. En una genealogía foucaultiana, a este medio cognoscible de autocontrol se le llama «tecnologías del sí mismo». La quinta suposición es que el sujeto educado se ha individualizado y ha sido identificado según referentes demográficos. Esta suposición es evidente en las formas corrientes de etiquetar a los individuos como «mujer», «inteligente», «discapacitado para aprender», «de riesgo», «de desarrollo normal», etcetera. Finalmente, y esta es una evolución relativamente nueva, el sujeto educado es aquel que se complace en educarse y que desea ser autodisciplinado.

 

el sujeto educado

el sujeto educado

Esta genealogía intenta examinar algunas formulaciones iniciales de estas características, que ahora son suposiciones, acerca del sujeto educado. Es decir, características del sujeto educado que ahora se dan por sentadas, se consideraron como controvertidas en una u otra época. Por ejempl0, hoy suele asumirse que «educado» es un efecto del conocimiento que se puede enseñar y no un efecto de la gracia divina 0 de la evolución natural. Esta tradición didáctica ya fue debatida por Platón, pero en la actualidad suele aceptarse como un hecho. Exploro, para cada una de las seis suposiciones, un caso histórico en el que se debatió una característica, sin asumirla, con el propósito de sugerir alternativas para las suposiciones actuales y «hacer extraño l0 que nos resulta “familiar».

 A lo largo de la genealogía surgen otras imagenes radicalmente distintas de l0 que significa ser «educado» y confío en que, al analizarlas, se problematice l0 que ha significado ser «educado» a l0 largo del tiempo. Al hacerlo así, será posible sopesar mejor unas pocas de las suposiciones que vinculan y limitan nuestras definiciones actuales de «educado». En este sentido, mi proyecto es político al suponer que los significados de «educado» fueron establecidos por el poder y se hallan sometidos a éste, en lo que se denomina un sujeto «socialmente construído», «regulado» 0 «normalizado».

 

 Que es enseñable? Paideia y didáctica

 

educación

educación

En el discurso educativo actual se da generalmente por sentado que la enseñanza forma parte de la educacion. «Qué conocimiento merece la pena alcanzar?» Ese es quizá el más famoso marco para el debate sobre lo que se debería enseñar y se trata de un debate característico del discurso educativo actual. Las características del sujeto educado, sin embargo, surgen a través de un análisis de suposiciones sobre lo que se puede enseñar. Esas suposiciones sobre lo que se puede enseñar son hoy en día muy diferentes a lo que fueron hace tan solo un siglo.

 En esta sección examino el Protágoras de Platón para analizar algunas de las primeras formulaciones del debate acerca de l0 que se puede enseñar. La cuestión fundamental del diálogo es: «Se puede enseñar la virtud?». En el debate entre Sócrates y Protágoras encontramos algunas de las formulaciones iniciales del principio de la didáctica (es decir, la enseñabilidad de la virtud) versus la paideia (es decir, la acumulación natural de virtud).

 En Protágoras, el sujeto educado consistía en l0 que ahora nos pareceria como una amalgama de mente/cuerpo/alma (véase) por ejemplo). La sustancia que debia ser elaborada por la educación se hallaba relativamente indiferenciada según las normas actuales, un t6pico que ha contribuido a que comunmente se considere la educación griega como «humanista». Los historiadores y comentaristas han utilizado diversas traducciones del griego physis, incluídas las de “naturaleza”, “alma” y “espíritu”; está generalmente aceptado que el concepto de «naturaleza» sustituyó otros conceptos previos de «origen divino», gracias a los progresos logrados en el campo de la medicina. En cualquier caso, es posible interpretar la postura filosófica griega como aquella que permite una conmensurabilidad general dentro de uma «naturaleza» cuya bondad consiste en una mente/cuerpo/alma armoniosa.

El sujeto educado de Platón tiene una naturaleza holística, y los critérios que dererminaban si el sujeto era educado o no también estaban relativamente indiferenciados. Es decir, los diálogos de Platón indican el fundamento de una conmensurabilidad natural y necesaria entre la «ley divina», la «ley natural» y la «razón). Al modo de tal concepción holística se le suele denominar «ley universal» 0 «principio universal», en el que todas las entidades y acontecimientos se pueden atribuir en último término a una sola Idea causal homogénea. En este sentido, la noción platónica de poder se puede describir como soberana, en la medida en que el poder se concebia como algo que tenia una forma claramente delineada e identificable. El poder soberano platónico se manifestaba en una Idea 0 norma con respecto a la cual se podía juzgar a todos los particulares.

 

genealogia del sujeto educado

genealogia del sujeto educado

Para Platón, sin embargo, el poder soberano no era como el poder soberano de los tiempas medievales posteriores, en la medida en que el sujeto educado de Platón no se esforzaba por reconciliar la razón con Dios 0 por articular la relación entre Dios y la naturaleza humana. Para Platón, la tarea consistía más bien en cultivar la propia y verdadera naturaleza, necesariamente virtuasa, l0 que significaba estar en armonía con la razón, la divina providencia, la belleza y el placer.

 Protágoras (dirigiéndose a los sofistas) y Sócrates estuvieron de acuerdo en que el régimen que construye al sujeto educado consistía en conocimiento y cuidado 0 atención del si mismo. Sofistas y socráticos desplegaron, sin embargo, tecnologías radicalmente diferentes para significar «cuidado y conocimiento». El régimen sofista propugnaba técnicas didácticas en las que un experto se encargaba de enseñar la virtud. El propio Protágoras era el modelo de maestro sofista cuyos argumentos, estructurados retóricamente, ofrecían el conocimiento capaz de impartir virtud. Para los sofistas, el conocimiento y el cuidado del sf mismo se podian enseñar (en el sentido didáctico) al sujeto educado.

 En contraste con ello. el régimen socrático de paideia asumía que el conocimiento (y la virtud) formaban parte de la naturaleza de la persona. Esta suposición apoya la tecnología socrática del diálogo y la asunción de la «totalidad» indiferenciada de la naturaleza humana. Es decir, el sujeto educado cultivaba activamente la virtud socrática, pero ésta no se le enseñaba, en el sentido didáctico sofista. La tensión se establece entre la paideia por um lado, en la que la virtud se cultivaba cuando el sujeto educado intervenía en el diálogo, la ejecución musical 0 las hazañas atléticas, y la tecnología de la didáctica por el otro lado, en la que un «maestro» podía enseñar la virtud a un «alumno» .

 Las diferentes tecnologías de paideia y didáctica incluían suposiciones diferentes sobre la constitución del sujeto. Por un lado, paideia incluye la suposición de una naturaleza holística y completa; no hay necesidad de intervenir en el crecimienro «natural» de la persona hacia la virtud. Del mismo modo, la posibilidad de ser educado venía determinada por el nacimiento y no se hallaba al alcance de la mayoría de la gente. Por’ el otro lado, la didáctica incluye la suposición de una naturaleza incompleta 0 imperfecta que exige la intervención de un maestro para cultivar la virtud. Simultáneamente, la tecnología de la didáctica incluye la suposición de que la posibilidad de ser «educado» no venía determinada por derecho de nacimiento.

 En la Grecia cláasica, la íntima tradición familiar de la educación como paideia se vió sustituída gradualmente por las tecnologías más púb icas de la didáctica. Incluso Platón en sus últimos escritos, como La Repciblica y Leyes, construyó al sujeto educado menos en términos de paideia y más en términos de didáctica. N0 obstante, los términos del debate entre Sócrates y Protágoras son útiles para comprender que la didáctica (0 enseñabilidad) no siempre habia de darse por sentada como constituyente del sujeto educado.

El sujeto educado del discurso de Platón es virtualmente irreconocible según las normas actuales. En la década de 1990 no sól0 se asume que el sujeto educado es «enseñable», sino que tiene características individuales como «estilo de aprendizaje» y «fase de desarrollo», que cspecifican la naturaleza de la enseñabilidad. Esta forma de pensar habría sido totalmente extraña tanto para Sócrates como para Protágoras.

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19
fev

Saber y educación (primera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Educación, conocimiento, filosofia, saber, tecnología, trabajo

educación  

La educación tiene que ver con la transmisión y la adquisición del saber. Sin embargo, más allá de esa tesis obvia, el pensamiento de la educación debe preocuparse por la relación entre el saber y la vida humana o, si se quiere, por el valor del saber para orientar y dar sentido a la vida de los hombres.

Actualmente el “saber” está constituido esencialmente por la ciencia y la tecnología y se concibe como algo esencialmente infinito, que sólo puede crecer, algo universal y objetivo, de alguna forma impersonal, algo que está ahí, fuera de nosotros, como algo de l0 que podemos apropiarnos y que podemos utilizar, y algo que tiene que ver fundamentalmente con l0 útil en su sentido más estrechamente pragmático, con la fabricación de instrumentos. Por otra parte, La “vida” se reduce a su dimensión biológica, a la satisfacción de las necesidades (siempre incrementadas por la lógica del consumo), a la supervivencia de los indivíduos y de las sociedades. Cuando decimos que la educación debe preparar “para la vida” queremos decir que debe preparar para “ganarse la vida” y para “sobrevivir” de la mejor forma posible en un “entorno vital” (entendido como una especie de nicho ecológico) cada vez más complejo. En estas condiciones, es claro que la mediación entre el saber y la vida no es otra que la apropiación utilitaria del saber en relación con las necesidades de la vida 0, l0 que es l0 mismo, con las necesidades del Mercado y los fines del Estado.

En ese contexto, el problema central de las pedagogías críticas es el de la distribución desigual de ese “recurso vital” que es el saber: de l0 que se trata es de que todos tengan acceso al saber entendido como una cosa que hay que repartir de forma igualitaria, que no haya una apropiación restringida, que no sean sól0 unos pocos los que se apropien de él para su exclusivo beneficio. Por otra parte, el problema esencial de las pedagogías activas y progresistas es el de privilegiar la lógica de la adquisición sobre la lógica de la transmisión 0, lo que es lo mismo, dejar de atender a la organización estandar del saber como algo a ser transmitido y considerar de forma prioritaria tanto las competencias cognitivas como los contextos socioculturales del que aprende.

 

saber y educación

saber y educación

Pero en ambos casos se obvia la pregunta esencial: la del sentido y el valor del saber para la vida. Y aqui “valor” no significa lo mismo que “utilidad”. Si nos preguntamos por la utilidad del saber para la vida no cuestionamos ni el saber ni la vida, ni el saber como mercancia (incluso como dinero, recuérdese las teorias del capital humano y todo el énfasis contemporáneo en la rentabilidad del conocirniento) ni la vida como satisfacción de necesidades reales 0 inducidas (piénsese lo que significa para nosotros “calidad de vida” 0 “nivel de vida”). Pero si nos preguntamos por el valor del saber para la vida quizá la pregunta misma haga emerger la sospecha de la miséria de lo que sabemos y los limites de nuestras posibilidades de existência.

Quizá también hoy la crisis de la educación coincida tanto com uma crisis de legitimidad Del saber transmitido como com um empobrecimiento del sentido de la vida. Y quizá también hoy El pensamiento de la educación tenga que preguntarse por la relación entre el saber y la vida humana. Supongamos que esa relación todavia da que pensar, que todavia neecesita ser pensada. Supongamos que lo que está en juego no es tanto la verdad del saber y la forma de su transmisión sino el valor de la verdad. Y esa es una expresión que debemos a Nietzsche: “…hay que intentar de uma vez poner en duda el valor de la verdad”. Cuando se nos habla de la verdad debemos peguntarnos cuál es el sentido y el valor de lo que se nos da como verdadero (que no su precio o su rentabilidad). Y es que hay que  distinguir, en términos de valor, entre las verdades nobles, las que inquietan lo que somos y son un impulso para la libertad, y las verdades bajas, las del conformismo, las que consuelan y reclaman sometimiento. Y distinguir también entre las verdades útiles, meramente aprovechables, y las verdades inútiles desde el punto de vista de su utilización pragmática em un mundo administrado. Lo que sigue trata de mantener vigente la pregunta por el valor del saber para la vida.

Habia una vez

 “Habia uma vez, hace muchos años, em um país lejano…”. Así empiezan los cuentos, situando la trama en un tiempo remoto y en un espacio indefinido. Por eso también podrían iniciarse diciendo “en cualquier lugar y en cualquier momento”. Digamos que nuestra historia comienza en Grecia en torno a la época de Sócrates o, lo que es lo mismo dada la perennidad de una cierta imagen de Grecia en buena parte de las distintas y sucesivas figuras del pensamiento, digamos que nuestro cuento comienza en cualquier lugar y en cualquier instante, aquí y ahora por ejemplo.

La inquietud Del filósofo

 Supongamos que uno de los gestos que inauguran Occidente es aquel en el que un cierto personaje, aún desconocido, se presenta como aprendiz y amigo, como aficionado y amante de la sabiduría, acaso como habitante extraviado en un tiempo en el que la figura prestigiosa del sabio, como la de los héroes de Homero, ha desaparecido en el pasado, y en el que ya no es posible otro destino que un vagar de pregunta en pregunta en una tensión que siempre se mantiene, interminablemente.

 

educación

educación

El gesto inagural de la filosofía es aquél en el que el pensamiento no se reconoce en el regazo de un saber que ya se tiene, sino en el juego de un aprender que no termina; no en la seguridad de las respuestas, sino en la inquietud de las preguntas; no en el reposo finalmente conseguido del resultado, sino en el movimiento incesante de la aspiracion y de la búsqueda; no en la arrogancia triunfante de la posesión, sino en la menesterosidad anhelante del deseo. Supongamos entonces que el pensamiento, con toda su dignidad y también con toda su indigencia, aparece en el abrirse de esa distancia en la que el filósofo se separa del sofos, del sabio: tanto de los sabios míticos de la antigüedad, aquellos que según nos dice Platón en el Fedro “vieron” la verdad, como de los sofistas que son su versión degradada, esos pretendidos y pretenciosos sabios que ya se han instalado en la posesión y la administración de una colección de verdades más 0 menos verosímiles, además de socialmente oportunistas y triunfadoras.

 Supongamos que el filósofo aparece cuando el conjunto de saberes que organizan la experiencia queda determinado como l0 que puede ser pensado, como l0 que da que pensar, como l0 que hay que abrir al juego del pensamiento, al movimiento interminable y tenaz de la interrogación. La filosofía nace del gesto de poner a distancia un saber siempre ya ahí, un saber recibido, pero en tanto que éste se da como problemático, como l0 que puede ser puesto en cuestión, como aquello con l0 que el pensamiento debe encararse.

 La filosofía nace de la separación del asunto del pensar respecto al asunto del saber 0, en otras palabras, de la apertura del espacio del pensarniento en el distanciamiento respecto al espacio del saber. Por eso el pensar, aquello que el filósofo reivindica como su actividad y su tarea, no es otra cosa que una determinada relación con el saber. Por un lado, una relación inquisitiva respecto al saber recibido; por otro, una relación de aspiración y de deseo respecto a un  saber aún desconocido que sólo se da como promesa.

