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7
mar

El sujeto educado (segunda parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio Tags: , , , , ,

Que es enseñable? Paideia y didáctica

 

educación

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En el discurso educativo actual se da generalmente por sentado que la enseñanza forma parte de la educacion. «Qué conocimiento merece la pena alcanzar?» Ese es quizá el más famoso marco para el debate sobre lo que se debería enseñar y se trata de un debate característico del discurso educativo actual. Las características del sujeto educado, sin embargo, surgen a través de un análisis de suposiciones sobre lo que se puede enseñar. Esas suposiciones sobre lo que se puede enseñar son hoy en día muy diferentes a lo que fueron hace tan solo un siglo.

 En esta sección examino el Protágoras de Platón para analizar algunas de las primeras formulaciones del debate acerca de l0 que se puede enseñar. La cuestión fundamental del diálogo es: «Se puede enseñar la virtud?». En el debate entre Sócrates y Protágoras encontramos algunas de las formulaciones iniciales del principio de la didáctica (es decir, la enseñabilidad de la virtud) versus la paideia (es decir, la acumulación natural de virtud).

 En Protágoras, el sujeto educado consistía en l0 que ahora nos pareceria como una amalgama de mente/cuerpo/alma (véase) por ejemplo). La sustancia que debia ser elaborada por la educación se hallaba relativamente indiferenciada según las normas actuales, un t6pico que ha contribuido a que comunmente se considere la educación griega como «humanista». Los historiadores y comentaristas han utilizado diversas traducciones del griego physis, incluídas las de “naturaleza”, “alma” y “espíritu”; está generalmente aceptado que el concepto de «naturaleza» sustituyó otros conceptos previos de «origen divino», gracias a los progresos logrados en el campo de la medicina. En cualquier caso, es posible interpretar la postura filosófica griega como aquella que permite una conmensurabilidad general dentro de uma «naturaleza» cuya bondad consiste en una mente/cuerpo/alma armoniosa.

 El sujeto educado de Platón tiene una naturaleza holística, y los critérios que dererminaban si el sujeto era educado o no también estaban relativamente indiferenciados. Es decir, los diálogos de Platón indican el fundamento de una conmensurabilidad natural y necesaria entre la «ley divina», la «ley natural» y la «razón). Al modo de tal concepción holística se le suele denominar «ley universal» 0 «principio universal», en el que todas las entidades y acontecimientos se pueden atribuir en último término a una sola Idea causal homogénea. En este sentido, la noción platónica de poder se puede describir como soberana, en la medida en que el poder se concebia como algo que tenia una forma claramente delineada e identificable. El poder soberano platónico se manifestaba en una Idea 0 norma con respecto a la cual se podía juzgar a todos los particulares.

 Para Platón, sin embargo, el poder soberano no era como el poder soberano de los tiempas medievales posteriores, en la medida en que el sujeto educado de Platón no se esforzaba por reconciliar la razón con Dios 0 por articular la relación entre Dios y la naturaleza humana. Para Platón, la tarea consistía más bien en cultivar la propia y verdadera naturaleza, necesariamente virtuasa, l0 que significaba estar en armonía con la razón, la divina providencia, la belleza y el placer.

 

educación

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Protágoras (dirigiéndose a los sofistas) y Sócrates estuvieron de acuerdo en que el régimen que construye al sujeto educado consistía en conocimiento y cuidado 0 atención del si mismo. Sofistas y socráticos desplegaron, sin embargo, tecnologías radicalmente diferentes para significar «cuidado y conocimiento». El régimen sofista propugnaba técnicas didácticas en las que un experto se encargaba de enseñar la virtud. El propio Protágoras era el modelo de maestro sofista cuyos argumentos, estructurados retóricamente, ofrecían el conocimiento capaz de impartir virtud. Para los sofistas, el conocimiento y el cuidado del sf mismo se podian enseñar (en el sentido didáctico) al sujeto educado.

