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Marxismo occidental

Karl Marx
En confrontación con la sociología, considerada en su nacimiento una ciencia, adquiere forma a partir de la Primera Guerra Mundial, en especial en Alemania, un pensamiento sobre la modernidad social que puede ser caracterizado como marxismo occidental. Esta es ciertamente una definición insuficiente de esta corriente de pensamiento, ya que apunta nada menos que hacia el intento comprehensivo de explicar a partir de procesos de modernización social la situación total del sujeto moderno, es decir, también de la cultura y la personalidad, y conectarla con la práctica política. El punto de referencia teórico es sobre todo la obra de Karl Marx. Pero el marxismo occidental libera el pensamiento marxista de la fijación en el ámbito de lo económico. A diferencia del marxismo ortodoxo, que ha sido durante casi medio siglo la doctrina oficial de los partidos comunistas y de los estados controlados por éstos, el marxismo occidental atribuye en términos teóricos un mayor significado a los llamados fenómenos de la superestructura, es decir, desarrollos de la conciencia social, y en términos prácticos, manifiesta un escepticismo creciente a propósito del modelo de sociedad soviético.

Georg Lukacs
El nacimiento del marxismo occidental tiene lugar en el año 1922, fecha de la publicación de Historia y conciencia de clase, del húngaro Georg Lukacs. Comparte con Max Weber, uno de los padres fundadores de la ciencia sociológica, la visión de la sociedad moderna como algo caracterizado por um proceso progresivo de racionalización, o sea, por un aumento constante de âmbitos de la vida en los que el ser humano no se orienta según valores comunes, sino solo según el interés propio. Lukacs describe este proceso como cosificación, es decir, el hombre moderno se ve a sí mismo y a otros hombres como cosas con las que establece una relación racional. El origen de este proceso radica, para Lukacs, en el aumento del trabajo remunerado, en el que el trabajador contempla su propia fuerza de trabajo como una cosa separada de él que debe vender. De este modo, los trabajadores, a diferencia de otras clases sociales, tienen la oportunidad de darse cuenta de que el sistema econômico capitalista es la causa de la cosificación. La esperanza histórico-filosófica de Lukacs residía en que, en la revolución, con el capitalismo el proletariado superara también la cosificación.

Ernst Bloch
Dos pensadores que influyeron decisivamente en la tradición del marxismo occidental, menos influenciados por Max Weber que por el pensamiento de la mística judía, son Ernst Bloch y Walter Benjamin. Bloch, durante mucho tiempo amigo íntimo de Lukacs, intentó conectar el contenido utópico del pensamiento marxista con la filosofía especulativa del idealismo alemán en una “ontologíadel todavía-no-ser”. Para Bloch, de lo que se trata es del sueño todavía no realizado, de la esperanza todavía no cumplida, del ser posible. El principio de esperanza, su obra monumental realizada entre 1954-1959, sigue el rastro de la esperanza en el instante cumplido en las expresiones vitales más remotas del ser humano. En el lugar de la esperanza de Bloch, Walter Benjamin coloca la “crítica liberadora”. Benjamin abandona la fe en una aproximación en el mundo a la utopía, en favor de una esperanza paradójica de redención, para la que la justicia sólo se manifiesta en el ejercicio del recuerdo de las víctimas de las catástrofes de la historia. Expresó su sensibilidad para lãs fatalidades y las revelaciones del espíritu del tiempo en trabajos de crítica literaria, pero también en agudas observaciones de la cultura cotidiana.

Walter Benjamin
EI intento de conectar el pensamiento hegeliano-marxista con la investigación social empírica fue lo específico de la “teoría crítica” de la llamada Escuela de Francfort. Em 1924 surgió en Francfort el Instituto de investigación social, que fue dirigido desde 1930 par el filósofo Max Horkheimer. Horkheimer persiguió con su instituto el proyecto de una teoría social interdisciplinar que debía investigar el potencial emancipatorio de las sociedades modernas con la ayuda de las últimas aportaciones de la investigación de las ciencias particulares. Junto a la economía, era sobre todo el psicoanálisis, pero también el derecho y la teoría literaria los que debían contribuir a descubrir que tendências del desarrollo social apoyaban la esperanza, fundamentada en la filosofía de la historia, de una próxima revolución y cuales se enfrentaban a ella. Sobre el trasfondo de una disminución de las tendencias revolucionarias en las sociedades industriales de Occidente, la atención del instituto se dirigió en especial a los mecanismos que contribuían a calmar a la clase trabajadora potencialmente revolucionaria. Así. el interés teórico principal del instituto se dirigió a la creciente presencia del estado burgués y de la economía capitalista, el cambio de estructura de la unidad familiar burguesa y la creación de una cultura de masas producida industrialmente.

