Posts Tagged ‘Foucault’

27
mai

El sujeto educado (sexta parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Educación, Foucault, autodisciplina, gubernamentalidad, sujeto

el sujeto de la educacion

Responsabilidad y autodisciplina individual

La relación del individuo con la sociedad fue una controversia de la modernidad, pero la controversia sobre el papel social del individuo se convirtió en algo habitual. La noción de “educación para la ciudadanía” quedó ampliamente incrustada en las instituciones y discursos. La controversia discursiva sobre la relación del individuo con la sociedad pasó a convertirse en una controversia sobre la identidad del individuo y el bienestar personal. En qué circunstancias fue posible ver al individuo como el lugar de la responsabilidad disciplinar?

La era progresista en Estados Unidos (aproximadamente 1880-1920) nos proporciona un ejemplo de cambios históricos en las tecnologías de la verificación, es decir, de las estadísticas, y en las tecnologías de la gobernación, es decir, la autodisciplina psicológica. Las categorías sociológicas, vigorosamente debatidas durante la modernidad, terminaron siendo aceptadas como “realidades” estadísticas. Es decir, muchos aspectos de los debates políticos y científicos de la modernidad (como por ejemplo, son las razas “realmente” diferentes?) se convirtieron en debates administrativos y finalmente se “resolvieron” y formalizaron mediante diversos procesos de legislación, institucionalización y prácticas discursivas. Además, los movimientos progresistas amplificaron el papel de la psicología en la educación.

La sustancia de la anterior subjetividad griega, medieval y de la Ilustración se correspondía en cierto sentido con un ser humano individual. Los trastornos de la epistemología moderna constituyeron una subjetividad transpersonal en el contexto de la formación de las instituciones sociales y la metafísica (neo) kantiana. A principios del siglo XX se estaban estableciendo instituciones sociales y políticas y se planteaban nuevos conjuntos de temas sociales y políticos. Académicamente, la separación de la psicología respecto de la filosofía moral supuso una nueva relación del sujeto educado con la sociedad y con el conocimiento y los métodos estadísticos adquirieron una creciente influencia en las ciencias sociales.

Eso generó una nueva configuración de lo que se podía saber y de cómo se podía saber cualquier cosa. El conocimiento de la ciencia social pudo expresarse en términos de estadísticas y al sujeto educado se le pudo reconocer en términos de psicología. Es decir, los fenómenos sociales se hicieron comprobables y verificables sobre la base de la medición estadística, la correlación y la predicción. Al mismo tiempo, la educación se fue convirtiendo cada vez más en una empresa psicológica y la psicología emergente se apropió de las categorías sociológicas de la modernidad. En el discurso educativo se efectuó la apropiación de las categorías establecidas estadísticamente (como los cocientes de inteligencia), como normas psicológicas que constituyen al sujeto educado.

La educación del sujeto

En este modelo de producción del conocimiento se identificó al sujeto que había de ser educado como un conglomerado de atributos definidos estadísticamente, como raza y género, apropiados como atributos del individuo en las formas de personalidad, afecto, sensibilidades perceptivas y cognición. Al mismo tiempo, sin embargo, el conocimiento no se asentaba en una sola mente, cuerpo o alma individual y ya no se podía basar en la experiencia personal (subjetiva), como pudo hacerse en épocas anteriores.

La educación, el lenguaje y los descriptores de la psicología se cuentan entre las tecnologías de la individualización, resultado lógico de la objetivación del sujeto. Este cambio epistemológico tendría finalmente un doble efecto: construiría conocimiento en términos de categorías estadísticas y construiría al conocedor como un ejemplo individual de tales categorías.

Un aspecto significativo de los cambios en la constitución del sujeto de los tiempos modernos es la fusión del lugar de poder y el sujeto de poder. En las épocas anteriores se había concebido el poder como soberano y situado fuera del sí mismo, mientras que el sujeto de poder había sido el sí mismo natural/social. Es decir, la subjetividad mantuvo previamente una relación agonística con el poder soberano. No obstante, los efectos de la modernización formal consistieron en desplazar el poder desde estructuras externas o soberanas a prácticas de autodisciplina. Así, el sujeto educado quedó investido de una nueva clase de poder, el de gobernarse a sí mismo. Las capacidades racionalizadoras de la psicología convirtieron la autogobernación en un aspecto del sujeto educado. A partir de entonces, al sujeto educado se le identificó según las capacidades psicológicas, mediatizadas por el conocimiento experto, y reguladas en términos de instituciones sociales. En tales circunstancias, el poder para autogobernarse fue simultáneamente la disciplina de ser psicológicamente normal.