 Supongamos que el cuestionamiento filosófico del saber nace del desasosiego (y no de una arbitraria voluntad interrogadora 0 de un más o menos plácido asombro ante l0 real en el que podríamos reconocer la ingenuidad primera y maravillada de una mirada infantil). El pensamiento surge de la inquietud frente a l0 que se presenta como saber, de la insatisfacción ante las respuestas recibidas, de la sospecha respecto de lo que se da como verdadero, del inconformismo frente a l0 que todo el mundo sabe, frente a l0 que todo el mundo cree,  frente a l0 que todo el mundo dice. Supongamos entncoonces que la interrogación filosófica del saber nace de la inquietud, de la insatisfacción, de la sospecha, del inconformismo, del sentidmento de que el saber recibido, ese que nadie discute, no es ya seguro y habitable. de que ya no se puede confiar en él, de que ya no puede albergarnos.

 

educación

educación

Para que la pregunta por el saber pueda ser planteada hace falta que el saber recibido sea percibido como algo extraño e inquietante, unheimlich, como algo que designa un lugar en el que nosotros ya no estamos. Y también como algo mendaz y asfixiante, como algo cuya falsedad hay que desmentir para escapar de los estrechos límites en los que encierra nuestras posibilidades de experiência. Porque el saber no es sólo un cierto contenido confortablemente aceptado como verdadero sino también, y sobre todo, una determinada delimitación de la frontera entre l0 que se sabe, lo que se puede saber y l0 que es imposible saber. Y uma determinada norrnativa sobre como hay que hacer para saber l0 que aún no se sabe. Por eso l0 que busca el distanciarniento del filósofo respecto al saber recibido es hacer que el pensamiento sea posible más allá de los límites de lo que se puede y l0 que se debe saber, y que el pensar sea posible de un modo outro a como esta mandado que hay que saber.

Supongamos que el primer movimiento del pensar, ese que constituye su origen y su posibilidad y no sólo su comienzo fechable, ese primer movirniento original en cuya proximidad para con nosotros nos gustaría buscar aún algún título de nobleza en el que reconocer algo de la antigua grandeza de nuestro nombre, es un movimiento de contestación. Pero, a veces, la filosofía traiciona ese talante áspero y desconfiado para convertirse a su vez en un saber cumplido, apropiado y transmisible, en el que se amputa la dimensión aporética e interrogativa del pensar y en cuyo nombre el filósofo aspira a reinar sobre los demás hombres. Habitante de frontera, al filósofo le acecha siempre la tentación de ocupar como gobemante, 0 al menos como funcionario, el centro que ordena y da sentido.

filosofía y educacíón

filosofía y educacíón

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10
fev

Consciência

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in consciência

consciência

consciência

Todo ser humano percebe que existe como um ser singular em relação aos demais objetos e seres do universo. Sob esse aspecto, a consciência constitui a própria essência do ser humano.

O termo consciência designa os processos internos que determinam níveis complexos do comportamento. Sobre sua natureza, distinguem-se duas perspectivas: a animista e a fisiológica ou mecanicista. A primeira insiste no sentido não-físico desses processos, e a segunda identifica-os com atividades cerebrais. Tais processos, presentes nos animais superiores, alcançam seus níveis mais elevados no ser humano. Em função dessa segunda perspectiva, é possível caracterizá-los por três propriedades: pela memória imediata, que permite a coordenação das ações e experiências passadas com as futuras; pela conduta intencional, isto é, organizada em função de metas a serem atingidas; e pela capacidade de resposta.

A teoria animista abrange todas as conceituações de consciência do tipo não-fisiológico ou mecanicista e inclui a posição cartesiana, a de William James, a de Franz Brentano e a conceituação freudiana. Para Descartes, consciência significa conhecimento imediato dos processos que a constituem. Ser consciente é, pois, ser consciente de si mesmo. A perspectiva faz da consciência o seu próprio objeto privilegiado. Ela seria fechada sobre si mesma. Nada mais poderia ser diretamente conhecido. Esse conceito dominou grande parte da história do pensamento psicológico e justificou a consagração da observação direta como o procedimento básico da psicologia.

consciência

consciência

Segundo Brentano, que retoma a tradição escolástica, não se pode conceituar a consciência como fechada sobre si mesma, pois ela é referência a um objeto e visa sempre a algo diverso de si própria. A intencionalidade é sua propriedade fundamental; mas não a única. O critério da intencionalidade levou Brentano a fundar o sistema de classificação dos fenômenos psíquicos, agrupados em três categorias: a representação, o juízo, o amor e o ódio. Dessa perspectiva derivou todo o movimento fenomenológico.

Para William James o conceito de consciência não se distancia muito do que se fixou com Descartes. Ela é caracterizada em termos de conhecimento reflexivo. No tocante às propriedades nela discerníveis, James classifica-as em quatro: o dinamismo, a seletividade, a continuidade e a pessoalidade. Foi em função da continuidade da corrente da consciência que James estabeleceu a distinção entre processos substantivos e processos transitivos. Estes, por sua própria natureza, escapam a qualquer tentativa de apreensão e descrição introspectivas.

Sigmund Freud rejeita a identificação entre consciência e psiquismo. Na verdade, a consciência teria extensão reduzida e a maior parte do psiquismo seria inconsciente. Para Freud, os conteúdos inconscientes só são acessíveis à consciência por meio do procedimento da análise.

Donald Olding Hebb assinala que, de certo modo, o enfoque objetivo ou comportamentista beneficiou-se da posição freudiana. É possível caracterizá-lo até mesmo como expressão de um processo de radicalização. A idéia consistiu em considerar como inconscientes não alguns conteúdos e processos, mas todos. Se todos são inconscientes e inacessíveis, resta apenas o recurso do estudo indireto, mediante índices externos. Teria sido essa a estratégia fixada pelo behaviorismo. Fechado o acesso aos eventos internos, somente caberia a investigação indireta, pelos sinais comportamentais. Sem dúvida aceita-se que a consciência seja interna, mas o conceito não designa um conjunto de atividades neurocerebrais. Tais atividades podem ser supostas pela edificação de constructos lógicos.

Derivada da conceituação de Brentano, a perspectiva de Edmund Husserl ganhou dimensão própria e constituiu a base do movimento fenomenológico. A idéia central permanece a da intencionalidade. Surgiram, porém, diversas interpretações, em função do próprio evoluir da doutrina. Maurice Merleau-Ponty conceitua-a como relacional: a consciência não seria subjetiva, mas referência ou relação a um objeto e, mais precisamente, um modo peculiar de visá-lo.

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10
fev

Causalidade

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in causa, causalidade

causa - causalidade

causa - causalidade

As idéias de causa e causalidade fazem parte do esforço de dar sentido ao mundo e estão presentes nos mais diversos domínios da atividade humana e do pensamento, como a religião, a mitologia, o direito, a filosofia e a ciência.

Causalidade, ou relação de causa e efeito, é o vínculo que correlaciona fenômenos diferentes fazendo com que alguns deles apareçam como condição da existência de outros. Na vida cotidiana, a idéia de causa está associada à da ação de alguém que cria algo. Idéia semelhante é inspirada pela observação da natureza: certos acontecimentos são considerados responsáveis pela produção de novos acontecimentos. São características básicas dessa relação: a anterioridade temporal (a causa precede o efeito) e o vínculo de determinação (o efeito depende da causa). Subjacente ao princípio de causalidade está a idéia de “condição suficiente“: aquele fato, coisa ou situação cuja existência ou ação basta para produzir o fenômeno observado.

Conceituação filosófica. A primeira sistematização do conceito de causa se encontra na filosofia de Aristóteles, que distingue quatro tipos de causa. A “causa material” e a “causa formal” se entendem, respectivamente, como a matéria e a forma que se combinam para dar existência às coisas e aos seres. A “causa eficiente” equivale ao agente que determina diretamente o fenômeno considerado. A “causa final” é o propósito com que um ato se realiza, a finalidade de algo, a razão por que existe ou passa a existir.

causas e efeitos

causas e efeitos

O sistema de Aristóteles, que predominou por toda a Idade Média, pretende responder à questão “por que as coisas são como são?”. A partir do Renascimento, principalmente com o desenvolvimento da ciência moderna (sobretudo a astronomia e a física da época de Copérnico, Galileu e Newton), a relação de causa e efeito passa a responder a uma indagação científica: como se dão os fenômenos de mudança? A procura da causa eficiente cedeu lugar à busca de leis gerais, ou seja, a idéia de uma relação de causalidade entre fenômenos foi substituída pela de sistema de relações cientificamente descritíveis.

Atualmente, podem-se distinguir na tentativa de conceituar a causalidade duas perspectivas gerais e opostas: a racionalista e a empirista. A primeira, de Descartes, Spinoza e Leibniz, tende a relacionar causa e razão: a causalidade é uma relação real e necessária, apreensível pela faculdade racional humana. Os empiristas como Hobbes e Hume, pelo contrário, identificam a causalidade com uma sucessão de fatos no tempo, já que a relação de causa e efeito entre fenômenos não pode ser comprovada, mas apenas consagrada pelo costume.

Kant assimilou as idéias de Hume, mas deu ao problema uma solução original, que preserva a importância da explicação causal: a causalidade é uma categoria fundamental do entendimento humano, de modo que não caberia demonstrá-la, mas aplicá-la à observação dos fenômenos. A filosofia idealista pós-kantiana, principalmente a de Schelling, deu especial atenção ao problema da relação entre o princípio de causalidade e a liberdade humana.

No século XX, os estudos de psicologia experimental, como os de Jean Piaget e Albert Michotte, elucidaram vários aspectos do aparecimento e desenvolvimento da idéia de causa nas crianças e de sua função como organizadora da experiência do indivíduo.

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18
jan

Axiologia

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in axiologia, valor

 

valores

valores

Muitas respostas diferentes podem ser dadas à pergunta “o que é intrinsecamente bom?” Os hedonistas dizem que é o prazer; os pragmáticos, a satisfação, o crescimento ou a adaptação; os humanistas, a auto-realização harmoniosa; os cristãos, o amor a Deus.

Axiologia, ou teoria do valor, é a abordagem filosófica do valor em sentido amplo. Sua importância reside principalmente no novo e mais extenso significado que atribuiu ao termo valor e na unidade que trouxe ao estudo de questões econômicas, éticas, estéticas e lógicas que eram tradicionalmente consideradas em separado.

Originalmente, o termo valor referia-se principalmente ao valor de troca, como na obra do economista inglês do século XVIII Adam Smith. Durante o século XIX, o termo passou a ser empregado em outras áreas do conhecimento, sob a influência de diversos pensadores e escolas: os neokantianos Rudolf Lotze e Albrecht Ritschl; Friedrich Nietzsche, autor de uma teoria sobre a transposição dos valores; e Eduard von Hartmann, filósofo do inconsciente que usou pela primeira vez o termo axiologia no título de uma obra, Grundriss der Axiologie (1909; Esboços de axiologia).

 

valores da vida

valores da vida

Hugo Münsterberg, considerado o fundador da psicologia aplicada, e Wilbur Urban, autor de Valuation, Its Nature and Laws (1909; A valoração, sua natureza e suas leis) divulgaram as novas concepções nos Estados Unidos, onde o livro General Theory of Value (1926; Teoria geral do valor), de Ralph Perry, foi considerado a obra máxima sobre a nova disciplina. Perry definiu valor, inicialmente, como “qualquer objeto, de qualquer interesse”, e logo explorou os oito domínios do valor: moralidade, religião, arte, ciência, economia, política, lei e costumes.

Alguns autores distinguem valor instrumental de valor intrínseco, ou seja, o que é bom como meio e o que é bom como fim. John Dewey, em Human Nature and Conduct (1922; A natureza e a conduta humanas) e Theory of Valuation (1939; Teoria da valoração) tentou, sob um enfoque pragmático, acabar com a distinção entre meios e fins. Seu propósito, na verdade, era afirmar que existem, na vida das pessoas, coisas como saúde, saber e virtude que são boas em ambos os sentidos. Outros autores, no caminho inverso, multiplicaram as categorias de valor e opuseram, por exemplo, o valor instrumental (ser bom para alguma finalidade) ao valor técnico (ser bom para fazer alguma coisa) e o valor contribuinte (ser bom como parte de um todo) ao valor final (ser bom como um todo).

 

Uma vez que “fato” se relaciona com objetividade e “valor” implica subjetividade, a relação entre os dois conceitos é de fundamental importância para uma teoria objetiva do valor e dos juízos de valor. Enquanto as ciências descritivas como a sociologia, a psicologia e a antropologia procuram determinar com critérios práticos o que é dotado de valor e as qualidades do que é valorizado, a filosofia permanece dedicada à tarefa de questionar a validade objetiva daqueles critérios.

 

valores

valores

Ao filósofo cabe discutir se algo tem valor porque é desejado, como afirma Perry, ou se é desejado porque tem valor, como querem os objetivistas como Nicolai Hartmann. Ambas as abordagens supõem que os juízos de valor têm uma propriedade cognitiva. Elas divergem quanto à existência independente do valor como atributo de um objeto, sem interferência do interesse humano. Os não-cognitivistas negam a qualidade cognitiva aos juízos de valor e atribuem a eles uma função emotiva. Os existencialistas, como Jean-Paul Sartre, destacam a liberdade de escolha dos valores de cada pessoa e rejeitam uma relação lógica ou ontológica entre fato e valor.

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8
jan

Tales de Mileto

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Tales de Mileto, agua

 

Tales de Mileto

Tales de Mileto

Nenhum escrito de Tales sobrevive, nem há fontes contemporâneas a seu respeito. As realizações que lhe são atribuídas baseiam-se em referências tardias ou em lendas mantidas pela tradição. Segundo Heródoto, Tales foi um estadista de visão que advogou a federação das cidades jônicas da região do Egeu. Segundo Aristóteles, foi ele o primeiro a afirmar que a água era a substância fundamental do universo e de toda a matéria.

 Considerado o primeiro filósofo grego, Tales nasceu por volta de 625 a.C. em Mileto, onde teria, como um dos sete sábios, fundado a escola que conserva o nome de sua cidade natal. Já se pretendeu ver, na escola de Mileto, quer dizer, em Tales, Anaximandro e Anaxímenes, a expressão mais autêntica do espírito jônico, ao qual se oporiam os eleatas, representantes do espírito dórico. A nova concepção de mundo dos milésios denominou-se logos, palavra grega que significa razão, palavra ou discurso. As características do logos, que o contrapõem ao pensamento mítico, são a imanência (oposta à transcendência), o naturalismo e o abandono do antropomorfismo. Esboçou-se assim a primeira tentativa de explicar racionalmente o universo, sem recorrer a entidades sobrenaturais.