En contraste con ello. el régimen socrático de paideia asumía que el conocimiento (y la virtud) formaban parte de la naturaleza de la persona. Esta suposición apoya la tecnología socrática del diálogo y la asunción de la «totalidad» indiferenciada de la naturaleza humana. Es decir, el sujeto educado cultivaba activamente la virtud socrática, pero ésta no se le enseñaba, en el sentido didáctico sofista. La tensión se establece entre la paideia por um lado, en la que la virtud se cultivaba cuando el sujeto educado intervenía en el diálogo, la ejecución musical 0 las hazañas atléticas, y la tecnología de la didáctica por el otro lado, en la que un «maestro» podía enseñar la virtud a un «alumno» .

 Las diferentes tecnologías de paideia y didáctica incluían suposiciones diferentes sobre la constitución del sujeto. Por un lado, paideia incluye la suposición de una naturaleza holística y completa; no hay necesidad de intervenir en el crecimienro «natural» de la persona hacia la virtud. Del mismo modo, la posibilidad de ser educado venía determinada por el nacimiento y no se hallaba al alcance de la mayoría de la gente. Por’ el otro lado, la didáctica incluye la suposición de una naturaleza incompleta 0 imperfecta que exige la intervención de un maestro para cultivar la virtud. Simultáneamente, la tecnología de la didáctica incluye la suposición de que la posibilidad de ser «educado» no venía determinada por derecho de nacimiento.

 En la Grecia cláasica, la íntima tradición familiar de la educación como paideia se vió sustituída gradualmente por las tecnologías más púb icas de la didáctica. Incluso Platón en sus últimos escritos, como La Repciblica y Leyes, construyó al sujeto educado menos en términos de paideia y más en términos de didáctica. N0 obstante, los términos del debate entre Sócrates y Protágoras son útiles para comprender que la didáctica (0 enseñabilidad) no siempre habia de darse por sentada como constituyente del sujeto educado.

El sujeto educado del discurso de Platón es virtualmente irreconocible según las normas actuales. En la década de 1990 no sól0 se asume que el sujeto educado es «enseñable», sino que tiene características individuales como «estilo de aprendizaje» y «fase de desarrollo», que cspecifican la naturaleza de la enseñabilidad. Esta forma de pensar habría sido totalmente extraña tanto para Sócrates como para Protágoras.

9
dez

Sócrates, o mais sábio dos homens

   Posted by: Héctor Hugo Palacio

 

Sócrates

Sócrates

 

Sócrates ensinou durante a guerra do Peloponeso. Ensinava em praças públicas, exortando os jovens a viver a virtude. Dele não sabemos muito, pois nada escreveu. A seu respeito preconizara a pitonisa do templo de Apolo que se tratava do mais sábio dos homens. Dois de seus discípulos mais fieis é que nos deixaram uma biografia mais precisa sobre essa enigmática e não menos admirável figura: Xenofonte e, sobretudo, Platão.

Platão, em inúmeros de seus escritos, apresenta o mestre como um espírito inquieto e audaz. Homem irônico, luminoso e perspicaz, de invejável autodomínio, preocupado com a educação da juventude e com a felicidade do homem em geral. A felicidade somente seria possível, graças à busca constante da justiça, tanto no homem quanto na cidade.

 Sabemos da influencia de Sócrates na vida de Platão. A morte do mestre, em 399 a.C., deixou marcas indeléveis no jovem filósofo. Mesmo não estando presente no trágico e último momento de vida do amigo, Platão escreve o Fédon, diálogo de rara beleza literária, que retrata, com detalhes, o saudoso e último encontro de Sócrates com seus amigos mais íntimos. No final desse diálogo, aparece um testemunho vivo de um dos presentes: “Tal foi o fim de nosso companheiro. O homem de quem podemos bendizer que, entre todos os de seu tempo, que nos foi dado conhecer, era o melhor, o mais sábio e o mais justo“.