El modo/régimen de gobernación, en su capacidad disciplinaria como “biopoder”, ha  sido analizado por Foucault como gubernamentalidad. En este modelo de gobernación, cuando la subjetividad está constituida a través de prácticas que identifican el sí mismo, se hace imposible distinguir el modo de subjetivación de su régimen. Es decir, en el análisis de Foucault, la gobernación tradicional (diferente de la moderna) fue un modelo en el que el poder era ejercido por “otro”, por algo situado fuera del “sí mismo”. El lugar de este poder soberano tradicional era discreto e identificable; en consecuencia, resultaba posible concebir un sujeto constituido en una relación positivamente agonística con el lugar del poder.La educación del sujeto

En contraste con ello, la gobernación moderna es un modelo en el que se espera que el sujeto educado, como ciudadano psicológicamente regulado, ejerza el poder que gobierna al sí mismo. Las relaciones de poder de la gobernación incluyen no sólo comportamiento, sino también “mentalidad” o el “alma”. En la modernidad se había puesto de manifiesto la existencia de un modelo de gubernamentalidad, pero se discutía el grado en el que la política suponía una gobernación del sí mismo. En el discurso educativo y a principios del siglo XX, este concepto de política como gubernamentalidad había cruzado un umbral epistemológico desde un tema discutible, hasta convertirse en una asunción tácita. No cabía ya la menor duda de que el sujeto educado sería autodisciplinado.

Del mismo modo que el conocimiento moderno era una clase de objetivación reflexiva (el sujeto percibe al sujeto), la gubernamentalidad es una clase de gobernación reflexiva (el sujeto disciplina al sujeto). El sujeto es reconocido así como “educado” y “civilizado” precisamente gracias a su “autodisciplina”. Y, a la inversa, al sujeto se le considera como “no civilizado” y “no educado” en la medida en que está constituido como no autodisciplinado.

Al sujeto educado se le pude describir como actualizado en términos psicológicos derivados de las normas estadísticas. Las estadísticas se desarrollaron como una solución a los problemas de diferencias teórico-práctica-políticas;  puesto que la sociedad consistía en papeles diferenciados, la educación habría de servir a propósitos diferenciados. Se esperaría por tanto del sujeto educado que asumiera identidades diferenciadas de acuerdo con las diversas adscripciones estadísticas (es decir, actuariales) que se ordenarían y regularían por medio del diagnóstico y la intervención psicológicas.

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7
mar

El sujeto educado (primera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Educación, Foucault, genealogia

 

 

 

El sujeto educado

El sujeto educado

Una genealogia del sujeto educado

 

 

 

Uno de los objetivos típicos de la genealogía es el de problematizar las suposiciones comunes. Uno de los objetivos típicos del discurso educativo crítico es el de interrumpir las relaciones de poder existentes. Las genealogias de Foucault no dan por sentado al sujeto, sino que mas bien analizan la constitución de la subjetividad como un efecto de las relaciones de poder. En consecuencia, la genealogia de Foucault es un enfoque fructífero para criticar los efectos del poder en los significados corrientes que tiene actualmente el término «educado».

 En un primer momento pretendo examinar las construcciones sociales de «educado» a trayés de la historia. Intento comprender que clase de relaciones y técnicas podrían explicar los valores normalizados en los diversos significados de «educado». En otras palabras, lo que actualmente se supone que es «educado» incluye valores concretos, al definir lo que es normal y lo que no lo es. En consecuencia, puede decirse de esos valores que contienen poder; los valores normativos son pruebas que nos aportan claves para comprender como se ha ejercido el poder.