 Os filósofos da escola de Mileto eram homens de saber prático, acostumados a viajar, dedicados à política e ao trabalho intelectual. A partir de fatos particulares, conceituaram a realidade como um todo organizado e animado. Diante da multiplicidade e da mutabilidade das aparências, buscavam um princípio unificador imutável, ao qual chamaram arkéorigem, substrato e causa de todas as coisas. Em geometria, atribui-se a Tales a invenção de cinco teoremas. Diz-se também que ele usou seus conhecimentos geométricos para medir as pirâmides egípcias e para calcular a distância entre navios no mar e a costa. Referências como essas, ainda que às vezes possam não corresponder à verdade, ilustram todavia a reputação que o cercava.

 

agua

agua

Tales teria sido um precursor do pensamento científico ao substituir a explicação mítica da origem do universo pela explicação física de sua cosmologia baseada na água. Para ele, a água era o princípio formador da matéria porque o que é quente precisa da umidade para viver, o morto se resseca, todos os germes são úmidos e os alimentos estão cheios de seiva. É natural que as coisas se nutram daquilo de que provêm. A água é o princípio da natureza úmida, que entretém todas as coisas, e a terra repousa sobre a água.

 As combinações se fazem pela mistura e pela mudança dos elementos, e o mundo é um só. A esfera do céu está dividida em cinco círculos, ou zonas: ártica, trópico de verão, equador, trópico de inverno e antártica. Primeiro astrônomo a explicar o eclipse do Sol, ao verificar que a Lua é iluminada por esse astro, Tales de Mileto, segundo o historiador grego Diógenes Laércio, morreu com 78 anos durante a 58ª Olimpíada (548-545 a.C.).

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6
jan

Empirismo

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Berkeley, Hume, Locke, conhecimento, empirismo, experiência, sentidos

empirismo

empirismo

 

Na história do pensamento, o racionalismo fundou-se sobre a crença na capacidade do intelecto humano para compreender a realidade. Incorreu, todavia, em excessos metafísicos que fizeram dele um sistema filosófico fechado. Diante disso, surgiria na Inglaterra o empirismo, segundo o qual nenhuma certeza é possível, nenhuma verdade é absoluta, já que não existem idéias inatas e o pensamento só existe como fruto da experiência sensível.

Empirismo é a doutrina que reconhece a experiência como única fonte válida de conhecimento, em oposição à crença racionalista, que se baseia, em grande medida, na razão. O empirismo deu início a uma nova e transcendental etapa na história da filosofia, tornando possível o surgimento da moderna metodologia científica. Do ponto de vista psicológico, identifica-se com “sensualismo” ou “sensismo“, pelo menos em seus representantes mais radicais. Comparado ao positivismo, designa principalmente o método, enquanto o positivismo designa a doutrina a que esse método conduz. Em termos estritamente gnosiológicos, o que o caracteriza e define é a afirmação de que a validade das proposições depende exclusivamente da experiência sensível. Na perspectiva metafísica, identifica-se o empirismo com a doutrina que nega qualquer outra espécie de realidade além da que se atinge pelos sentidos.

princípios do empirismo

princípios do empirismo

Caracterização. Nem sempre é fácil distinguir empirismo e ceticismo. Considerado o fato de que o empirismo não participa da dúvida universal, muitos entendem válida sua conceituação como forma expressiva de dogmatismo. Todavia a dificuldade de caracterizá-lo decorre do número elevado de suas ramificações. O fenomenismo de David Hume e o imaterialismo de George Berkeley são duas de suas ramificações mais significativas, às quais convém ainda acrescentar o próprio positivismo. Apesar dessas diversificações, alguns autores pretendem caracterizá-lo mediante seis afirmações básicas, algumas delas essencialmente expressivas de suas formas mais radicais. São elas: (1) não há idéias inatas, nem conceitos abstratos; (2) o conhecimento se reduz a impressões sensíveis e a idéias definidas como cópias enfraquecidas das impressões sensoriais; (3) as qualidades sensíveis são subjetivas; (4) as relações entre as idéias reduzem-se a associações; (5) os primeiros princípios, e em particular o da causalidade, reduzem-se a associações de idéias convertidas e generalizadas sob forma de associações habituais; (6) o conhecimento é limitado aos fenômenos e toda a metafísica, conceituada em seus termos convencionais, é impossível.

Histórico. O empirismo revelou-se na filosofia grega sob a forma sensualista, citando-se como seus representantes Heráclito, Protágoras e Epicuro. Na Idade Média seu mais significativo adepto foi Guilherme de Occam; expressou-se então por meio do nominalismo, cuja tese central é a não-existência de conceitos abstratos e universais, mas apenas de termos ou nomes cujo sentido seria o de designar indivíduos revelados pela experiência.

John Locke

John Locke

O empirismo moderno tem como seus principais representantes John Locke, Thomas Hobbes, George Berkeley e David Hume. Mas não se esgota aí o movimento. Sem dúvida, Jeremy Bentham, John Stuart Mill (em que o empirismo se converte em associacionismo) e Herbert Spencer podem ser citados como figuras representativas do fenomenismo nos domínios da ética, da lógica e da filosofia da natureza.

Esse empirismo enfrentou uma série de dificuldades, sendo a principal e mais profunda a que Immanuel Kant reconheceu, ao proceder, em sua Crítica da razão pura, à distinção entre a experiência enquanto passo inicial do conhecimento e enquanto dado absoluto do conhecimento.

O significado do empirismo pode ser examinado considerando a validade de suas afirmações centrais. Tais afirmações são: (1) a rejeição da tese das idéias inatas; (2) a negação das idéias abstratas; (3) a rejeição do princípio da causalidade e, por decorrência e generalização, dos primeiros princípios da razão. A argumentação contra o inatismo foi esgotada por Locke. Negadas as idéias inatas enquanto idéias explicitadas, elas não poderiam deixar de estar presentes nas crianças e nos selvagens. A possibilidade de sua preexistência, meramente virtualizada ou implícita, desde logo é prejudicada, por se revelar contraditória com a conceituação da consciência tal como a formulou Descartes e tal como a admitiu Locke. A argumentação contra a validade da teoria da abstração é da autoria de Berkeley. Hume considera-a definitiva e irrespondível.

Segundo Berkeley, não se poderia conceber isoladamente qualidades que não podem existir em separado, como cor e superfície. Nenhuma condição existe para se pensar em cor, senão em termos de extensão ou superfície; a vinculação de uma à outra é essencial. De resto esse foi um dos caminhos explorados por Edmund Husserl, em função da técnica das variações imaginárias, para atingir o reino das essências. Ainda segundo Berkeley, qualquer representação será individual. Não se representa o homem, mas Pedro ou José. O triângulo conceituado nunca deixará de ser isósceles ou escaleno.

David Hume

David Hume

A crítica ao princípio da causalidade foi feita por Hume e constitui um dos pontos centrais de sua contribuição à epistemologia. A causalidade, entendida como poder de determinação e como relação necessária, é recusada. Nenhuma fundamentação sensorial se lhe poderia oferecer. Apenas se admitem seqüências de eventos reforçadas em termos de hábitos. Aceita e ampliada sua validade, a crítica invalida todos os chamados primeiros princípios. Precisamente assim procederam Stuart Mill, Spencer e, mais modernamente, L. Rougier, Charles Serrus e todo o Círculo de Viena.

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4
jan

Iluminismo

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Aufklärung, Enlightenment, Iluminismo, Siècle des Lumières, razão

 

 

Iluminismo

Iluminismo

No decorrer do século XVIII, as idéias do Iluminismo sobre Deus, a razão, a natureza e o homem cristalizaram-se numa cosmovisão que deitou raízes e acabou por produzir avanços revolucionários na arte, na filosofia e na política.

Iluminismo foi o movimento cultural e intelectual europeu que, herdeiro do humanismo do Renascimento e originado do racionalismo e do empirismo do século XVII, fundava-se no uso e na exaltação da razão, vista como o atributo pelo qual o homem apreende o universo e aperfeiçoa sua própria condição. Considerava que os objetivos do homem eram o conhecimento, a liberdade e a felicidade. O Iluminismo foi chamado pelos franceses de Siècle des Lumières, ou apenas Lumières, pelos ingleses e americanos de Enlightenment e pelos alemães de Aufklärung.

Iluminismo

Iluminismo

Características gerais. O Iluminismo avaliou com otimismo o poder e as realizações da razão humana, e a crença na possibilidade de reorganizar a sociedade segundo princípios racionais. Não ignorou a história, mas a encarou de modo crítico, sem aceitar a idéia de que a evolução da humanidade fosse inexoravelmente determinada pelo passado. Esse enfoque retirou do otimismo dos pensadores iluministas qualquer caráter metafísico. Ao contrário, a visão iluminista tinha por base a possibilidade, aberta a cada ser humano, de ter consciência de si mesmo e de seus erros e acertos, e de ser dono de seu destino: a confiança nos efeitos moralizadores e enobrecedores da instrução se completava na exortação a todas as pessoas para que pensassem e julgassem por si próprias, sem orientação alheia. A crítica iluminista dirigiu-se contra a tradição e a autoridade daqueles que se arrogavam a tarefa de guiar o pensamento, e contra o dogmatismo que os justificava.

Essa luta contra as verdades dogmáticas deu-se, na esfera política, com a oposição ao absolutismo monárquico. É certo que houve alguns casos em que monarcas apoiaram e estimularam as novas idéias, atitude que ficou conhecida como “despotismo esclarecido“. Esse apoio não configurava uma aliança, pois era quase sempre superficial e ditado por conveniências políticas ou estratégicas.

A riqueza e complexidade do movimento iluminista teve como base alguns pontos gerais: em primeiro lugar, a influência que os empreendimentos científicos do século XVII e início do século XVIII tiveram sobre as novas idéias. Na astronomia e na física, por exemplo, Galileu Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton levaram a conceber o universo como “natureza”, ou seja, como um domínio ou realidade dinâmica, regida por leis gerais que a razão sempre poderia acabar por descobrir. Em segundo lugar, e como conseqüência, a substituição da idéia de um Deus pessoal, responsável pelos acontecimentos humanos e eventos naturais, por um deísmo, que valorizava a idéia abstrata de Deus como princípio ordenador da natureza, “arquiteto do mundo” e criador de suas leis, mas que não intervém diretamente nele. Embora a idéia do deísmo não tenha sido compartilhada por todos os pensadores iluministas – alguns mantiveram a crença em um Deus transcendente ao qual a humanidade concernia diretamente, enquanto outros radicalizaram suas opiniões e chegaram ao ateísmo –, essa foi a tendência dominante do pensamento da época.

iluminismo

iluminismo

Tudo isso levou à crença no “progresso histórico” da humanidade, concebido não como produto de um plano divino, mas como resultado da razão e dos esforços humanos. Formou-se assim pela primeira vez a idéia de “humanidade” como integração de todos os povos, acima de circunstanciais diferenças étnicas ou situações temporais ou espaciais.

Como resultado lógico, a atividade e tarefa que os pensadores iluministas se atribuíam não ficou centrada na criação de grandes sistemas especulativos, e sim na difusão da cultura e na abertura de novas perspectivas para a compreensão da realidade. Os gêneros literários se diversificaram, surgiram inúmeras publicações, e a diversidade de temas de estudo e de reflexão firmou-se como um dos traços que permaneceram na cultura contemporânea.

Revolucao Francesa

Revolucao Francesa

Para avaliar globalmente o Iluminismo, deve-se levar em conta que, embora houvesse uma atmosfera cultural comum em quase toda a Europa, as diferenças nacionais e a existência de sistemas políticos distintos determinaram condições e pontos de vista diversos. O Iluminismo francês, por exemplo, foi mais anticlerical e de orientação política do que o Iluminismo britânico, o qual se desenvolveu em um país onde já havia se estabelecido uma monarquia liberal; já na Alemanha, o debate intelectual se concentrou em questões metafísicas e religiosas.

Desenvolvimento e principais tendências. O Iluminismo produziu as primeiras teorias modernas seculares sobre a psicologia e a ética. O filósofo empirista inglês John Locke foi, de certo modo, o primeiro iluminista. Em seu Essay Concerning Human Understanding (1689; Ensaio acerca do entendimento humano), Locke rejeitou a escolástica, que baseava a explicação do mundo em conceitos, e recusou também o apriorismo cartesiano: para Locke, os objetos do entendimento ou conhecimento não poderiam ser entidades constituídas prévia e independentemente dele, nem tampouco idéias inatas. Assim, considerou que, na ocasião do nascimento, a mente humana é como uma página em branco, uma tabula rasa na qual a experiência vai formando o caráter individual. Essas idéias, radicalizadas por David Hume, ensejaram uma nova visão da ética e da sociedade. As ações corretas e a organização social justa dependeriam do exercício da faculdade da razão.

Voltaire e Rousseau

Voltaire e Rousseau

Na França, a organização política não tinha a flexibilidade e funcionalidade do sistema inglês, de modo que a reação contra a rigidez hierárquica e a desigualdade levou quase forçosamente a ideais revolucionários, que apareceram de modo bem definido em obras como a do barão de Montesquieu, L’Esprit des lois (1748; O espírito das leis). Nela, o autor postulava um liberalismo de tipo britânico, assegurado – e essa foi sua grande contribuição à filosofia política – pela separação dos poderes executivo, legislativo e judiciário. Voltaire foi, em grande medida, o símbolo do “século das luzes” francês; atacou com dureza o absolutismo e a igreja, exaltou a razão e advogou um deísmo que assumiu algumas vezes formas quase místicas e irracionais.

A Enciclopédia

A Enciclopédia

Denis Diderot e Jean Le Rond d’Alembert produziram o grande monumento intelectual do Iluminismo: a Encyclopédie, obra portentosa que consistia numa série de artigos e ensaios de vários pensadores e especialistas, que versavam sobre o homem e suas “ciências, artes e ofícios”. A Encyclopédie, que se estendeu por 35 volumes e teve notável influência intelectual na França e em outros países, deu grande importância ao progresso e à ciência.

Jean-Jacques Rousseau foi uma das grandes figuras das Luzes. Para ele, a moral surge com a sociedade, pressupõe o princípio da ordem e exige a liberdade. A única sociedade política aceitável para o homem é a que está fundada no consentimento geral. Rousseau não preconizou a revolução nem incitou a ela, mas suas idéias influenciaram os revolucionários franceses. Por sua riqueza e originalidade, são também um marco inaugural do romantismo e uma das referências do pensamento moderno.

iluministas alemães

iluministas alemães

Na Aufklärung, destacou-se Christian Wolff. Diferente das Lumières, o Iluminismo germânico sofreu influência da reforma luterana e do empirismo de Locke, e apresentou grande atração pelas matemáticas. Todas essas tendências se incorporaram a um núcleo central representado pela problemática metafísica. A estética foi estudada principalmente por Gotthold Ephraim Lessing. Immanuel Kant é o resumo por excelência do Iluminismo e iniciou uma nova forma de pensamento.