 

Morte de Sócrates

Morte de Sócrates

No diálogo Fédon, Sócrates aparece como um homem imbuído de uma profunda fe e religiosidade, de raro equilíbrio e dignidade. Não se desespera diante da morte. Aceita-a com liberdade e resignação. Nada pode abalar sua paz interior, fruto de uma vida vivida segundo a própria consciência e razão. Sócrates, o homem reconciliado com a própria história, conseqüência de uma vida virtuosa e reta, aproveita seus últimos momentos neste mundo para dar aos seus discípulos uma aula sobre a imortalidade da alma. Reconforta-os e prepara-os para o futuro. Diante dos prantos e lamentações dos amigos, exclama: “Que gente incompreensível! Se mandei as mulheres embora, foi sobretudo para evitar semelhante cena, pois, segundo me ensinaram, é com belas palavras que se deve morrer. Acalmai-vos, vamos! Dominai-vos!”

 Ninguém encarou o mestre ideal de um modo mais pleno, a ponto de, na maioria de seus diálogos, Platão colocar Sócrates como protagonista, e, por vezes, é difícil distinguir o que pertence genuinamente a um ou a outro.

 Sócrates considerava seu dever imperioso abrir os olhos dos demais aos bens mais excelsos da vida humana que são os da alma. Diferentemente dos sofistas, acreditava na existência de uma ordem universal e de verdades e valores morais absolutos. Sua função na educação do espírito do seu povo, de modo especial dos jovens, tinha para ele um caráter sagrado. Educar, para Sócrates, era uma missão e um imperativo legado a si pelos próprios deuses.

 O autoconhecimento do ser humano era um dos elementos fundamentais preconizados pela educação socrática: Conhece-te a ti mesmo!” Dessa frase, inscrita no templo de Apolo, Sócrates faz o programa de sua vida e a recomendação básica feita aos seus discípulos.

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A concepção grega acerca do modo de ser e agir do homem tem seu ponto de partida na noção de movimento natural. Dentro da natureza (physis), além do deslocamento ou da alteração externa das coisas, há, em primeiro lugar, o seu aparecimento ou geração e, por último, a sua inelutável decadência. Ou seja, a noção grega de movimento implica, sobretudo, a idéia de mudança.

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Os filósofos pré-socráticos pensavam o homem como parte do todo que compõe a realidade natural. Característico da atitude filosófica que eles inauguram diante do pensamento mítico é não ver mais o homem como estando submetido a forças sobrenaturais. Mas, se não se encontra mais explicado pelas cosmogonias míticas, o homem ainda encontrava sua explicação diretamente a partir da natureza, e não a partir de “sua natureza própria humana”.

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Gerado e corruptível, o homem é um ser natural. Como os outros seres vivos, ele também nasce e morre, depois de uma vida passageira. E tudo o que foi gerado na dimensão humana igualmente perece. Isto inclui as famílias, as cidades e os povos. Mas o movimento não acontece na desordem (kaos) e toda mudança pressupõe uma imutabilidade ou permanência de fundo: o universo se encontra regulado por uma ordem inflexível (cosmos), que determina a organização (logos) ou a finalidade de cada coisa gerada. No caso dos seres vivos, a finalidade é a própria vida (bios). Então, todo movimento nesses seres é orientado para a sua conservação e a perfeição interna, até que a dinâmica se esgote e conduza, finalmente, à morte. Em resumo, o “humano” é explicado pela “natureza”.

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A partir do século IV a.C., instaurou-se na Grécia uma nova forma política, a democracia. Com ela criaram-se novos instrumentos jurídico-sociais para as cidades gregas (polis) e novas atitudes e habilidades dos cidadãos que desejavam participar das decisões relevantes da assembléia governante (ekklesia). Em função dos embates políticos, o importante para um cidadão era conduzir os demais por meio de suas palavras.