 

el sujeto de la educación

el sujeto de la educación

Esta genealogia examina seis suposiciones que ejemplifican la construcción del sujeto «educado» del presente. La primera suposición que caracteriza el discurso educativo actual es la enseñabilidad 0 capacidad para ser enseñado. La segunda es que el conocimiento que constituye al sujeto educado es científico, en el sentido mundano 0 secular. La tercera suposición en el discurso actual es que existe un procedimiento generalizable para llegar a ser «educado». Esta suposición forma la base de afirmaciones sobre los «estilos de aprendizaje» y las «discapacidades de aprendizaje». La cuarta suposición es que el sujeto educado tiene capacidad para reflexionar objetivamente. En una genealogía foucaultiana, a este medio cognoscible de autocontrol se le llama «tecnologías del sí mismo». La quinta suposición es que el sujeto educado se ha individualizado y ha sido identificado según referentes demográficos. Esta suposición es evidente en las formas corrientes de etiquetar a los individuos como «mujer», «inteligente», «discapacitado para aprender», «de riesgo», «de desarrollo normal», etcetera. Finalmente, y esta es una evolución relativamente nueva, el sujeto educado es aquel que se complace en educarse y que desea ser autodisciplinado.

Esta genealogía intenta examinar algunas formulaciones iniciales de estas características, que ahora son suposiciones, acerca del sujeto educado. Es decir, características del sujeto educado que ahora se dan por sentadas, se consideraron como controvertidas en una u otra época. Por ejempl0, hoy suele asumirse que «educado» es un efecto del conocimiento que se puede enseñar y no un efecto de la gracia divina 0 de la evolución natural. Esta tradición didáctica ya fue debatida por Platón, pero en la actualidad suele aceptarse como un hecho. Exploro, para cada una de las seis suposiciones, un caso histórico en el que se debatió una característica, sin asumirla, con el propósito de sugerir alternativas para las suposiciones actuales y «hacer extraño l0 que nos resulta “familiar».

A lo largo de la genealogía surgen otras imagenes radicalmente distintas de l0 que significa ser «educado» y confío en que, al analizarlas, se problematice l0 que ha significado ser «educado» a l0 largo del tiempo. Al hacerlo así, será posible sopesar mejor unas pocas de las suposiciones que vinculan y limitan nuestras definiciones actuales de «educado». En este sentido, mi proyecto es político al suponer que los significados de «educado» fueron establecidos por el poder y se hallan sometidos a éste, en lo que se denomina un sujeto «socialmente construído», «regulado» 0 «normalizado».

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1
mar

Michel Foucault

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Foucault, genealogia

Michel Foucault

Michel Foucault

A obra de Michel Foucault – por sua originalidade, suas hipóteses ousadas, seu caráter contestador de valores e práticas estabelecidas e sua análise inovadora – teve grande importância nos anos 70 e 80, influenciando muitas vertentes, inclusive no Brasil, a partir da metodologia que propôs, a arqueologia e a genealogia. Conforme ele próprio afirma, as influencias que 0 marcaram inicialmente foram Freud, Marx e Nietzsche, sobretudo a leitura feita por Heidegger de Nietzsche.

Michel Foucault

Michel Foucault

 Em sua História da loucura (1961), Foucault realiza uma “análise arqueológica” da constituição em nossa tradição do conceito de loucura e da forma de tratá-la. A arqueologia como método de análise do discurso de um determinado saber ou ciência consiste em uma tentativa de tornar explícitos os elementos implícitos e subjacentes a este saber e ao conjunto de práticas que estabelece. Em Nascimento da clínica (1963), realiza uma arqueologia do saber médico e de sua formação na modernidade; em As palavras e as coisas (1966), uma arqueologia das ciências humanas, i.e., da concepção de natureza humana e de subjetividade que pressupõem. Sua Arqueologia do saber (1969), obra de caráter mais metodológico, discute a arqueologia como método de análise crítica do discurso. Crítica não no sentido de partir de um ideal de verdade e de conhecimento, mas enquanto método capaz de explicitar os elementos implícitos em um saber e de examinar seus efeitos e conseqüêcias, implicações e aplicações práticas.

 

M. Foucault

M. Foucault

Em Vigiar e punir (1976), Foucault introduz a noção de genealogia, que retoma e desenvolve na Microfísica do poder (1981) e na História da sexualidade (1976). Sua inspiração encontra-se na genealogia da moral de Nietzsche, em que este analisa a gênese ou origem dos valores morais em nossa tradição cultural de modo a desmistificá-los. A genealogia consiste assim em uma análise histórica da formaçãao de determinados discursos que constituem um saber, ou saberes, relacionando-os com formas de exercício do poder em um contexto social e cultural específico. Não se trata tanto do poder institucional, de uma análise política do Estado, por exemplo, mas sobretudo de como 0 poder se exerce de forma difusa através de certas práticas em uma cultura e em um momento histórico determinados.