Em outros lugares da Europa, as idéias iluministas penetraram menos. Na Itália, Giambattista Vico propôs uma definição e um projeto racionais da história, na qual distinguia três idades: a dos deuses, a dos heróis e a dos homens. Na península ibérica, o predomínio da teologia cristã tradicional tolheu as novas idéias, que encontraram maior difusão nas colônias hispano-americanas e no Brasil, e contribuíram para a formação do pensamento social e político dos líderes do movimento de independência.

Significado histórico. O Iluminismo extinguiu-se, ao menos em parte, pelos excessos de algumas de suas idéias. A oposição às idéias religiosas e a usurpação da figura de Deus tornaram-no estéril e sem atrativos aos olhos de muitos para quem a religião era fonte de consolo, esperança e sentimento de comunhão. O culto quase ritualístico à razão abstrata, elevada à categoria de autêntica divindade, levou também a cultos de tipo esotérico ou obscurantista. E o período do “Terror”, que se seguiu à revolução francesa foi um golpe para a convicção iluminista de uma sociedade justa e pacífica, fundada em princípios racionais partilhados por todos os cidadãos.

Os pensadores iluministas deixaram como legado a definição e desenvolvimento de muitos dos conceitos e termos empregados ainda hoje no tratamento de temas estéticos, éticos, sociais e políticos. E o mundo contemporâneo herdou deles a convicção, rica de esperanças e projetos, de que a história humana é uma crônica de contínuo progresso.

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4
jan

Empédocles

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Empédocles, origem, quatro elementos

Empedocles

Empedocles

Visto na antiguidade como profeta e mago, Empédocles também foi político, orador e poeta. Diz a lenda que encerrou sua brilhante carreira atirando-se na cratera do vulcão Etna, para dar aos seguidores uma demonstração convincente de divindade.

Empédocles nasceu em Agrigento, Sicília, então parte da Magna Grécia, por volta de 490 a.C. Continuador da tradição dos jônicos, desenvolveu uma interpretação do universo em que todos os fenômenos da natureza eram entendidos como resultado da mistura de quatro elementos: água, fogo, ar e terra. Esses princípios, também chamados “raízes“, seriam eternamente subsistentes, jamais engendrados, e de sua união ou separação nasceriam e pereceriam todas as coisas. Os quatro elementos se uniriam sob a força do amor e se separariam sob o influxo do ódio. Os mananciais e os vulcões seriam provas da existência de água e fogo no interior da Terra.

 

Os quatro elementos

Os quatro elementos

Segundo Empédocles, no poema Katharmoi (As purificações), do qual resta somente uma centena de versos, a intervenção do ódio está na origem de todas as coisas e dos seres individuais, que se vão diversificando até a separação total e o domínio absoluto do mal. Entretanto, o princípio do amor voltará a triunfar, unificando e misturando tudo até a configuração de uma só coisa, Sphairos, a esfera perfeita, na qual o mundo presente tem princípio e fim. No mundo atual há seres individuais e, portanto, ódio e injustiça, o que exige um processo de purificação que só terminará quando o amor triunfar. Mas esse triunfo é ainda relativo: a evolução dos mundos é um processo no qual se manifesta um domínio alternado do amor e do ódio, do bem e do mal. Apesar da lenda, supõe-se que a morte de Empédocles tenha ocorrido no Peloponeso, Grécia, por volta de 430 a.C.

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2
jan

Agnosticismo

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Agnosticismo, ateísmo, ceticismo

agnosticismo

agnosticismo

A identificação do agnosticismo com o ceticismo filosófico, de um lado, e com o ateísmo religioso, de outro, deu ao adjetivo “agnóstico”, de uso muito amplo, uma pluralidade de significados que induz à confusão.

O termo “agnosticismo” apareceu pela primeira vez em 1869 num texto do inglês Thomas H. Huxley, Collected Essays (Ensaios reunidos). O autor criou-o como antítese ao “gnóstico” da história da igreja, que sempre se mostrava, ou pretendia mostrar-se, sabedor de coisas que ele, Huxley, ignorava. E foi como naturalista que Huxley usou do vocábulo. Com ele, aludia à atitude filosófica que nega a possibilidade de dar solução a todas as questões que não podem ser tratadas de uma perspectiva científica, especialmente as de índole metafísica e religiosa. Com isso, pretendia refutar os ataques da igreja contra o evolucionismo de Charles Darwin, que também se havia declarado agnóstico.

Bases históricas. A definição de Huxley viria possibilitar diferentes concepções do agnosticismo. O propriamente filosófico seria o que limita o conhecimento ao âmbito puramente racional e científico, negando esse caráter à especulação metafísica. Tais concepções, que podem ser rastreadas já nos sofistas gregos, tiveram formulação precisa, no século XVIII, nas teses empiristas do inglês David Hume, que negava a possibilidade de se estabelecer leis universais válidas a partir dos conteúdos da experiência, e no idealismo transcendental do alemão Immanuel Kant, que afirmou que o intelecto humano não podia chegar a conhecer o númeno ou coisa-em-si, isto é, a essência real da coisa. O positivismo lógico do século XX levou ainda mais longe essas afirmações, negando não só que seja possível demonstrar as proposições metafísicas mas também que elas tenham significado.

agnosticismo

agnosticismo

No âmbito religioso, o agnosticismo tem sentido mais restrito. O agnóstico não nega nem afirma a existência de Deus, mas considera que não se pode chegar a uma demonstração racional dela; essa seria, em essência, a tese de Hume e de Kant, muito embora este considerasse possível demonstrar a existência de Deus como fundamento da moralidade. Por outro lado, já na Idade Média a chamada “teologia negativa” questionava a cognoscibilidade de Deus, se bem que para enfatizar que só era possível chegar a Ele pela via mística ou pela fé. Essa seria uma das bases da “douta ignorância” postulada no século XV por Nicolau de Cusa, e sua influência é visível em filósofos dos séculos XIX e XX, como o dinamarquês Søren Kierkegaard e o espanhol Miguel de Unamuno, os quais, embora admitam a necessidade de um absoluto, não aceitam sua personalização.

Agnosticismo, ateísmo e ceticismo. Como se vê, a rigor não se pode falar de agnosticismo, mas de agnosticismos e, melhor ainda, de agnósticos, já que existe notável variedade tanto no processo intelectual pelo qual se chega às teses agnósticas, como na formulação dessas teses.

agnosticismo

agnosticismo

Em essência, o agnosticismo emana de uma fonte profundamente racionalista, isto é, da atitude intelectual que considera a razão o único meio de conhecimento suficiente, e o único aplicável, pois só o conhecimento por ela proporcionado satisfaz as exigências requeridas para a construção de uma ciência rigorosa. E isso tanto no caso de doutrina que se mostre claramente racionalista — é o que ocorre em relação a Kant –, como no caso de filosofias nas quais o racionalismo oculte-se sob a aparência de positivismo ou materialismo.

Como conseqüência, o agnosticismo circunscreve o conhecimento humano aos fenômenos materiais, e rejeita qualquer tipo de saber que se ocupe de seres espirituais, transcendentes ou não visíveis. Não nega — nem afirma — a possível existência destes, e sim deixa em suspenso o juízo, abstém-se de pronunciar-se sobre sua existência e realidade e atua de acordo com essa atitude. Nessa ordem de coisas, ainda que admita a possível existência de um ser supremo, ordenador do universo, sustenta que, científica e racionalmente, o homem não pode conhecer nada sobre a existência e a essência de tal ser. É isso que distingue o agnosticismo do ateísmo, pois este nega radicalmente a existência desse ser supremo.

Por outro lado, o agnosticismo se distingue também claramente do ceticismo, que, segundo a formulação clássica do grego Sexto Empírico (século III a.C.), não se limita a negar a possibilidade do conhecimento metafísico ou religioso, mas também a de tudo aquilo que vá além da experiência imediata. Assim, o ceticismo, pelo menos em seu grau extremo, não é compatível com a ciência positiva.

No século XX, “agnosticismo” tende a ser interpretado como um posicionamento diante das questões religiosas. Nesse sentido, costuma-se distinguir entre um agnosticismo em sentido estrito e outro “dogmático”: o primeiro sustentaria que é impossível demonstrar tanto a existência quanto a inexistência de Deus; o segundo se manifestaria em favor da primeira, mas negaria que se possa chegar a conhecer alguma coisa a respeito do modo de ser divino. Esta última via é a habitualmente defendida pelos pensadores que postulam um caminho místico ou irracional de abordagem do absoluto.

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O conceito de jogo

Hans-Georg Gadamer

Hans-Georg Gadamer

 

 

O conceito de jogo, enquanto fio condutor da explicação ontológica, apresenta, em Gadamer, uma oposição radical ao significado subjetivo que o conceito apresenta em Kant e em Schiller. Nesse sentido, Gadamer afirma que devemos “libertar esse conceito do significado subjetivo”. Parece já desde o início que se trata de construir com clareza a base sobre a qual devera ser feita a abordagem do conceito, tratando de demarcar o emaranhado dos pré-conceitos que devem ser tratados com a máxima atenção.

Ainda que a razão não ocupe mais o lugar único, como pretendia o iluminismo, ela nao é “despedida“. Nesse sentido, o conceito de jogo, conforme exposto na obra Verdade e Método de Gadamer, nos ajudará a compreender melhor a subjetividade não mais como instância determinante em relação à compreensão. Ela mesma deverá entrar em um novo jogo sem, no entanto, deixar de existir.

O conceito de jogo é tomado por Gadamer como modelo estrutural para explicar o fenômeno da compreensão; ele nos abre espaços para a aproximação inicial e a posterior compreensão do processo ontológico enquanto situação insuperável por parte dos parceiros entregues ao movimento lúdico.

 

Gadamer

Gadamer

Origens do jogo no mito e no culto

Gadamer busca na obra Homo Ludens, de Huizinga, seguir a pista e detectar o momento lúdico, que é inerente a toda cultura, elaborando a correlação do jogo infantil e animal com os “jogos sagrados” do culto. O jogo nasce na área do culto, que, por sua vez, acontece num espaço onde se reconhece de antemão uma autoridade superior, por parte daqueles que praticam o culto. Para Huizinga, é no mito e no culto que se originam as grandes forças instintivas da civilização humana, a saber, “o direito e a ordem, o comercio e o lucro, a industria e a arte, a poesia, a sabedoria e a ciência. Todas elas têm suas raízes no solo primitivo do jogo“.

Na mesma linha de raciocínio, afirma: “O homem primitivo procura, através do mito, dar conta do mundo dos fenômenos atribuindo a este um fundamento divino. Em todas as atitudes caprichosas da mitologia, há um espírito fantasista que joga no extremo limite entre a brincadeira e a seriedade“.

Os sacrifícios, ritos sagrados, consagrações e mistérios das sociedades primitivas são destinados a assegurarem a tranqüilidade do mundo, dentro de um espírito de puro jogo. Isso pode ser visto, por exemplo, nos desenhos feitos ao fundo das cavernas, cuja finalidade, ao que tudo indica, ligava-se a uma tentativa de iniciar um ritual de caça, abrindo um espaço próprio para se experimentar uma espécie de acesso a um inicio do jogo. A experiência que ali se dava ultrapassando o conhecimento racional e qualquer tentativa de antecipar o sucesso ou o fracasso do caçador em relação à caça, ao mesmo tempo em que fascina, também assusta.

Percebe-se que tal efeito vai no sentido de apontar uma tentativa para além de si mesmo, entrando na mística do fascínio que o jogo exerce sobre eles, sem nenhuma possibilidade de prever coisa alguma. Os participantes correm o risco de terem suas expectativas confirmadas ou não sem, no entanto, ser possível antecipar coisa algurna.

Gadamer, referindo-se a Huizinga diz que “isso o levou a reconhecer na consciência lúdica essa peculiar falta de decisão que torna praticamente impossível distinguir nela o crer do não crer”, conforme a citação que ele mesmo faz, extraída do texto de Huizinga:

 “o selvagem nada sabe das distinções conceptuais entre ‘ser’ e ‘jogo’, nada sabe sobre ‘identidade’, ‘imagem’ ou ‘símbolo’. Portanto, continua em aberto a questão de saber se a melhor maneira de apreender o estado de espírito do selvagem no momento em que celebra seus rituais não será o recurso à noção primaria e universalmente compreensível de ‘jogo’. Em nossa concepção do jogo desaparece a distinção entre a ‘crença’ e o ‘faz de conta’“.

Podemos ampliar a discussão, se tomarmos o fato do culto, o qual, no caso, consegue reunir uma comunidade que participa da representação. Segundo Gadamer, “o jogo cultual e o jogo teatral não representam evidentemente do mesmo modo e no mesmo sentido que representa a criança que joga. Não se esgotam naquilo que representam, mas aludem para além de si mesmos, para aqueles que participam como espectadores“.

O envolvimento da comunidade em torno de “algo” representado não é o representante que o determina. Ele próprio segue determinadas regras, bem como poderíamos dizer que, no caso do culto, há um “jeito próprio” de se conduzir, a fim de cumprir com seu papel frente à representação. Portanto, o representante não detém em mãos o domínio sobre esse “algo“. “Algo acontece” no culto, assim como nos jogos esportivos, que foge à sua possibilidade de dominação.

Um exemplo disso pode ser percebido em determinados ritos que acontecem no culto, como é o caso de uma encenação da Paixão e Marte de Jesus Cristo. O espectador, que acompanha a cena, não enxerga mais a pessoa que está representando, mesmo que a conheça pessoalmente. Entretanto, o objetivo da encenação não visa em primeiro lugar aos espectadores, mas a si mesma enquanto manifestação e aproximação do mistério da fé. O espectador se encontra envolvido de tal maneira, que é capaz de experienciar um conjunto de sentido próprio daquele evento.

Aqui como que desaparece o jogador (ator), sendo que há, sobretudo, uma gradativa anulação da diferença entre os envolvidos, ator e espectador. O foco central vai se firmando em torno da “encenação mesma”, ela como que assume uma auto-produtividade, vai se desenrolando em seu espaço, na medida em que os envolvidos se permitem entregar-se à situação. O conteúdo de sentido é igual, tanto para os atores quando para os espectadores, sendo que estes possuem uma primazia metodológica frente aos atores. No entanto, isso não impossibilita que ambos se tomem igualmente participantes no efetuar-se da encenação.