Max Horkheimer
La filosofía de Horkheimer y de su cercano colaborador y amigo, el filósofo y teórico de la música, Theodor W. Adorno, se ocupa desde el principio de la idea de una “crítica de la razón instrumental”: Ambos conciben el proceso de racionalización de la sociedad moderna como despliegue de una racionalidad instrumental que no sólo somete técnicamente a la naturaleza externa, sino también a la naturaleza interna del ser humano. La falta de emancipación política, la desaparición de orientaciones morales presente ya en la socialización familiar y la estupidización causada por los medios de masas actúan coordinadamente para lograr que sea imposible para los seres humanos expresar sus necesidades verdaderas. Pero gracias a esto están psíquicamente en condiciones de funcionar como partes em el mecanismo anónimo de la economía capitalista.

Adorno
La teoría crítica se impuso la tarea de desenmascarar mediante la crítica de la idelogía esta falsa conciencia, encarnada ejemplar y filosóficamente en la acrítica complacência científica del positivismo lógico. Tras el traslado del instituto a Nueva York huyendo de los nacionalsocialistas, Horkheimer y Adorno sintieron un profundo pesimismo. Ante la barbárie estalinista de una parte y la cultura de masas americana de la otra, su diagnóstico de la época se concentró en la visión de un mundo administrado, del que los seres humanos, sumidos en un estado de total ofuscación, ya no logran evadirse. La expresión filosófica de este escepticismo en el progreso es la Dialéctica de la lIustración de 1947, en la que ven el sometimiento de la naturaleza interior y exterior como la contrapartida de toda racionalización, no sólo de la instrumental-capitalista. Tan sólo una “teoría estética” (título de la última obra de Adorno) puede todavía mostrar cómo brilla la libertad, entendida como un ajustarse a la naturaleza, en las grandes obras de la literatura.

¨Jürgen Habermas
Hoy en día, el continuador de la tradición de la Escuela de Francfort es Jürgen Habermas. Después de que Horkheimer y Adorno em sus obras tardías se dirigieran hacia la experiência estética y religiosa, Habermas busco de nuevo la conexión con las teorías actuales en la filosofía y en las ciencias sociales. Su obra, que abarca múltiples disciplinas, es dirigida por la idea de que el predominio de la razón instrumental en la modernidad no es una fatalidad, sino meramente un desarrollo parcial de la racionalidad técnico-instrumental a costa de la racionalidad moral-práctica y de la estético-expresiva. Pero las tres formas de la racionalidad son parte de la razón, la razón comunicativa, ya que para Habermas la razón está siempre ahí donde los seres humanos se entienden honradamente sobre algo, y no sólo ahí donde persiguen racionalmente sus fines. Los ámbitos de actuación em los que predomina esta orientación hacia el entendimiento se encuentran, según Habermas, en la privacidad de la familia y en la vida pública política, designadas conjuntamente en su obra central de 1981, la Teoría de la acción comunicativa, como “mundo de la vida “. El mundo de la vida se contrapone en las sociedades modernas a la economía y al aparato estatal, que no se mantienen cohesionados mediante la comunicación, sino mediante mecanismos de dirección al margen de la comunicación lingüística, a saber, dinero y poder. Habermas denomina a esto el “sistema”. Reformuló el diagnóstico de la época realizado por la teoría crítica, al ver el origen de los problemas sociales a una “colonialización del mundo de la vida” por el sistema, o sea, como la presencia de dinero y poder en las esferas privada y pública, dominadas por ellos. De este modo reconcilia la teoría crítica con la concepción ilustrada de sí mismas, propia de las democracias liberales de finales del siglo XX.