Foucault

Foucault

 Foucault é, portanto, um crítico da tradição moderna, na medida em que questiona seus pressupostos epistemológicos e problematiza a concepção de filosofia como tendo por tarefa a fundamentação do conhecimento, da ética e da política. Suas análises procuraram revelar relações a então inexploradas, por exemplo, entre saberes como a medicina, sobretudo a psiquiatria, políticas sociais como o encarceramento, e concepções de subjetividade e natureza humana que se constituem ao longo da tradição moderna. Seu método de análise se pretende crítico em um sentido diverso do que encontramos na filosofia crítica de Kant à Escola de Frankfurt, já que visa explicitar 0 implícito e mostrar relações entre os saberes e as formas de exercer o poder em nossa cultura até então não detectadas. Seu trabalho se define, portanto, mais como história das idéias ou da cultura, como ele mesmo admite, do que como vinculado à filosofia em seu sentido estrito ou tradicional, uma vez que envolve um conhecimento profundo de história, uma análise documental, e uma pesquisa de campo, que normalmente não pertencem à metodologia filofica. Entretanto, esse tipo de análise se caracteriza exatamente por sua natureza interdisciplinar e por romper com as fronteiras tradicionais das disciplinas e áreas do saber.

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27
fev

El sujeto educado (primera parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Foucault, Paideia, genealogia, história, sujeto educado

Una genealogia del sujeto educado

el sujeto educado

el sujeto educado

 Uno de los objetivos típicos de la genealogía es el de problematizar las suposiciones comunes. Uno de los objetivos típicos del discurso educativo crítico es el de interrumpir las relaciones de poder existentes. Las genealogias de Foucault no dan por sentado al sujeto, sino que mas bien analizan la constitución de la subjetividad como un efecto de las relaciones de poder. En consecuencia, la genealogia de Foucault es un enfoque fructífero para criticar los efectos del poder en los significados corrientes que tiene actualmente el término «educado».

En un primer momento pretendo examinar las construcciones sociales de «educado» a través de la historia. Intento comprender que clase de relaciones y técnicas podrían explicar los valores normalizados en los diversos significados de «educado». En otras palabras, lo que actualmente se supone que es «educado» incluye valores concretos, al definir lo que es normal y lo que no lo es. En consecuencia, puede decirse de esos valores que contienen poder; los valores normativos son pruebas que nos aportan claves para comprender como se ha ejercido el poder.

Esta genealogia examina seis suposiciones que ejemplifican la construcción del sujeto «educado» del presente. La primera suposición que caracteriza el discurso educativo actual es la enseñabilidad 0 capacidad para ser enseñado. La segunda es que el conocimiento que constituye al sujeto educado es científico, en el sentido mundano 0 secular. La tercera suposición en el discurso actual es que existe un procedimiento generalizable para llegar a ser «educado». Esta suposición forma la base de afirmaciones sobre los «estilos de aprendizaje» y las «discapacidades de aprendizaje». La cuarta suposición es que el sujeto educado tiene capacidad para reflexionar objetivamente. En una genealogía foucaultiana, a este medio cognoscible de autocontrol se le llama «tecnologías del sí mismo». La quinta suposición es que el sujeto educado se ha individualizado y ha sido identificado según referentes demográficos. Esta suposición es evidente en las formas corrientes de etiquetar a los individuos como «mujer», «inteligente», «discapacitado para aprender», «de riesgo», «de desarrollo normal», etcetera. Finalmente, y esta es una evolución relativamente nueva, el sujeto educado es aquel que se complace en educarse y que desea ser autodisciplinado.