Percebemos que a experiência do espectador, na verdade, é uma forma de participação no próprio jogo. Em outras palavras, a encenação proporciona uma experiência maior, na medida em que o espectador “mergulha” nela, entregando-se completamente ao movimento do jogo. Logo, percebemos que se cria um espaço próprio, pois já não é mais o dia-a-dia que está ali, mas, evidentemente, um espaço que, naquele momento, em si mesmo manifesta um conjunto de sentido. A esse respeito, Huizinga é preciso, ao afirmar:

 

Gadamer

Gadamer

Uma das características mais marcantes do jogo é sua separação espacial em relação à vida quotidiana. É-lhe reservado, quer material ou idealmente, um espaço fechado, isolado do ambiente quotidiano, e é dentro desse espaço que o jogo se processa e que suas regras têm validade. Ora, a delimitação de um lugar sagrado é também a característica primordial de todo ato de culto”.

 Isso também pode ser claramente percebido nas procissões, que exigem, por assim dizer, a presença do espectador dentro de um espaço próprio. Não há procissão sem espectador, de modo que não há também um modelo de procissão capaz de ser tomado como o mais cúltico. Talvez nisso repouse também a necessidade de haver uma inculturação, vindo a surgir inúmeros tipos de procissão, cada qual com características diferentes. Olhando a história do Brasil, uma pista disso pode ser encontrada, por exemplo, junto às procissões de Nossa Senhora, ou então, nos cultos afro-brasileiros. Quem participa da procissão ou culto, está sendo absorvido pelo conjunto do espetáculo.

 Há uma manifestação de um conjunto de sentido, o que, em linguagem cristã, poderia ser traduzido como “comunhão“, no sentido de estar em “comum união“, numa sintonia tão profunda com relação ao acontecimento, possibilitando falar-se em “uno“. O espectador “realiza o que é o jogo como tal“, a saber, “ele, é não o jogador (ator), para quem e em quem se joga (representa) o jogo“. Isso tudo, porque há um sentido do conjunto do espetáculo a ser absorvido, não significando que o jogador (ator) esteja impossibilitado de experimentá-lo; porém, o espectador possui uma primazia metodológica. Conforme Gadamer, “pelo fato de o jogo ser realizado para ele, torna-se patente que possui um conteúdo de sentido que deve ser entendido, podendo por isso ser separado do comportamento do jogador (ator)“. O sentido não está submisso a uma base racional. O culto, assim como o jogo, remonta a uma origem “pré-racional“.

 Tanto o jogo quanto o culto mantêm sua autonomia frente à subjetividade. Quem quer dominá-los, acaba como que sendo excluído do acesso ao espaço onde eles se efetuam. Quem assume o risco e se entrega, através da experiência de se deixar levar, se torna participante. Percebemos que o jogo, assim como o culto, não se efetua sem o participante, porém, em momento algum, pode-se atribuir a existência do jogo ao participante. Ele simplesmente joga, permitindo que o jogo se desenrole em si mesmo, ou seja, em seu ser jogado.

 O jogo como tal é imprevisível. Todos com certeza temos de alguma maneira, uma experiência do que acontece, por exemplo, quando numa partida de futebol alguém busca dominar individualmente o jogo. Surge uma situação em que esse alguém quer ser a “estrela” a brilhar para os espectadores. Perde-se o conjunto e, com isso, todos os membros da equipe “justamente ao se transformarem numa competição de espetáculo correm o risco de perder seu verdadeiro caráter lúdico como competição“.

Predominam, nesse caso, tentativas individuais, perdendo-se a perspectiva de conjunto. Nessa situação aqueles jogadores, que assim jogam, estão preocupados em convencer o espectador de que são “estrelas” capazes de, individualmente, proporcionar-lhes o espetáculo, dominando o jogo. É bem verdade que pode haver verdadeiros craques em campo: ninguém o nega. Porém, infelizmente, o que acontece é que, quando os jogadores buscam determinar o jogo à base de suas habilidades individuais, perdem a perspectiva do próprio jogo. No caso do futebol, esta se efetiva melhor, quanto melhor o conjunto da equipe conseguir um espírito de grupo.

Gadamer faz questão de deixar claro que, para que o jogo aconteça, “é mais importante o fato de que no jogar se dá uma seriedade própria, até mesmo sagrada“. Isso porque o jogo tem que ser jogado. Só no ser jogado ele existe. Ele precisa de um espaço próprio. “Aquele que joga sabe por si mesmo que o jogo é nada mais que um jogo, e que se encontra num mundo que é determinado pela seriedade dos fins“. O jogo se efetua ao ser jogado, seguindo as próprias regras do jogo, conforme veremos a seguir.

 

Johan Huizinga

Johan Huizinga

Características estruturais do jogo

 Há no jogo regras especificas que exigem respeito a elas, por parte dos jogadores. Os jogadores se expõem ao risco de chegar a algum resultado ou não, isto e, é-lhes impossibilitado prever o resultado. “Não é a referencia que, a partir do jogo, de dentro para fora, aponta para a seriedade; é só a seriedade que há no jogo que permite que o jogo seja inteiramente um jogo“.

O jogo exige a predisposição de quem vai entrar nele e o conhecimento de suas regras, conforme veremos adiante, sem, no entanto, haver a possibilidade de prever qualquer resultado enquanto ele esta se efetivando. Dai a necessidade de chegar a uma perspectiva interna a ele e abandonar-se totalmente em tal espaço, assumindo como condição o risco de obter o resultado desejado ou não. “O atrativo que o jogo exerce sobre o jogador reside exatamente nesse risco. Desfrutamos assim de uma liberdade de decisão que esta correndo riscos e esta sendo inapelavelmente restringida“.

Em principio, percebemos aqui o primado do jogo face à consciencia do jogador. O horizonte temático não pode ser limitado, nem dominado pela subjetividade. O que lhe é possibilitado é decidir sobre este ou aquele jogo. Segundo Huizinga, “trata-se de uma realidade que ultrapassa a esfera da vida humana. Portanto, seu fundamento não reside na subjetividade, pois, se assim fosse, limitar-se-ia à humanidade“.

Outro fator de destaque é que a auto-produtividade, o movimento de vaivém do próprio jogo, além de seduzir e cativar leva a uma expectativa, por parte dos envolvidos. No principio, eles estão impossibilitados de se posicionarem frente a qualquer tentativa de dominá-lo. Eles simplesmente podem jogar, evidentemente, dentro das regras do próprio Jogo.

O ser surpreendido significa irritar-se, devido à perda do lugar por ele (jogador) anteriormente dominado. Não é possibilitado ao jogador dominar esse espaço. É como que admitir de antemão que algo se dá no jogo, sobre o que a subjetividade não tem o controle. “É o jogo que mantém o jogador a caminho, que o enreda no jogo, e que o mantém nele“.  Cabe ao jogador manter a abertura para o jogo, seguindo suas regras.

A tensão surge na relação entre o interior do jogo e o ambiente em que esta sendo jogado. Uma vez participando dele, estamos submissos às suas regras. Portanto, é condição, para que o jogo se efetive como tal, que não sejam burladas suas regras, o que seria a tentativa de dominar o próprio jogo. Resulta, dessa tentativa, a famosa expressão popular: “Ele escondeu as cartas na manga“, isto é, fraudou o jogo, inserindo nele uma perspectiva que não era a da efetivação do próprio jogo, mas veio de fora, com o intuito de vencer.

Parece que o jogo não tem um sujeito capaz de dominá-lo. “… o verdadeiro sujeito do jogo não é o jogador, mas o próprio jogo”. O jogo se joga, e ponto final Os jogadores estão quase que absorvidos, isto é, participam enquanto contribuintes da possibilidade do jogo. É possível percebermos isso, ao buscarmos saber algo sobre determinado jogo em andamento. A primeira pergunta que normalmente se ouve é mais ou menos esta: “A quanto está o jogo?” Percebemos, aqui, que a pergunta refere-se ao jogo propriamente dito, em andamento no caso. Nunca, ou quase nunca, num primeiro momento, alguém costuma perguntar como os jogadores estão em seu domínio do jogo, ou algo assim. Há aí, reconhecida, uma autonomia.

 Outro fato que pode ser destacado é a total impossibilidade de anteciparmos qualquer resultado e a necessidade de levar o jogo a serio. Segundo Gadamer: “Quem não leva a serio o jogo é um desmancha-prazeres. O modo de ser do jogo não permite que quem joga se comporte em relação ao jogo como se fosse um objeto. Aquele que joga sabe muito bem o que é o jogo e que o que esta fazendo é ‘apenas um jogo’, mas não sabe o que ele ‘sabe’ nisso“.

Qualquer tentativa de dominá-lo implica em não lhe reconhecer as regras intrínsecas. Pode-se, sim, falar que é dever de quem entra no jogo ter um certo ou total domínio (no sentido de conhecimento) das regras, a fim de possibilitar que a jogada flua com naturalidade. O que não é possível é querer jogar, determinando as regras a base de critérios subjetivos, portanto, que venham confirmar expectativas, por parte de quem as está formulando, a fim de não perder o domínio sobre o jogo.

 Huizinga a esse respeito destaca que “todo jogo tem suas regras. São estas que determinam aquilo que ‘vale’ dentro do mundo temporário por ele circunscrito. As regras de todos os jogos são absolutas e não permitem discussão“. Podemos percebê-lo num caso bem simples, se analisarmos um jogo de baralho, por exemplo, a canastra.  Existem diferentes tipos de canastra; porém, cada um com suas regras próprias. Ao optarem por um tipo de jogo, os jogadores, antes de o iniciarem, podem tirar dúvidas sobre tais regras, para evitar confusões. Uma vez esc1arecidas as regras, combinado ate quanto vai o jogo, em momento algum se discute sobre as regras. Simplesmente se aplicam, e ponto final. O cumprimento das regras acaba tornando o jogo mais atrativo, sem a possibilidade de manipulação por alguns dos parceiros. Ao pegarem as cartas na mão, eles estão como que entregues ao próprio jogo, em igualdade de condições.

Lançados à própria auto-produtividade do jogo, sem nenhuma certeza de que dali vai resultar alguma jogada com resultado positivo, resta-lhes jogar e entregar-se completamente à situação. Não há certeza alguma em se efetuar uma jogada. Há, sim, uma expectativa, a crença e o risco de que essa se confirme, sem, no entanto, ser possível dominar a situação, no sentido de manter qualquer tipo de domínio sobre o jogo, ou o espaço em que ele esta se efetivando. É possibilitado ao jogador, segundo as regras, mover-se dentro do espaço do próprio jogo, através da jogada que lhe é possível ser feita. A total imprevisibilidade ou antecipação de um resultado torna o jogo fascinante.

Se, no entanto, alguém tentar abrir o jogo, e convencer seus parceiros a fazerem o mesmo, mostrando as cartas que estão na mão, o jogo se tornará “in-jogável“. Alguém poderia argumentar, dizendo que dessa forma o jogo se tornaria transparente. De fato, torna-se transparente, mas nesse caso já não se trata mais de um jogo, e sim da reflexão e/ou análise racional do jogo. O jogo acontece necessariamente num espaço pré-reflexivo. No momento em que alguém, como participante o abre, para calcular de antemão todas as formas de jogo, o tornará “in-jogável”.

A expressão “vamos abrir o jogo” tem dois significados: significa “desocultamento” ou então uma tentativa de tornar o jogo transparente. Ocultamento não tem aqui o sentido de esconder, mas como algo ao qual os participantes não tem acesso. Ao querer abrir o jogo, nós estamos num nível de reflexão sobre ele. Não jogamos mais, queremos ver o resultado. A antecipação do resultado remete à idéia de fim do jogo.

Ao tornarmos o jogo transparente, parece que se está acabando com o elemento surpresa, característico da manifestação do movimento próprio do jogo, no desenrolar de sua auto-produtividade. Isso pode também ser aplicado às relações intersubjetivas. Num primeiro momento, nos parece que aquele que mantém o jogo fechado possui o domínio sobre o outro. Essa idéia remete a uma expectativa de que a subjetividade detenha o potencial de dominar a situação. No entanto, percebemos que, ao se tratar de um jogo, é completamente imprevisível antever qualquer resultado. Sendo assim, a idéia de abrir o jogo, para que alguém perca o domínio sobre a situação, no contexto sobre o qual estamos refletindo, se fosse aceitável, impossibilitaria expressões do tipo “o jogo do amor“, “o jogo do poder“, e assim por diante. Ao que se percebe, mesmo nas relações intersubjetivas, quando alguém diz “vamos abrir o jogo”, está reconhecendo o elemento de imprevisibilidade.

 Ambos os parceiros do jogo estão como que envolvidos numa situação em que um não sabe o que o outro sabe, sendo que ambos não sabem o que se sabe a respeito disso. Frente à imprevisibilidade e busca de segurança, abrir o jogo assume um caráter de reflexividade sobre a situação, na perspectiva de buscar a total transparência ou, então, buscar saber o que não se sabe disso.

Entretanto, o fato de um dos parceiros manter o jogo fechado, não significa necessariamente o domínio da situação ou, sobre o outro. O domínio sobre o outro não pode ser denominado como um elemento constitutivo da relação intersubjetiva. A relação intersubjetiva, bem o sabemos, “pressupõe” uma relação de igualdade, de alteridade e de respeito ao outro. Não é possível dizer que ao dominar o jogo, ou então o parceiro, está-se mantendo o jogo.

 Portanto, a expressão “abrir o jogo” deveria ser entendida no sentido de abandonar o espaço pré-reflexivo e assumir o risco de torná-lo reflexivo, sabendo de antemão que significa também interromper o movimento fascinante do próprio Jogo e, conseqüentemente, aceitar a possibilidade de não mais poder jogar com o parceiro dentro daquele espaço.

 

homo-ludens

homo-ludens

Elementos da estrutura ontológica do compreender enquanto processo.

Até aqui tentamos demonstrar que a estrutura pré-reflexiva ontológica torna-se a condição para a reflexão. A perspectiva da hermenêutica não quer fugir da racionalidade, mas mostrar que a estrutura encontra-se na situação pré-reflexiva.  O elemento fundador da racionalidade é, portanto, a estrutura pré-reflexiva.

O intento de Gadamer é tomar o jogo como modelo estrutural para a explicação da compreensão, e não enquanto identidade do conteúdo; não é tanto o processo metodo1ógico, mas muito mais o processo ontológico de compreensão, enquanto situação insuperável por parte dos parceiros entregues ao jogo.

O processo de compreensão, conforme veremos adiante, exige um certo se entregar à situação, de modo semelhante ao que acontece no jogo. O jogo só deveria ser tornado como modelo estrutural para explicar o porquê do processo de estruturação. Nos mesmos estamos nos encontrando como parceiros do processo de compreensão, na medida em que nos deixamos envolver, levar pelo jogo dentro de um espaço próprio. Isso pode ser claramente percebido, por exemplo, na utilização do jogo como meio terapêutico na ludoterapia.

