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18
nov

Filosofía existencial

   Posted by: Héctor Hugo Palacio

 

A partir de la fenomenología se desarrolló una de las corrientes de pensamiento más importantes del siglo XX, que para muchos es considerada la filosofía de esta centuria: la filosofía existencial. La Primera Guerra Mundial había desilusionado a la generación nacida en torno del cambio de siglo. No les quedaba nada de los ideales burgueses de sus padres y tampoco se sentían inclinados hacia la Iglesia. A sus ojos, el ser humano esta abandonado a sí mismo en la búsqueda del sentido de la existencia. La libertad de elegir la propia vida y el peligro de dejar escapar la ocasión son los temas esenciales presentes en las obras de los filósofos existencialistas Martin Heidegger, Karl Jaspers y Jean-Paul Sartre.

 

Martín Heidegger

Martín Heidegger

Heidegger es considerado indudablemente uno de los filósofos más importantes del siglo. Su recepción a nível mundial en el siglo XX sólo es comparable a la de Ludwig Wittgenstein, aunque su filosofía (al igual que la de Wittgenstein) es lingüísticamente de difícil acceso y exige un elevado nível de formación filosófica. El pensamiento de Heidegger le condujo temporalmente cerca del nacional-socialismo, ya que creía que el movimiento hitleriano era una ruptura decidida con la decadencia de los tiempos modemos. Al poco tiempo se dió cuenta de su error y en el ano 1934 renunció como rector de la universidad de Friburgo, un año después de haber recibido el nombramiento para el cargo. No obstante, más tarde nunca se distanció públicamente de su compromiso con el nacional-socialismo, actitud que muchos enemigos, pero también antiguos amigos, nunca le perdonaron.

 EI objeto de su obra capital. Ser y tiempo, con la que alcanzó repentinamente la fama en 1927, es el análisis de la existencia humana y de su temporalidad. Siguiendo El método fenomenológico de su maestro Husserl, investiga las estructuras fundamentales de la existencia humana, los “existenciales“. Estos existenciales describen en primera instancia una relación del ser humano con el espacio y el tiempo, un ser humano que se distingue esencialmente de los modos de ser de las cosas. EI ser-ahí (la existencia, Dasein) es siempre ser-en-el-mundo, es decir, contiene en sí una relación con el mundo que nos rodea, con el cual el ser-ahí guarda en cada caso una determinada relación cargada de sentido. Por esa razón el mundo esta siempre ya “abierto” de uno u otro modo. Este mundo abierto previamente no puede ser elegido por el ser-ahi, el cual esta “arrojado” en el mundo. EI ser-ahí arrojado en el mundo no esta, sin embargo, anclado a uma determinada forma de ser. En cada instante y cada decisión debe convertirse en lo que quiere ser.

 

Cabana donde escribió Ser y Tiempo

Cabana donde escribió Ser y Tiempo

Heidegger denomina este existencial que es el ser-ahi, “ese ente a quien en su ser Ie va su ser“, “cuidado(Sorge). En este “cuidarse de” se hace visible la temporalidad de la existencia humana, el saber de la propia mortalidad; el ser-ahí es un “ser para la muerte“. Si no existiera la certeza de la muerte, el ser-ahí no estaria “a la intemperie de la nada”, no existiría el peligro de malograr la propia vida, lo intrínseco. Así, lo único que puede conducir fuera de lo no intrínseco, de la “decadencia en uno”, es el “estado de resolución” (Entschlossenheit). La cuestión “resuelto a qué?”, Heidegger la deja abierta.

 El análisis de la existencia es el objeto de la primera parte de Ser y tiempo. La segunda no fue nunca publicada. No obstante, el Ilamado giro (Kehre) de la filosofía tardía heideggeriana a mediados de los años treinta puede ser concebido como prosecución del planteamiento de Ser y tiempo. La pregunta que debía ser respondida en esta obra y que e Heidegger persiguió durante toda su vida reza: “Qué es el ser?“. La filosofía tradicional, según Heidegger, no puede responder esta  pregunta, ya que ha “olvidado” el ser. En especial la metafísica occidental ha olviado el ser, mientras intentaba describir el ser Dios como ente máximo y perfectísimo. Pero el ser se distingue del ente por una “diferencia ontoIógica“. No es algo que se encuentra en el mundo, sino la causa de que en general exista el ente. Es la fuente activa de todos los entes. Así, también el olvido del ser de la filosofía occidental es obra del ser mismo, pues este abandona, por decirlo así, al hombre occidental que ha sometido el mundo por su arrogancia.