 

el sujeto educado

el sujeto educado

Esta genealogía intenta examinar algunas formulaciones iniciales de estas características, que ahora son suposiciones, acerca del sujeto educado. Es decir, características del sujeto educado que ahora se dan por sentadas, se consideraron como controvertidas en una u otra época. Por ejempl0, hoy suele asumirse que «educado» es un efecto del conocimiento que se puede enseñar y no un efecto de la gracia divina 0 de la evolución natural. Esta tradición didáctica ya fue debatida por Platón, pero en la actualidad suele aceptarse como un hecho. Exploro, para cada una de las seis suposiciones, un caso histórico en el que se debatió una característica, sin asumirla, con el propósito de sugerir alternativas para las suposiciones actuales y «hacer extraño l0 que nos resulta “familiar».

 A lo largo de la genealogía surgen otras imagenes radicalmente distintas de l0 que significa ser «educado» y confío en que, al analizarlas, se problematice l0 que ha significado ser «educado» a l0 largo del tiempo. Al hacerlo así, será posible sopesar mejor unas pocas de las suposiciones que vinculan y limitan nuestras definiciones actuales de «educado». En este sentido, mi proyecto es político al suponer que los significados de «educado» fueron establecidos por el poder y se hallan sometidos a éste, en lo que se denomina un sujeto «socialmente construído», «regulado» 0 «normalizado».

 

 Que es enseñable? Paideia y didáctica

 

educación

educación

En el discurso educativo actual se da generalmente por sentado que la enseñanza forma parte de la educacion. «Qué conocimiento merece la pena alcanzar?» Ese es quizá el más famoso marco para el debate sobre lo que se debería enseñar y se trata de un debate característico del discurso educativo actual. Las características del sujeto educado, sin embargo, surgen a través de un análisis de suposiciones sobre lo que se puede enseñar. Esas suposiciones sobre lo que se puede enseñar son hoy en día muy diferentes a lo que fueron hace tan solo un siglo.

 En esta sección examino el Protágoras de Platón para analizar algunas de las primeras formulaciones del debate acerca de l0 que se puede enseñar. La cuestión fundamental del diálogo es: «Se puede enseñar la virtud?». En el debate entre Sócrates y Protágoras encontramos algunas de las formulaciones iniciales del principio de la didáctica (es decir, la enseñabilidad de la virtud) versus la paideia (es decir, la acumulación natural de virtud).

 En Protágoras, el sujeto educado consistía en l0 que ahora nos pareceria como una amalgama de mente/cuerpo/alma (véase) por ejemplo). La sustancia que debia ser elaborada por la educación se hallaba relativamente indiferenciada según las normas actuales, un t6pico que ha contribuido a que comunmente se considere la educación griega como «humanista». Los historiadores y comentaristas han utilizado diversas traducciones del griego physis, incluídas las de “naturaleza”, “alma” y “espíritu”; está generalmente aceptado que el concepto de «naturaleza» sustituyó otros conceptos previos de «origen divino», gracias a los progresos logrados en el campo de la medicina. En cualquier caso, es posible interpretar la postura filosófica griega como aquella que permite una conmensurabilidad general dentro de uma «naturaleza» cuya bondad consiste en una mente/cuerpo/alma armoniosa.

El sujeto educado de Platón tiene una naturaleza holística, y los critérios que dererminaban si el sujeto era educado o no también estaban relativamente indiferenciados. Es decir, los diálogos de Platón indican el fundamento de una conmensurabilidad natural y necesaria entre la «ley divina», la «ley natural» y la «razón). Al modo de tal concepción holística se le suele denominar «ley universal» 0 «principio universal», en el que todas las entidades y acontecimientos se pueden atribuir en último término a una sola Idea causal homogénea. En este sentido, la noción platónica de poder se puede describir como soberana, en la medida en que el poder se concebia como algo que tenia una forma claramente delineada e identificable. El poder soberano platónico se manifestaba en una Idea 0 norma con respecto a la cual se podía juzgar a todos los particulares.

 

genealogia del sujeto educado

genealogia del sujeto educado

Para Platón, sin embargo, el poder soberano no era como el poder soberano de los tiempas medievales posteriores, en la medida en que el sujeto educado de Platón no se esforzaba por reconciliar la razón con Dios 0 por articular la relación entre Dios y la naturaleza humana. Para Platón, la tarea consistía más bien en cultivar la propia y verdadera naturaleza, necesariamente virtuasa, l0 que significaba estar en armonía con la razón, la divina providencia, la belleza y el placer.