Acontece que na ludoterapia, através do jogo, torna-se possível superar a distancia. No caso, possibilita-se a superação da distância entre nos e o que fazemos, pois o jogo, por assim dizer, somos nós mesmos. Ele possibilita uma forma de expressão não deformada pelo processo de reflexão. Nesse contexto, perdem-se as regras de distanciamento, principalmente por deixar de lado os elementos normativos que qualificam a “normalidade” dentro da qual o paciente está com problemas. Dessa forma, dentro de determinado espaço, o paciente pode se libertar dos condicionamentos normativos que o escravizam. Huizinga parece expressar bem isso, ao dizer:

 “Desde a mais tenra infância, o encanto do jogo é reforçado por se fazer dele um segredo. Isto e, para nós, e não para os outros o que os outros fazem ‘lá fora’, é coisa de momento e não nos importa. Dentro do círculo do jogo, as leis e costumes da vida quotidiana perdem validade. Somos diferentes e fazemos coisas diferentes”.

Como a realidade do dia-a-dia como tal não é possível ser tomada, na ludoterapia o jogo providencia tal espaço. Exige-se do jogador, por outro lado, um determinado comportamento conforme as regras do jogo. Ao se entregar ao jogo, abre-se um espaço que não é aquele no qual o paciente se encontra sob os condicionamentos do dia-a-dia. Alí, ele pode entregar-se à situação e experimentar outro tipo de possibilidade de comportamento, sem ser ameaçado pelas conseqüências.

Ao que se percebe, no jogo possibilita-se uma quebra da hierarquia estabelecida pelos condicionamentos do dia-a-dia. Parece que ele desempenha um papel de auto-atração. Lança sobre nós um feitiço, tornando-se fascinante, cativante, impossibilitando o domínio por parte de alguém. Ele tem existência própria, uma “natureza própria“, ou seja, “o sujeito do jogo não são os jogadores. Ele simplesmente ganha representação através dos que jogam o jogo“. Nele toda postura dominadora fica de lado. Percebemos aqui que, nesse sentido, a hermenêutica, em última instância, se tornara uma critica radical à tradição da racionalidade. O jogo exerce um fascinio sobre nós e, aparentemente, também nos submete, não se sabe a quem.

O próprio jogo assume o lugar antes dominado pela subjetividade. Porém, para ser jogado ele sempre exige a participação dos parceiros que o executam, os quais não se podem desfazer de sua subjetividade.

A subjetividade nunca desaparece, mas permanece como que em concordância com as regras do jogo e ajudando “algo” até então desconhecido a se desabrochar em si mesmo no jogador. “A leveza do jogo, que não precisa necessariamente significar uma real falta de esforço, aludindo apenas para o fenômeno da ausência de tensão (Angestrengtheit), será experimentada subjetivamente como um alivio“. O movimento, o vai-vem pertence tão essencialmente ao jogo que, em último sentido, faz com que de forma alguma haja um jogar-para-si-somente. É necessário e condição, para que seja um jogo, que haja alguém ou algo com o qual o jogador jogue, de modo a ele ter um contra-lance ao lance dado, mesmo que não seja tal uma pessoa.

O jogo só cria uma situação favorável devido à possibilidade de o jogador se colocar a si mesmo em risco. Posso me auto-experimentar no jogo, ele me dá a possibilidade de um comportamento que normalmente não devo ter. Ao jogar, se experimentam diferentes papeis sociais. De certo modo, é um processo reflexivo, mas não no sentido teórico nem epistemológico. É como experimentar a participação numa “quase-reflexividade” ontológica, talvez podendo ser mais bem compreendida com o conceito “pró-flexão” .

Essa “pró-flexao” se torna possível, na medida em que o indivíduo se entrega ao próprio espaço do jogo. É ali que ele poderá fazer tal experiência enquanto experimentação de si mesmo, sem ser perturbado pelos condicionamentos do dia-a-dia. É aquela idéia de que algo, enquanto algo se revela, adquire sentido, à proporção que seu sentido é, por assim dizer, de certo modo compreendido por aquele que esta fazendo a experiência.

A mesma estrutura encontramo-la na analogia da ficcionalidade interna da obra de arte. Percebe-se aí uma certa experiência da produção de um espaço próprio da obra de arte, onde “o ‘sujeito’ da experiência da arte, o que fica e permanece, não é a subjetividade de quem a experimenta, mas a própria obra de arte“. Enquanto tal é marcada uma diferença clara do nosso acesso direto à obra, via reflexão, e o acesso direto, via ontologia.

O jogo deveria lançar uma luz para a própria experiência estética. O modo de ser da obra de arte é intimamente vinculado ao seu ser experimentado, no sentido de experienciado, e não à análise do modo objetivo. Nessa linha de raciocínio, Gadamer dirá que o jogo:

“Tem uma natureza própria, independente da consciência daqueles que jogam. O jogo encontra-se também lá, sim, propriamente lá, onde nenhum ser-para-si da subjetividade limita o horizonte temático e onde não existem sujeitos que se comportam ludicamente”.

O jogo marca um horizonte para além daquele dos participantes. Apesar de o jogo acontecer, devido à participação ativa dos seus envolvidos, o ato de jogar não deve ser entendido como um mero desempenho de uma atividade. Conforme Gadamer, “…para a linguagem, é obvio que o verdadeiro sujeito do jogo não é a subjetividade daquele que entre outras atividades também joga, mas o próprio jogo“.

Já dissemos, anteriormente, que o sujeito do jogo não é o jogador, porém, através dele, o jogo simplesmente ganha sua representação. No jogar “0 movimento que é jogo não possui nenhum alvo em que termine, mas renova-se em constante repetição. O movimento de vaivém é obviamente tão central para a determinação da essência do jogo que chega a ser indiferente quem ou o que executa esse movimento. O movimento do jogo como tal também é desprovido de substrato. É o jogo que é jogado ou que se desenrola como jogo; não há um sujeito fixo que esteja jogando ali. O jogo é a realização do movimento como tal“. É, pois, o próprio jogo que mantém o jogador a caminho, que o enreda no jogo.

Gadamer

Gadamer

Aplicação das estruturas do jogo ao processo de compreensão

Tal estrutura Gadamer irá aplicar na área do conhecimento, da compreensão. Há “algo” que se manifesta, um conjunto de sentido que, na hermenêutica, não depende mais de uma subjetividade que impõe sobre o objeto o que ela busca conhecer. Em outras palavras, não é a subjetividade que arranca o sentido do objeto. Ao invés disso, na hermenêutica gadameriana, há uma relação de alteridade entre a subjetividade e o objeto, de modo que a subjetividade não desaparece. Há um processo pré-reflexivo que chega a ponto de quase se tornar a instância de autoridade que determina a reflexão.

Gadamer, nesse sentido, vai procurar defender a interpretação da arbitrariedade e das limitações que derivam de inconscientes hábitos mentais, “… Pois o que importa é manter a vista atenta à coisa através de todos os desvios a que se vê constantemente submetido o intérprete em virtude das idéias que lhe ocorrem. Quem quiser compreender um texto, realiza sempre um projetar“.

No caso em que alguém se dirige ao texto, ele nunca o faz como uma tabula rasa, pois “… Em principio, quem quer compreender um texto deve estar disposto a deixar que este lhe diga alguma coisa“. Aqui se faz referência clara à alteridade do texto.

Ao dirigirmo-nos ao texto, no intuito de torná-lo como objeto, introduzimos nele nossos próprios “pré-conceitos“, ou, melhor, somente se legitimam nossos “preconceitos“, nossa perspectiva. Resulta daí que não fazemos mais do que legitimar nossa pré-compreensão, nossas expectativas, perdendo de vista a “coisa mesma“.

“Por isso, uma consciência formada hermeneuticamente deve, desde o principio, mostrar-se receptiva à alteridade do texto. Mas essa receptividade não pressupõe nem uma ‘neutralidade’ com relação à coisa nem tampouco uma anulação de si mesma; implica antes uma destacada apropriação das opiniões prévias e preconceitos pessoais. O que importa é dar-se conta dos próprios pressupostos, a fim de que o próprio texto possa apresentar-se em sua alteridade, podendo assim confrontar sua verdade com as opiniões prévias pessoais”.

A hermenêutica em Gadamer vai buscar demonstrar sua tarefa em defender o sentido racional do texto contra toda imposição vinda de fora:

A questão, portanto, não está em assegurar-se frente à tradição que faz ouvir sua voz a partir do texto, mas, ao contrário, trata-se de manter afastado tudo que possa impedir alguém de compreendê-la a partir da própria coisa em questão. São os preconceitos não percebidos os que, com seu domínio, nos tornam surdos para a coisa de que nos fala a tradição”.

Nesse sentido, semelhantemente ao jogo e ao culto, também aqui qualquer tentativa de dominar a compreensão é passível de confusões e equívocos.

Desse modo, quem quiser compreender, deve estar disposto a deixar que o texto mesmo lhe “diga” alguma coisa. O intérprete deve falar, para escutar o texto, ou seja, deve propor um “sentido” após o outro, num “sentido” melhor e mais adequado do que o outro, para que o texto apareça sempre mais em sua alteridade, como realmente é. São os “prejuizos“, de que não temos consciência, os que nos tornam surdos para a voz do texto.

Assim como no jogo, “algo” se dá a compreender, na medida em que aquele que quer compreender deve ser capaz de ouvir o outro, numa relação de alteridade, sem hierarquia, mas igualdade de condições, para com ele estabelecer um “diálogo(Gespräch). A idéia a que se chega efetuado o diátlogo, é um resultado de uma experiência ontologicamente determinada. Por enquanto, vamos nos limitar a ficar com essa idéia sob forma de tese.

Portanto, o sentido não é imposto ao texto. Essa é a diferença fundamental entre Gadamer e Heidegger. Em Gadamer, o texto é um outro concreto, com o qual eu estabeleço uma relação de alteridade, ao passo que, para Heidegger, ele é um objeto disponível, do qual disponho para me impor no mundo.

Gadamer não e claro, ao se referir à “coisa mesma“; ele não explicita o que é. Com base nas pistas que são dadas, no decorrer do texto, parece que ele está se referindo a uma espécie de núcleo central que é capaz de manter uma identidade consigo mesmo, não determinável por qualquer tentativa exterior. Nesse ponto, a instauração do sentido parece ficar mais clara. Conforme Gadamer “uma vez … apareça um primeiro sentido no texto, o intérprete pré-lineia um sentido do todo. Naturalmente que o sentido somente se manifesta porque quem lê o texto lê a partir de determinadas expectativas e na perspectiva de um sentido determinado”. A compreensão do que está posto no texto consiste precisamente na elaboração desse projeto prévio, que, obviamente, tem que ir sendo constantemente revisado com base no que se dá conforme se avança na penetração do sentido.

Aquele que se dirige a um texto, no intuito de interpretá-lo à base de sua pré-compreensão, apenas busca legitimar suas próprias idéias. Essa parece ser uma questão central, que faz com que “a coisa mesma” do texto não possa ser ignorada. Há, sem duvida, algo a que se tem acesso, que se abre à compreensão, sem que seja possível compreendê-lo em sua totalidade, mas enquanto “algo” dentro da totalidade de sentido que se manifesta.

Gadamer sabe muito bem que “a compreensão só alcança sua verdadeira possibilidade quando as opiniões prévias com as quais inicia não forem arbitrarias“, mas sabe também ser necessário que “o interprete não se dirija diretamente aos textos a partir da opinião prévia que lhe é própria, mas examine expressamente essas opiniões quanto à sua legitimação, ou seja, quanta à sua origem e validez“.

São as regras do jogo da compreensão que vão sendo travadas, e aos poucos vai se percebendo a necessidade de cumpri-las. Segundo Gadamer, “Diante de qualquer texto, nossa tarefa é não introduzir, direta e acriticamente, nossos próprios hábitos extraídos da linguagem (…). Ao contrario, reconhecemos que a nossa tarefa é alcançar a compreensão do texto somente a partir do hábito da linguagem da época e de seu autor”.

E logo depois, Gadamer acrescenta: “O que se exige é simplesmente a abertura para a opinião do outro ou para a opinião do texto. Mas essa abertura implica sempre colocar a opinião do outro em alguma relação com o conjunto das opiniões próprias, ou que a gente se ponha em certa relação com elas“. É a própria alteridade do texto que o exige, e “… Por isso, uma consciência formada hermeneuticamente deve, desde o principio, mostrar-se receptiva à alteridade do texto”. Evidentemente, aqui não se trata de uma espécie de auto-cancelação da subjetividade, nem de negar a existência de “pré-juízos”; porém, essa questão está muito mais ligada a uma tentativa de entrar corretamente no círculo hermenêutico, seguindo suas regras.

Gadamer, nesse sentido, não nega a reflexão de Heidegger, ou seja, o texto de fato está-ai, disponível. Cabe ao intérprete dirigir-se a ele e buscar a interpretação. Porém, se o fizer conforme o espírito do racionalismo, o texto se fecha, ocorrendo somente, no máximo, a legitimação do que já era conhecido, ao serem introduzidas no texto as perspectivas que interessam ao intérprete.

Semelhante ao jogo, também na interpretação de um texto não está na subjetividade a capacidade de dominar a situação. Pelo contrario, exige-se um entregar-se à situação, a fim de avançar no processo de efetivação da instauração do sentido ou, em outras palavras, avançar no processo de penetração do sentido, enquanto resultado da experiência que o intérprete faz sem poder compreendê-lo em sua totalidade.

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Hans-Georg Gadamer

Hans-Georg Gadamer

 

A virada ontológica da hermenêutica no fio condutor da linguagem

Esta parte esta dedicada ao estudo da linguagem, e constitui o verdadeiro centro do discurso de Gadamer. Todos os elementos da experiência hermenêutica examinados são possíveis só em virtude da linguagem e na linguagem. O diálogo hermenêutico é possível graças a uma linguagem comum, que une texto e intérprete. Existe, assim, uma lingüisticidade essencial no compreender e na interpretação.

Segundo Gadamer, o que nos é transmitido na tradição por meio da linguagem, especialmente a linguagem escrita, possui, a respeito de qualquer outra forma de transmissão, uma situação de privilegio. O escrito tem a capacidade de transcender seu próprio tempo, tomando-se contemporâneo de qualquer presente. É, pois, diante dos textos escritos, onde se situa a autêntica tarefa hermenêutica.

Os textos escritos não querem ser compreendidos como expressões da subjetividade de seus autores, mas pelas mensagens de verdade que escondem. O que está fixado por escrito, liberou-se da contingência de seu autor.

A lingüisticidade do ato interpretativo introduz a Gadamer no problema da relação palavra-coisa, que aborda através de uma recuperação crítica do pensamento grego; e pensamento-linguagem, que aborda através de uma recuperação crítica do pensamento medieval. Gadamer afirma que não existe uma experiência sem palavras que depois se subordine à linguagem, porém a experiência humana está estruturada lingüisticamente; ainda mais: não há coisa onde não há linguagem. Não há. um conhecimento pré-lingüístico do mundo, não há experiência da realidade antes de expressá-la em palavras: falar e pensar, palavras e coisas constituem uma unidade indissolúvel.