2boillyCom essa nova realidade política floresceram as escolas sofísticas. Os sofistas são antes de tudo professores da arte do bem falar, a retórica. Sendo mestres de “persuasão”, eles foram acusados de transmitir um conhecimento enganoso, graças à pretensão impossível de tudo saber.

As principais ideais sofísticas sobre a verdade e a realidade são as de que não há pontos de referência absolutos e externos àqueles que cada homem individualmente é capaz de enunciar e, mesmo que houvesse, não poderiam ser atingidos ou encontrados. A verdade é “feita pelo homem” e só serve para ele. As ações humanas individuais são guiadas por meras convenções, e podem, portanto, ser modificadas de acordo com as circunstâncias. Em conclusão, não existem determinações naturais imutáveis e válidas universalmente para os comportamentos humanos, quer estejam na dimensão ética, quer na vida política. Com a sofística, o “humano” só pode ser explicado pelo próprio “humano” (isto é, do que é “feito pelo homem”). A sociedade humana é vista, assim, numa perspectiva “agonística”, a de um embate entre as diferentes formas de falar e pelos diferentes interesses.

5sense21Com as idéias naturalistas dos pré-socráticos sendo colocadas em xeque pelos sofistas, Sócrates viu a necessidade de recolocar em discussão a imagem do homem e sua forma particular de existência, dentro das coisas naturais. Já se sabia que esse ser possui uma “estranha propriedade” que o distingue dos outros seres vivos: seu “modo de funcionamento” (ergon) é em parte indeterminado, o que significa que ele aparentemente “escapa” àquela ordem inflexível do destino cósmico, tal como ela é percebida nos outros seres.

Mas esta “indeterminação”, ela mesma, faz parte da ordem cósmica. À natureza humana foi dada a capacidade de compartilhar da propriedade essencial do cosmos, que é o logos. É por isso que o homem tem o poder inédito de se determinarentendendo e expressando suas próprias determinações. Sendo o logos, em último caso, o propósito ou finalidade do próprio cosmos, ao ser habitado pelo pensamento (logos) o homem tem em si uma “porção divina” que “responde” nele à inteligência ou propósito do universo. E é por isso que é o único animal em condições de ter uma vida ética e política.

socrates1Sócrates acredita radicalmente no valor do logos de cada um, que é o mesmo e único logos que determina a verdade de todas as coisas: há que se buscar a verdade a partir de um “conhecimento de si”, de um “autodomínio” em termos de pensamento e ação, no exercício de sua missão, como ele considerava a discussão filosófica, a ação de conduzir pelo diálogo à busca da verdade, e não à mera vitória verbal pelo belo discurso, como os sofistas faziam.

Ao substituir a retórica pelo diálogo, utiliza o procedimento de “pensar passo a passo”. Seu método consta de dois momentos: na ironia, quando o interlocutor é levado a se livrar das idéias preconcebidas, Sócrates não pretende apenas ganhar uma disputa verbal, mas utilizar a argumentação para purificar a mente do outro; e na maiêutica, quando, já despido dos preconceitos, o interlocutor pode utilizar uma argumentação e um raciocínio corretos. Assim fazendo, permitirá que nasçam nele as idéias corretas acerca da verdade e do bem. E a mais firme convicção de Sócrates é precisamente esta : impossível deixar de praticar o bem uma vez que se chegue a conhecê-lo.

victoryA capacidade de agir bem, a virtude (Arete) é uma capacidade de todos, más só pode ser desenvolvida se houver a disposição para realizar o esforço necessário para buscar a verdade. O (agir) mal decorre, portanto, antes de tudo, de um estado de ignorância da verdade e da justiça. Não existe uma “maldade inerente” ao homem. Existe, talvez, uma “ignorância”, que pode ser superada por uma educação apropriada, a ser conduzida principalmente pelo diálogo, pela convivência orientada pelos bons argumentos e pela prática do esforço constante de autoconhecimento.

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