 

Heidegger

Heidegger

La filosofía tardía de Heidegger puede ser concebida como una gran Ilamada a la modestia, a la escucha atenta a los mensajes del ser, para lo cual está mucho mejor dotado el poeta que el filósofo. Sólo cuando el ser humano aprenda a estar “sereno“, cuando ya no intente someter la naturaleza com ayuda de la técnica, sólo entonces podrá ejecutar adecuadamente su tarea de “guarda del ser“.

 

Karl Jaspers

Karl Jaspers

Karl Jaspers, de formación psiquiátrica, adopta, distinguiendose de Heidegger, como punto de partida de su pensamiento la inseguridad del mundo, que amenaza a los indivíduos con el fracaso. En las situaciones límite de muerte y azar, culpa y lucha se muestra que en el mundo no podemos fiarnos plenamente de nada. Siempre existe un último abismo entre el sujeto y el objeto, entre nosotros y aquello a lo que hacemos referencia. Jaspers invita al ser humano moderno a reconocer este abismo y a tomar el timón de su existência responsablemente, ya que es demasiado fácil cerrar los ojos delante de la inevitabilidad del fracaso y consolarse com fantasmas de índole religioso o ideológico. EI fracaso es experimentado como mero golpe del destino, pero no como la condición fundamental de la existencia humana, ya que el fracaso es la otra cara de la libertad huma que en las situaciones límite nos pone inevitablemente ante la elección entre el bien y El mal, entre ser uno mismo o la alienación. En esta situación se puede intuir lo “comprehensivo” que supera la división del sujeto y el objeto, al abarcar a ambos, Sin embargo, lo comprehensivo no es nunca experimentable directamente, Tan sólo en “cifras de la trascendencia” aparece para volver a ocultarse. De esta manera, el ser humano sólo puede aprovechar la oportunidad de ser el mismo en el acercamiento amoroso a otros, en la comunicación existencial.

 La seriedad pesimista pero profundamente humana de Jaspers Ie permitió encarnar en la Alemania de la posguerra algo así como una conciencia de la nación, circunstancia que sobre todo utilizó para mantener despierta la conciencia de la culpa que los alemanes echaron sobre sus hombros en la época del nacional-socialismo.

 

Jean-Paul Sartre

Jean-Paul Sartre

En la vida pública de Francia, Jean-Paul Sartre ocupaba una posición aún más destacada, llegando a encarnar en mayor medida que cualquier otro pensador el tipo del intelectual comprometido, Sartre tomó partido constantemente en la discusión pública, p, ej, en 1968, cuando repartió panfletos con los estudiantes que protestaban, Tambien desarrolló una fructífera actividad como autor de novelas, guiones y obras de teatro, En el año 1964 ,Ie fue concedido el premio Nobel, distinción que rechazó,

 

Sartre y Simone de Beauvoir

Sartre y Simone de Beauvoir

Su relación con Simone de Beauvoir, la fundadora del feminismo filosófico, ha servido de modelo con frecuencia de la relacion abierta de pareja, Sartre es más que un filósofo, es el descubridor del existencialismo como visión del mundo, Aunque admiraba a Heidegger y veía en su propia obra una continuación de la de éste, el filósofo germano nunca lo comprendió, puesto que Sartre no estaba interesado preeminentemente en una ontología, sino que quería crear una filosofía del sujeto adecuada al tiempo, En esta tarea, la libertad humana ocupa un lugar clave, “EI ser humano esta condenado a la libertad” es una de sus sentencias más famosas, Nada ni nadie puede cargar con sus propias decisiones, sólo él mismo es responsable de éstas, sólo él mismo es responsable de su vida. Que la vida humana no posee un sentido proveniente del exterior es, no obstante, solo una parte de la filosofía de Jean-Paul Sartre, para quien la única respuesta legítima a esta situación es el compromiso. Por lo que se refiere al contenido, este compromiso quedó, en primera instancia, indeterminado, aunque Sartre simpatizó en todo momento con el marxismo.