A lingüisticidade do ato hermenêutico está enraizada na lingüisticidade mais geral da experiência humana do mundo: a linguagem é um fenômeno humano originário. Toda forma de comunidade humana é uma comunidade lingüística, entanto a linguagem se realiza através do diálogo, da comunicação, e o exercício do entender-se. A linguagem é algo absoluto que precede a tudo aquilo que é. O mundo é mundo enquanto se expressa na linguagem, e a linguagem existe enquanto nela se representa o mundo. Assim, a linguagem é a totalidade do eu e do mundo, o recíproco pertencer-se de ambos, o que a tradição metafísica entendeu como ser. De outro lado, os mundos históricos são distintos entre si e do mundo atual. Contudo, cada um é um mundo lingüístico, e por tanto acessível.

Em definitiva, Gadamer critica as teses tradicionais sobre a linguagem: esta não é um conjunto de signos que designam um mundo pré-lingüisticamente conhecido, nem é, tampouco, paralelamente à linguagem; aprender a falar é adquirir conhecimento do mundo. E a língua é uma estrutura que nos precede, e na qual nos encontramos desde sempre. Por tudo isso a linguagem nunca pode ser dada como objeto de experiência, porque toda afirmação cai dentro dela. Não há nenhum ponto de vista exterior à experiência lingüística do mundo. A pretendida objetividade da ciência cai, também, dentro da linguagem.

Nesta terceira parte, Gadamer trata do conceito da pertença e do caráter dialético e especulativo da linguagem, contrapondo a dialética hermenêutica à dialética absoluta de Hegel. Por pertença, entende uma doutrina que vê o conhecimento como um momento do próprio ser, e não como um fato do sujeito. Quer dizer, trata-se de uma situação na qual se dá um agir da coisa sobre o sujeito, mais do que uma ação do sujeito sobre a coisa. A pertença se identifica com a situação interpretativa, na qual a tradição ou o texto age sobre nós. A pertença tem a forma do ouvir, no sentido heideggeriano: aquele que é interpelado não pode ouvir aquilo que quer, como no caso do ver. Através do ouvir a palavra do passado chega ao presente, impondo-se ao sujeito.

 

Hegel

Hegel

Gadamer aprova a defesa de Hegel do método dialético. A dialética hermenêutica tem em comum com a hegeliana a especulatividade (speculum), como capacidade de refletir a totalidade de sentido de seu objeto. “Engatando num uso terminológico que pode ser demonstrado em Hegel, podemos chamar ao elemento comum entre a dialética metafísica e a hermenêutica de elemento especulativo. Especulativo significa, aqui, a relação do espelho. Espelhar-se é uma permuta continua. Porém a dialética do conceito se baseia em um saber infinito, enquanto que a hermenêutica implica a finitude e a historicidade do intérprete, e por isso, a finitude da tarefa interpretativa. Não obstante, essa finitude é em realidade uma infinita apertura, dado que a compreensão do verdadeiro sentido de um texto é uma tarefa que nunca se conclui. Em definitiva, o verdadeiro e decisivo termo de confronto da hermenêutica é Hegel: a finitude humana descarta todo ideal de saber absoluto. “O especulativo significa o contrario do dogmatismo da experiência cotidiana. É especulativo quem não se entrega direta e imediatamente à estabilidade disponível dos fenômenos ou ao que se tem em mente enquanto se mantém numa determinação fixa, mas que sabe refletir, ou, dito hegelianamente, que reconhece o ‘em si‘ como um ‘para mim’“.

No final de Verdade e Método, Gadamer sintetiza os pontos principais de sua ontologia hermenêutica, insistindo na ontologicidade e a universalidade da linguagem como ontologicidade e universalidade do fenômeno hermenêutico. Retoma a questão da correspondência entre pensamento e realidade, afirmando que o que garante a correspondência de sujeito e objeto, é a própria linguagem. “Pela cunhagem ontológica que recebe o nosso questionamento hermenêutico, acabamos nos aproximando de um conceito metafísico, cujo significado podemos tornar fecundo ao voltarmos as suas origens“.

 Finalmente, tenta uma síntese de seu pensamento à luz do conceito do belo, como noção ontológica de alcance universal: a experiência hermenêutica tem a mesma estrutura ontológica que a experiência do belo.

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Hans-Georg Gadamer

Hans-Georg Gadamer

 

 A liberação da questão da verdade a partir da experiência da arte.

 O fato de dedicar a primeira parte de sua obra à arte obedece aos seguintes motivos: Para Gadamer, a arte representa uma experiência extra-metódica de verdade. Em segundo lugar, a obra de arte coloca sempre problemas hermenêuticos. Finalmente, os conceitos empregados por Gadamer para descrever a experiência estética, são fundamentais, também, para descrever a estrutura da compreensão, da linguagem e da verdade.

 Gadamer critica a forma moderna de entender a arte como fato separado da vida total do homem, que nada tem a ver com as questões do verdadeiro e do falso. Privada de todo valor veritativo, a arte se afigura como um mundo de aparências oposto ao mundo do conhecimento e da ciência. O principal responsável da subjetivação da estética moderna é Kant. “O que Kant de sua parte legitimou e queria legitimar através de sua crítica do juízo estético era a universalidade subjetiva do gosto estético… A subjetivação radical implicada na refundamentação da estética de Kant marcou verdadeiramente uma época“.

 

Imanuel Kant

Imanuel Kant

Gadamer pretende manter o caráter veritativo da arte, e o principio de que a arte não é um sucesso onírico, mas uma experiência do mundo e no mundo, que modifica radicalmente a quem a faz. A arte é conhecimento, na experiência da arte há uma reivindicação de verdade diferente daquela da ciência e não subordinada a ela. Sob este pressuposto, Gadamer elabora uma ontologia da obra de arte, que mostra suas estruturas. Essa ontologia gira ao redor dos conceitos de: jogo, auto-representação, transformação, mímesis e representação.

 A estética nos introduz no coração da hermenêutica, já que nela se dá necessariamente o problema do encontro entre o mundo originário da obra, e o mundo do intérprete. O problema da interpretação da obra conduz ao problema geral da interpretação: como pensar o passado através de nossa situação presente. Seguindo a Hegel, Gadamer afirma que não se trata efetivamente de restituir o passado, senão da mediação, obrada pelo pensamento, com a vida do presente.

 Da extensão da questão da verdade à compreensão nas ciências do espírito

 Aqui Gadamer enfrenta diretamente o problema da compreensão, elaborando sua teoria específica da experiência hermenêutica. A seção se divide em duas partes:

 1. Preparação histórica: Gadamer oferece uma reconstrução histórica e crítica da hermenêutica romântica e historicista, que vai de Schleiermacher a Dilthey. Critica sua submissão ao método das ciências naturais e sua pretensão de objetividade, e mais fortemente seu descuido da historicidade do sujeito historiográfico, a des-historização do processo interpretativo (o passado é o objeto desta ciência, porém é interpretado desde um presente, e isso não é reconhecido pelos historicistas, que pretendem conferir à ciência histórica a capacidade de se transportar a cada época).

 

Martin Heidegger

Martin Heidegger

Gadamer reivindica um saber histórico consciente de sua própria historicidade e não só da alheia, remetendo-se neste ponto a Heidegger, que outorga ao compreender humano uma historicidade radical, através da pré-compreensão. “Compreender é o caráter ontológico original da própria vida humana” e ainda, todo compreender é um compreender-se. A compreensão se move em uma situação circular na qual aquilo que se deve compreender é já, de alguma maneira, compreendido.  Em virtude do círculo hermenêutico nada é dado como imediato, pois o indivíduo pertence originariamente ao passado, fato testemunhado pela existência de preconceitos e pressupostos.

 O círculo hermenêutico tem um alcance ontológico e por tanto, não eliminável, o que não é problemático: o problema reside, não em sair do círculo, mas no estar dentro de um modo adequado, adquirindo consciência de nossos prejuízos desconhecidos. Nossos preconceitos não são aquilo que nos afasta dos textos, senão pela (única via de acesso aos mesmos: só no iluminismo a noção de preconceito adquire o caráter pejorativo que lhe atribuímos. “Uma análise da historia do conceito mostra que é somente na Aufklärung que o conceito do preconceito recebeu o matiz negativo que agora possui”. Em quanto esboço antecipado de conceito, o preconceito não implica necessariamente um juízo falso. Assim, o preconceito constitutivo do iluminismo, é o preconceito contra os preconceitos.

 Essa rejeição dos preconceitos pressupõe o desconhecimento da finitude histórica do indivíduo, conseqüência do fato de que sua razão é razão real e histórica, que age num mundo histórico-social do qual sofre uma série de influencias. Muito antes de chegar à auto-compreensão, compreendemos segundo esquemas irreflexivos, de tal modo que nossos preconceitos constituem mais o nosso ser do que os nossos conceitos. “Se quisermos fazer justiça ao modo de ser finito e histórico do homem, é necessário levar a cabo uma reabilitação radical do conceito do preconceito e reconhecer que existem preconceitos legítimos“.

Gadamer e Habermas

Gadamer e Habermas

O iluminismo distingue duas classes de preconceitos: os procedentes do próprio individuo, e os que derivam da autoridade. Isto significa que autoridade e razão são mutuamente excludentes. A autoridade aparece como o oposto à razão, quando, segundo Gadamer, não tem porque ser assim. Por isso assinala a necessidade de reabilitar a autoridade e a tradição, para recuperar os prejuízos. Esta tese tem sido fortemente criticada por Apel e Habermas, que acusam a Gadamer de conservadorismo. De qualquer forma, a doutrina da tradição serve para demonstrar que o homem não pode chegar a estar livre de toda atadura com o passado, e que a tradição é um momento constitutivo da atitude historiográfica.

 2. Fundamentos para uma teoria da experiencia hermeneutica: A primeira das condições hermenêuticas é a pré-compreensão, que se determina em uma serie de preconceitos que testemunham de nossa pertença a uma tradição que liga intérprete e interpretado em um mesmo processo histórico, aproximando o texto do intérprete. Esta proximidade não exclui, não obstante, seu afastamento. Gadamer introduz assim a tese da simultânea proximidade e distancia do interpretado em relação ao intérprete.

 A distância temporal do texto em relação ao intérprete, não representa um obstáculo a ser derrubado, mas uma condição propicia ao compreender. O tempo é o único que serve de ponte entre dois mundos, pois está preenchido pela tradição. A distância temporal nos permite distinguir os preconceitos verdadeiros dos falsos. A adequada consciência hermenêutica é aquela que inclui uma consciência histórica. Esta tese e desenvolvida por Gadamer, através do que ele chama história dos efeitos ou historia efetual.

 O principio da história efetual” consiste em que o trabalho histórico de descrição de um acontecimento, sempre deve ter presentes todas as conseqüências desse acontecimento, para que seja captado no decorrer da história. Isso significa que a tarefa interpretativa tem lugar em um contexto de interpretações já dadas, que agem sobre o interprete. Assim, este se encontra desde sempre em algum tipo de relação com o objeto a interpretar, seu lugar se encontra de algum modo determinado pelo objeto, ainda antes de iniciar a tarefa de interpretação.

 À história dos efeitos, corresponde a consciência da determinação histórica, conceito que indica a determinação da historia sobre a consciência e, ao mesmo tempo, o conhecimento por parte da consciência dessa determinação. Trata-se, em definitiva, de uma consciência que é e sabe, exposta aos efeitos da historia. Ser histórico quer dizer não se esgotar nunca no saber-se.

Outro conceito fundamental é o da fusão dos horizontes: O horizonte é algo dentro do qual nós nos movimentamos e que se movimenta conosco. Ao contrário do historicismo, Gadamer sustenta que não há um horizonte em que esteja situado o intérprete, e outro para o qual se desloque, mas que existe um horizonte único. O deslocamento do intérprete a outra situação consiste em colocar-se a si próprio na situação do outro. Não obstante, Gadamer fala de fusão de horizontes, porque, mesmo que o horizonte seja único, existe uma alteridade entre o  intérprete e o interpretado. Alteridade que evita, de um lado, que a compreensão seja uma identificação ingênua, e do outro lado, que consista em uma mera explicitação de preconceitos.

Compreender, explicar, aplicar (= interpretar), representam os três momentos sucessivos do trabalho hermenêutico. O terceiro momento foi excluído no romantismo e, comporta a atualização do passado sobre o presente, sobre cada presente, isso faz da compreensão um processo infinito.

O problema hermenêutico se dividia como segue: distingue-se uma subtilitas intelligendi, compreensão, de uma subtilitas explicandi, a interpretação, e durante o pietismo se acrescentou como terceiro componente a subtilitas applicandi, a aplicação (…) Esses três momentos devem perfazer o modo de realização da compreensão.

A dialetica de pergunta e resposta tem sua base em Platão. Gadamer afirma que o saber é dialético, porque é a arte de sustentar um verdadeiro diálogo, a capacidade de produzir, para além das mentes individuais, verdades meta-subjetivas e comuns. A experiência hermenêutica é uma forma de diálogo, pois consiste em entrar em diálogo com o texto. A dialética de pergunta e resposta é, assim, a 1ógica concreta do trabalho hermenêutico. “Essa é a razão por que a dialética se concretiza na forma de perguntas e respostas, ou seja, todo saber acaba passando pela pergunta. Perguntar quer dizer colocar no aberto“. Aproximar-se de um texto é reconstruir a pergunta da qual ele é resposta, para além das intenções conscientes do autor. Esta reconstrução da pergunta originária implica perguntar sobre o texto, o que já é solicitado pelo texto mesmo. De modo que nossa pergunta sobre o texto, é a resposta à pergunta que o texto nos dirige. Assim, o interprete resulta ser o interrogado.

As perguntas do intérprete pretendem reconstruir a pergunta originária, da qual o texto seria a resposta. Porém, esta pergunta reconstruída não está mais dentro do horizonte originário, de modo que se tem produzido uma fusão de horizontes.

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21
dez

Comentários a Verdade e Método (Primeira Parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Gadamer, Hermenéutica, Verdade e Método

 

Hans-Georg Gadamer

Hans-Georg Gadamer

Na cultura moderna e contemporânea, aumentou consideravelmente o problema hermenêutico. Porém, a própria hermenêutica contemporânea afirma que existir é interpretar. Em todas as épocas o homem sempre se encontrou com problemas interpretativos, com a necessidade de remeter determinados sinais a seus significados, e de construir uma metodologia que se ocupe dos sinais obscuros das mensagens humanas. Contudo, rigorosamente, a hermenêutica é uma disciplina que nasce na modernidade, e que só nos últimos séculos se organizou como disciplina autônoma.

 Hermenêutica vem do grego, ermeneia (sermo em latim), e indica a eficácia da expressão lingüística. No começo, a hermenêutica esteve unida à experiência de transmitir mensagens (Hermes, o mensageiro dos deuses), surgindo na Grécia sob a forma da arte dos poetas e os oráculos, porta-vozes dos deuses. Logo passou a significar interpretação de documentos, contudo, no mundo antigo não teve grande relevância filosófica.

 

Platão

Platão

Para Platão, a hermenêutica é uma pseudociência, que não transmite autêntica verdade e sabedoria. O De interpretacione de Aristóteles, mesmo desenvolvendo uma teoria do significado, não apresenta conexões diretas com o sentido específico do termo. Mais interessantes para a elaboração de uma pré-história da hermenêutica são as pesquisas dos filósofos alexandrinos sobre os sentidos de um escrito. Também apresentam um valor considerável os esforços dos Padres da Igreja na interpretação da Bíblia.

 A partir do Renascimento é que a hermenêutica começa a surgir como disciplina particular, mesmo que continue ligada à exegese dos textos sagrados. No século XVIII se produz o giro universalístico da hermenêutica, e esta passa a se ocupar, não só da Bíblia, mas de todo tipo de textos.

 

Schleiermacher

Schleiermacher

Schleiermacher, precursor da hermenêutica atual é quem identifica a interpretação com a compreensão de todo texto cujo sentido não seja evidente e constitua um problema, sublinhado por algum tipo de distancia que se impõe entre nos e o texto. Deste autor a hermenêutica atual também herda o principio de compreender o discurso tão bem ou melhor do que teria sido compreendido pelo próprio autor. No pensamento de Schleiermacher também encontramos:

 A idéia de um reenvio circular entre a parte e o todo.

A concepção da hermenêutica como reprodução criativa do passado.

A tese do caráter interpretativo implícito em todo saber histórico.

A linguagem como único pressuposto da hermenêutica.

 

Dilthey

Dilthey

Dilthey situa o âmbito da hermenêutica nos textos escritos. Reivindica para as ciências do espírito a mesma objetividade e universalidade que é dada as ciências naturais, assinala a necessidade da validade universal da interpretação.

 

Nietzsche

Nietzsche

Nietzsche expressará radicalmente o caráter interpretativo da existência humana e do mundo em geral, com sua negação de uma verdade absoluta.

Heidegger

Heidegger

Com Heidegger se passa de uma hermenêutica como problema epistemológico, a uma hermenêutica como problema ontológico. A interpretação e o desenvolvimento interior da compreensão, e o compreender é um modo de ser do Dasein, cujo ser-no-mundo está ligado desde sempre a uma compreensão. Gadamer é seu herdeiro mais representativo.

 

Gadamer, de formação humanística, estuda filosofia com os neokantianos. Conhece a Scheler, quem o conduz para a fenomenologia, e chega a tornar-se discípulo de Husserl e de Heidegger. Em sua obra Verdade e Método, através do dialogo com fi1ósofos como Dilthey, Husserl e Heidegger, se interroga criticamente sobre as modalidades do compreender. Seu programa de uma hermenêutica filosófica compreende os seguintes pontos:

 Sua pesquisa tem um caráter filosófico e não metodológico. “Na sua origem, o fenômeno hermenêutico não é, de forma alguma, um problema de método“. Não se trata de fixar as normas do processo interpretativo, mas de trazer à tona as estruturas transcendentais do compreender, quer dizer, esclarecer os modos de ser do fenômeno interpretativo. Gadamer se propõe suscitar o debate filosófico a respeito das condições de possibilidade da compreensão, responder à questão sobre como é possível o compreender.

 Gadamer tenta demonstrar que a hermenêutica se refere a algo que concerne à existência em sua totalidade, já que a compreensão é o modo de ser da existência como tal, e não uma de tantas possíveis atitudes do sujeito.

 A experiência do compreender é irredutível ao método do pensamento científico moderno, que busca um saber exato e objetivo, fruto da investigação de um objeto por um sujeito neutral, quer dizer, alheio a qualquer implicação existencial. “Compreender é interpretar textos não é um expediente reservado apenas à ciência, mas pertence claramente ao todo da experiência do homem no mundo“. Assim, o título de sua obra, apresenta uma relação de tensão entre seus dois termos: o método científico é insuficiente para explicar o compreender próprio das ciências do espírito. Diante das pretensões de universalidade da ciência, Gadamer acredita que pode demonstrar zonas de verdade fora da área científica, fundamentais para o homem. Obviamente essas zonas de verdade coincidem com as estruturas do compreender.

 A execução desse programa conduz Gadamer a se defrontar com o problema da linguagem, e a delinear uma ontologia lingüística capaz de fundamentar sua análise sobre o compreender e a verdade.

 Verdade e Método se divide em três partes:

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15
dez

El a priori histórico y el análisis del discurso

   Posted by: Héctor Hugo Palacio   in Foucault, a priori histórico, discurso

Michel Foucault

Michel Foucault

 

El análisis de los discursos que propone Foucault introduce una verdadera ruptura respecto de la “tradición filosófica y lingüística”, pues no se propone analizarlos a partir de la actividad sintética del sujeto, de los significados internos, o a partir de un sujeto del conocimiento o sus intencionalidades, la originalidad, el genio o cualquier otro operador psicológico o metafísico. Antes bien, analiza los discursos a partir de su funcionamiento inmanente, a partir de las reglas que determinan su formación, aparición, emergencia y singularidad. Para Foucault, los discursos y las prácticas que éste inspira obedecen a reglas no explícitas en su superficie, y que conforman al mismo tiempo, un conjunto de restricciones y posibilidades com arreglo a las cuales los discursos suelen ser enunciados, transmitidos, transcritos, escritos, legitimados o rechazados. Por lo mismo, es posible postular una suerte de “imperativo discursivo” que no opera en el nivel de sus verdades interiores ni de su justificación epistemológica, sino de acuerdo a un conjunto de reglas anónimas que provienen de su misma positividad. Ahora bien, el análisis de esta positividad es lo que constituye unos de los objetos privilegiados de la Arqueología. Y podemos agregar que cuanto más se desconocen las reglas que gobiernan los discursos y sus prácticas, más se está expuesto a ellas, y a servir de vehículo a toda clase de supuestos o pensamientos automáticos, los cuales suelen introducirse con notable facilidad, generando así aquellas dispersiones y discontinuidades que la historia de las ideas recoge como contradicciones o desviaciones. En efecto, el régimen de dispersión o desviación de los discursos responde a leyes precisas de formación que el “autor”, más allá de su deliberación, decisión, genialidad o intención, no podrá exhumar ni torcer por fuera de las condiciones de posibilidad material que constituyen los discursos y enunciados en tanto tales. Sin embargo, la psicologización del conocimiento ha hecho depender la producción del saber de instancias tales como la “tradición”, el “espíritu”, el genio, y ha instaurado un “sujeto puro de conocimiento”, más allá de las condiciones materiales de la enunciación y de cuyo régimen depende cualquier formación discursiva. Foucault considera que el “autor” es un operador, un “actuador”, una superficie de emergencia que pone en juego las reglas de formación discursiva a las que no sólo está expuesto sino que al mismo tiempo es su resultado. Por ello mismo, no hay “sujeto trascendental” irreductible y permanente, sino “subjetividad” como resultado y emergente de las prácticas discursivas que lo condicionan.

 

Foucault

Foucault

El a priori, desde el siglo XVI, y según su acepción filosófica más corriente suele  ser aplicado al tipo de conocimiento que se origina en el ámbito de la razón y que resulta ser independiente y anterior a la experiencia. Esta anterioridad es de naturaleza lógica y funciona como una suerte de organizador que traduce el conocimiento sensible en el lenguaje articulado de la razón.  Pues nada que no tenga la estructura lógica del lenguaje puede ser conocido. Y precisamente, dado su carácter de anterioridad lógica respecto de cualquier otro conocimiento empírico, el a priori es considerado como una categoria trascendental. Este a priori pertenece a nuestro aparato de conocimiento, y en su origen, tal como lo señala Kant, es independiente de nuestra experiencia sensible y forma parte de ese dominio de supuestos y categorias a cuyo arreglo el “sujeto cognoscente” accede al núcleo de la experiencia. Entre los atributos del conocimiento a priori, señalamos: su naturaleza formal, su independencia respecto del conocimiento sensible, y su carácter fundador de la experiencia. Sin embargo, este carácter fundador no se aplica a la posibilidad meramente fáctica de la experiencia en tanto tal (Quid facti?) ,sino en el orden del derecho o la petición de princípios (Quid júris?); es decir, su justificación, su fundamentación.

Foucault

Foucault

Ahora bien, la inversión que introduce Foucault en la cuestión del a priori, consiste por un lado en una inversión, y por el otro, en un vaciamiento. En efecto, en el primer caso se sustituye la norma de derecho, e1 orden de la justificación, por el régimen de los hechos. Asi, el a priori no es aquello que justifica y legaliza a la experiencia sino lo que hace posible la realidad material de los enunciados, es decir, su positividad. Se trata ante todo de una figura empírica. El a priori concreto, lejos de servir a la validación de la experiencia, sirve a las condiciones materiales de existencia de los enunciados, sus transformaciones, sus vecindades, a los principios que permiten su emergencia y desaparición. El segundo aspecto de esta inversión consiste en vaciar, evacuar del interior de los enunciados a todo sujeto trascendental del conocimiento, es decir, a todo “cogito” pensante, y en virtud del cual, los enunciados pudieran ser presentados como una síntesis operada por el sujeto. Así, lo propio de este a priori foucaultiano se refiere a la condición misma de los enunciados, a su modo de existencia y coexistencia, aparición y desaparición, no-coherencia y dispersión. En modo alguno este a priori discurre o toma partido por sus verdades interiores, justeza, adecuación, sino que analiza las leyes de su funcionamiento, su proceso discursivo, su capacidad para hacer aparecer nuevos enunciados y desplazar a otros.

 

Foucault

Foucault

A diferencia de lo que postulan los filósofos transcendentales, el a priori foucaultiano es un a priori orientado hacia la historicidad, y no ya a um principio fundador que organiza y legitima la experiencia a partir de um conjunto de verdades establecidas sino que ante todo, consiste en un conjunto en permanente transformación. Este conjunto, en verdad, es un tejido (episteme, positividades, discursos, archivo), un entramado de objetos que se entrelazan y se entrecruzan hasta asumir una figura determinada en la episteme, y gracias a la cual, quedan definidas para una época determinada. A su vez, estas positividades responden a ciertas modalidades de disposición y ordenamiento que Foucault denomina “archivo”, y que rige el conjunto de discursos efectivamente pronunciados y de enunciados efectivamente dichos como acontecimientos singulares.

 

Foucault

Foucault

El a priori histórico es un sistema ( episteme, positividades, archivo) compuesto a su vez por un sub-sistema (discursos, enunciados, objetos discursivos) que posee su propia estructura y su propia función consistente en la delimitación de un campo de saber posible, los mecanismos reguladores del comportamiento de los objetos, su dispersión, su simultaneidad. Este sistema tiene su propia autonomía y en su interior no reside sujeto alguno que sea capaz de orientar su finalidad o dirección hacia un lugar determinado. Este sistema se autoregula conforme a un funcionamiento específico que ninguna subjetividad trascendental podrá orientar mas allá de lãs reglas que lo determinan y lo constituyen como sistema autónomo. Por ello, el a priori histórico no analiza autores ni pensadores, quienes, no obstante operar en su interior, constituyen puntos de emergencia antes que lugares de síntesis o de orientación. El a priori histórico se vale de unidades, de conjuntos, de series, de relaciones, de secuencias, y lo que pone en juego, es el conjunto de las dispersiones, desapariciones y emergencias, conforme a ciertas condiciones de formación y de transformación.

 Foucault

A su vez, los sistemas y subsistemas que conforman el a priori histórico se encuentran atravesados y expuestos a toda clase de transformaciones, convulsiones, interrupciones, quiebres, que suscitan por su parte nuevas configuraciones, muchas veces de un modo brusco y repentino. De este modo toda una episteme puede verse convulsionada a la luz de otra episteme incipiente, y esto no ocurre inopinadamente por obra del desconocimiento o de la incapacidad, sino por efecto de una transformación subterrânea anónima, como resultado de haberse incrementado un saber o una técnica en ciertas regiones epistemológicas. Así, un descubrimiento, un perfeccionamiento de ciertas técnicas de lectura, un cambio drástico en el campo perceptivo o episteme de una época, pueden hacer tambalear a toda una arquitectura del saber bien fundada, bien codificada y rigurosamente construida. El a priori histórico subvierte la noción de la continuidad  histórica, e interrumpe el mito de la finalidad de la historia en dirección al progreso creciente.

 

Foucault

Foucault

Foucault no analiza autores, sino el funcionamiento de ciertos enunciados, de ciertos discursos, sus leyes de significación, sus reglas de formación. Tampoco apela a un sujeto puro del conocimiento en cuyo fondo se ha hecho aparecer la distorsión, el error, la desviación con arreglo a la cual es medida, y también el acierto, la adecuación y la exactitud. Los errores, las distorsiones, las equivocaciones, los cortes, forman parte de los discursos, y el orden de su dispersión no es azaroso sino que responde a estrictas reglas de formación.

 

Michel Foucault

Michel Foucault

El discurso puede ser analizado alegóricamente respecto de aquello que quiere significar, o bien, puede ser analizado a partir de sus funcionamientos autónomos, a partir de sus reglas de formación, y donde los sujetos pensantes aparezcan como superficies de emergencia de la enunciación, como sus escansiones, sus cortes, antes que sus agentes activos y conscientes.

 

M. Foucault

M. Foucault

La materialidad del discurso propuesta por Foucault y que surge de aplicar las operaciones arqueológicas, parece encontrarse muy próxima a la materialidad del significante postulada por Lacan en su enseñanza. La misma autonomía del significante respecto del significado es la que parece existir entre el discurso y los múltiples significados que éste puede asumir. Y del mismo modo que no existe una significación absoluta u originaria, tampoco existe un discurso originario a partir del cual se desplegaran el resto de los discursos a modo de una cascada. Pero, en lo que respecta a la causa del discurso, Lacan destaca allí la dimensión de una carencia, una falta que se prorroga indefinidamente, mientras que para Foucault, el motor de los discursos parece residir en las complejas reglas que regulan sus comportamientos y transformaciones. No obstante, el punto de encuentro de ambas prácticas reside en destacar la materialidad del diseurso y su autonomía respecto de cualquier sujeto de la enunciación que quisiera, arrogarse para sí la soberanía de sus leyes. El discurso, en uno y en outro caso, pre-existen al sujeto. Esta pre-existencia, esta materialidad que atraviesa a los sujetos, esta autonomía, el anonimato de sus reglas es lo que permite sostener y justificar un análisis arqueológieo de los discursos.

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