 

Sartre

Sartre

En sus obras teatrales ilustra de forma plástica el cargo de conciencia que surge de la necesidad de ser completamente libre y al mismo tiempo completamente comprometido. La situación es también semejante para los protagonistas de las novelas y las obras de teatro de Albert Camus, autor que caracteriza esta situación como absurda, ya que el mundo se opone constantemente a la pretensión de los seres humanos de ser racionales. De esta manera al ser humano no le queda otro remédio que enfrentarse con orgullo a un mundo vaciado de sentido y afirmar con la cabeza erguida la pretensión humana de sentido y la conciencia de su irresolubilidad.

 En su obra central teórica, El ser y la nada, de 1943, Sartre caracteriza la existencia humana a diferencia del ser-en-sí de los meros objetos como ser-para-sí. EI ser-para-sí “es lo que no es y no lo que es“. Esta fórmula paradójica afirma, en la segunda parte de la idea, que el ser humano nunca desaparece en lo que es (ha sido). La existencia del hombre conforma una rotura en el ser sin fisuras, una nada (neant), ya que el hombre es el único ser que no posee un ser previo, una esencia, sino sólo una existencia. ÉI puede y debe alcanzar su propia esencia, al negar su pasado y proyectarse en el futuro. Este es el sentido de la primera parte de la fórmula paradójica. En todo instante el ser humano esta ante la decisión de volver a elegir de nuevo su vida, y debe cargar plenamente con las consecuencias que implica esta decisión.

 El ser y la nada es un Best seller filosófico, a causa de su plenitud de ejemplos cercanos a la cotidianidad y descripciones plásticas. Por ejemplo, Sartre ilustra el peligro de negarse a sí mismo la libertad de la existencia humana al hilo de un camarero que se concibe como camarero y sólo como camarero, no dándose cuenta de que él mismo es quien ha aceptado acríticamente el papel que Ie asigna la sociedad. En este aspecto Sartre inicia su segunda gran obra, Crítica de la razón dialéctica, de 1960, en la que intenta integrar la dimensión social de la intersubjetividad en el planteamiento subjetivista de El ser y la nada.

2
out

Corrrentes filosóficas contemporâneas

   Posted by: Héctor Hugo Palacio Tags:

Introdução

A filosofia contemporânea abrange o período que se estende do fim do século XVIII até os nossos dias.

Muitos são os acontecimentos políticos, sociais, econômicos, literários, religiosos, etc., que a animaram e sobre os quais ela exerceu, por sua vez, uma influência decisiva.

Neste período assiste-se a uma crise cada vez mais vasta e profunda de tudo o que durante séculos vinha constituindo o patrimônio admirado e altamente fecundo da Europa cristã na arte, na literatura, na moral, na filosofia, na pedagogia, na religião etc. um depois do outro foram colocados sob acusação e condenados os cânones da arte, da literatura, do teatro; foram rejeitados os critérios da educação e repudiados os princípios da moral e da religião. Tudo foi submetido a uma crítica minuciosa e radical. Tentou-se ao mesmo tempo descobrir e introduzir novas formas de arte, literatura, cinema, teatro, educação, moral, religião etc. Só a ciência e a técnica graças aos seus resultados espetaculares e ao seu contínuo aperfeiçoamento, conseguiram salvar-se desta fúria devastadora.

 

Nascimento de um novo tipo de humanidade

Antes ainda da filosofia, múltiplos acontecimentos plasmaram o homem do nosso tempo, dando lugar a um novo tipo de humanidade, o qual se distingue dos tipos das épocas anteriores. A humanidade contemporânea se caracteriza por um conjunto de qualidades, que procuraremos ilustrar rapidamente. As principais são as seguintes:

  • Instabilidade e mutabilidade: o ritmo vertiginoso no qual a ciência e a técnica mudaram a face da terra nos últimos dois séculos prendeu em suas engrenagens o seu artífice e o arrasta para modos sempre novos de ver e agir.
  • Antidogmatismo: do iluminismo em diante, a humanidade se tornou sempre mais contrária a aceitar afirmações e verdades que não venham dela que pelo menos não possam ser compreendidas e verificadas experimentalmente e demonstra uma aversão profunda por tudo o que lhe foi transmitido e por toda forma de tradição.
  • Secularização: o homem moderno acredita que pode resolver seus problemas, sozinho, prescindindo de Deus. Com isso a religião se tornou supérflua e se vê afastada da vida prática como também da teoria da humanidade atual. O ateísmo é, sem dúvida, um dos seus traços dominantes e característicos.
  • Ativismo: o homem moderno é orientado para a ação. Fazer, produzir, trabalhar, agitar-se é o que o fascina e absorve completamente. Ele não tem mais tempo para pensar, meditar, contempla; e o que é mais, essas atividades perderam o interesse para ele.
  • Utopia: levado pelo progresso técnico e científico e por uma prosperidade cada vez maior, o homem moderno chegou a uma visão confiante e otimista do futuro e sonha com a plena e perfeita felicidade para todos em dias não muito distantes.
  • Socialidade: (aldeia global) econômica, política e moralmente ávida diária da humanidade se ressente do que acontece em qualquer parte do mundo.
  • Historicidade: o homem moderno tem forte sentido da historicidade do seu ser, isto é, do fato de que o seu ser, a sua cultura, os seus projetos e os seus ideais não são um produto da natureza nem de Deus, mas o resultado de sua ação através dos séculos. Conseqüência desta consciência histórica é a exigência de pôr continuamente em discussão toda doutrina, toda especulação, Doda estrutura, toda tentativa de estabilizar e fixar no tempo o que é e deve permanecer em perpétuo movimento. Daqui o sentimento de constante incerteza e instabilidade. Segue disso outra característica típica do homem moderno, a desorientação.

O homem moderno é desorientado e inseguro; perdeu a referência que lhe servia de orientação e não consegue mais encontrar parâmetros válidos sobre os quais fundar seus juízos. Não sabe mais distinguir entre o bem e o mal, entre o verdadeiro e o falso, entre o belo e o feio, entre o justo e o injusto, entre o útil e o prejudicial, entre o lícito e o ilícito, entre o decente e o inconveniente etc. Não sente mais segurança em nada! Não tem mais nenhum ponto de apoio; vive como que suspenso no vazio. As antigas certezas culturais e morais jazem por terra; os valores sobre os quais se fundava a nossa civilização foram como que esmagados e dissolvidos; os pontos de referência do progresso e da ação perderam sua consistência.

Como acenamos acima, os acontecimentos dos últimos dois séculos não só plasmaram a humanidade contemporânea, conferindo-lhe características próprias, mas deixaram também sinais inconfundíveis na especulação filosófica do nosso tempo. E não poderia ser de outro modo, uma vez que a filosofia, por força de sua própria natureza, é sempre a autocompreensão explícita e crítica que a humanidade alcança em determinado momento de sua história. Assim, as característica que encontramos no homem contemporâneo (instabilidade, antidogmatismo, secularização, ativismo, utopia, angústia, socialidade e historicidade) aparecem também na especulação filosófica do nosso tempo.

Reviravolta antropológica na pesquisa filosófica

A especulação grega voltava sua atenção principalmente para a natureza; a medieval, para Deus. A filosofia contemporânea se interessa especialmente pelo homem. O homem fora o objeto também principal da filosofia moderna: é com Descartes que começa a reviravolta antropológica na pesquisa filosófica. Mas a filosofia moderna considerava o homem mais como indivíduo do que como ser social; e houve até um autor (Leibniz) que o julgou tão auto-suficiente que fez dele uma mônada sem portas e sem janelas; outro (Rousseau) acreditou-o tão perfeito ao ponto de poder, por si mesmo, levar a BM termo a própria educação. Em segundo lugar, a filosofia moderna, considerando o homem essencialmente como ser pensante, privilegiara tudo o que diz respeito ao conhecimento, reservando-lhe o melhor de suas pesquisas. Uma vez resolvido o problema gnosiológico e indicado o método mais apropriado para o reto funcionamento da razão, o filósofo julgava ter cumprido sua missão e aplainado para a humanidade o caminho para um progresso impossível de ser detido.

A filosofia contemporânea, por sua vez, considera o homem como ser social e explora, mais que a sua atividade especulativa, as suas atitudes práticas (política, economia, técnica, trabalho etc.). Ela atribui, além disso, grande importância ao estudo da linguagem e de outras dimensões humanas quase sempre descuradas pela filosofia dos períodos precedentes, como a cultura, a ciência, o esporte, o mito etc.

 

Os principais movimentos filosóficos dos últimos cinqüenta anos

Dividir e classificar de modo adequado e exaustivo os autores e as correntes da filosofia contemporânea não é trabalho fácil por causa do modo confuso e desarticulado com que eles se apresentam. No pluralismo de idéias dos últimos dois séculos, os movimentos filosóficos não se apresentam um depois do outro, como acontecia no passado, mas de desenvolvem simultaneamente, um ao lado do outro, em diversas partes do mundo e, às vezes, na mesma nação, cruzando-se e entrelaçando-se uns com os outros.

Do alto, contudo, e de certa distância, podem-se distinguir no panorama filosófico alguns movimentos mais significativos, interligados ora pela dialética da antítese, ora pela da síntese.

Em continuação direta com a especulação transcendental de Kant, encontramos em primeiro lugar o idealismo alemão (Fichte, Schelling, Hegel). Ele leva às últimas conseqüências e encerra a linha imanentista da filosofia moderna, iniciada por Descartes.

Ao idealismo sucede toda uma cadeia de reações, surgidas em defesa de atividades e valores que haviam sido ignorados ou sufocados pelo idealismo ou que na perspectiva idealista não haviam encontrado a merecida atenção. As reações mais importantes são as de Schopenhauer e de Nietzsche (em nome dos direitos da vontade), de Feuerbach, Marx e Engels (em nome da práxis, do fator econômico, da matéria), de Kierkegaard (em nome da interioridade e da existência individual), de Rosmini e Gioberti (em nome do ser), de Comte, Spencer, Stuart Mill e Ardigò (em nome do método científico ou positivo).

De todas estas reações a que conseguiu, na segunda metade do século passado, os maiores consensos foi o positivismo (de Comte): ele reflete, do ponto de vista especulativo, a situação histórica dos sucessos espetaculares da ciência e da técnica e constitui a teorização de um modelo de vida que tem como critérios fundamentais os critérios precisos e rigorosos das ciências naturais.

Mas no fim do século passado a perspectiva positivista já parece muito estreita e incapaz de interpretar e explicar alguns aspectos fundamentais da existência humana e do mundo (como a vida, a evolução, a consciência, a memória, o sentimento religioso etc.). Surgem assim as filosofias antipositivistas e espiritualistas de Bergson, Boutroux, Blondel, James, Maritain, Scheler, Husserl, e as neo-idealistas de Alexander, Moore, Whitehead, Croce e Gentile.

As duas guerras mundiais, com seu horrendo espetáculo de massacres e ruínas, abalaram a confiança da humanidade em si mesma e em qualquer ordem de valores espirituais e sobrenaturais e a precipitaram num estado de terror, angustia e desespero. Surgiu assim um novo modo de ver as coisas, o qual encontrou expressão filosófica no existencialismo (Heidegger, Sartre, Jaspers, Merleau-Ponty, Marcel).

Mas o progresso da ciência e o extraordinário desenvolvimento dos meios de comunicação exigiram um aprofundamento da função da ciência e da natureza da linguagem. Constituíram-se assim as várias epistemologias (Russel, Popper) e as filosofias lingüísticas do neopositivismo (Wittgenstein, Carnap e do estruturalismo (Lévi-Strauss, Foucault).

Depois da década de cinqüenta, superada a fase de crítica e de angústia que a tinha atormentado por cerca de um decênio, a humanidade retomou confiante o seu caminho. Agora ela está à procura de um plano geral de desenvolvimento, capaz de eliminar a miséria e de satisfazer as necessidades e os desejos de todos. A esta instância desejam dar sua contribuição também os filósofos, propondo interpretações da história que prevêem, em um futuro mais ou menos distante, uma época de paz, justiça e felicidade para todos os homens. É este o sentido das filosofias utopistas de Teilhard de Chardin, Marcuse, Bloch e Garaudy.

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