 Protágoras (dirigiéndose a los sofistas) y Sócrates estuvieron de acuerdo en que el régimen que construye al sujeto educado consistía en conocimiento y cuidado 0 atención del si mismo. Sofistas y socráticos desplegaron, sin embargo, tecnologías radicalmente diferentes para significar «cuidado y conocimiento». El régimen sofista propugnaba técnicas didácticas en las que un experto se encargaba de enseñar la virtud. El propio Protágoras era el modelo de maestro sofista cuyos argumentos, estructurados retóricamente, ofrecían el conocimiento capaz de impartir virtud. Para los sofistas, el conocimiento y el cuidado del sf mismo se podian enseñar (en el sentido didáctico) al sujeto educado.

 En contraste con ello. el régimen socrático de paideia asumía que el conocimiento (y la virtud) formaban parte de la naturaleza de la persona. Esta suposición apoya la tecnología socrática del diálogo y la asunción de la «totalidad» indiferenciada de la naturaleza humana. Es decir, el sujeto educado cultivaba activamente la virtud socrática, pero ésta no se le enseñaba, en el sentido didáctico sofista. La tensión se establece entre la paideia por um lado, en la que la virtud se cultivaba cuando el sujeto educado intervenía en el diálogo, la ejecución musical 0 las hazañas atléticas, y la tecnología de la didáctica por el otro lado, en la que un «maestro» podía enseñar la virtud a un «alumno» .

 Las diferentes tecnologías de paideia y didáctica incluían suposiciones diferentes sobre la constitución del sujeto. Por un lado, paideia incluye la suposición de una naturaleza holística y completa; no hay necesidad de intervenir en el crecimienro «natural» de la persona hacia la virtud. Del mismo modo, la posibilidad de ser educado venía determinada por el nacimiento y no se hallaba al alcance de la mayoría de la gente. Por’ el otro lado, la didáctica incluye la suposición de una naturaleza incompleta 0 imperfecta que exige la intervención de un maestro para cultivar la virtud. Simultáneamente, la tecnología de la didáctica incluye la suposición de que la posibilidad de ser «educado» no venía determinada por derecho de nacimiento.

 En la Grecia cláasica, la íntima tradición familiar de la educación como paideia se vió sustituída gradualmente por las tecnologías más púb icas de la didáctica. Incluso Platón en sus últimos escritos, como La Repciblica y Leyes, construyó al sujeto educado menos en términos de paideia y más en términos de didáctica. N0 obstante, los términos del debate entre Sócrates y Protágoras son útiles para comprender que la didáctica (0 enseñabilidad) no siempre habia de darse por sentada como constituyente del sujeto educado.

El sujeto educado del discurso de Platón es virtualmente irreconocible según las normas actuales. En la década de 1990 no sól0 se asume que el sujeto educado es «enseñable», sino que tiene características individuales como «estilo de aprendizaje» y «fase de desarrollo», que cspecifican la naturaleza de la enseñabilidad. Esta forma de pensar habría sido totalmente extraña tanto para Sócrates como para Protágoras.

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15
dez

El a priori histórico y el análisis del discurso

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Foucault, a priori histórico, discurso

Michel Foucault

Michel Foucault

 

El análisis de los discursos que propone Foucault introduce una verdadera ruptura respecto de la “tradición filosófica y lingüística”, pues no se propone analizarlos a partir de la actividad sintética del sujeto, de los significados internos, o a partir de un sujeto del conocimiento o sus intencionalidades, la originalidad, el genio o cualquier otro operador psicológico o metafísico. Antes bien, analiza los discursos a partir de su funcionamiento inmanente, a partir de las reglas que determinan su formación, aparición, emergencia y singularidad. Para Foucault, los discursos y las prácticas que éste inspira obedecen a reglas no explícitas en su superficie, y que conforman al mismo tiempo, un conjunto de restricciones y posibilidades com arreglo a las cuales los discursos suelen ser enunciados, transmitidos, transcritos, escritos, legitimados o rechazados. Por lo mismo, es posible postular una suerte de “imperativo discursivo” que no opera en el nivel de sus verdades interiores ni de su justificación epistemológica, sino de acuerdo a un conjunto de reglas anónimas que provienen de su misma positividad. Ahora bien, el análisis de esta positividad es lo que constituye unos de los objetos privilegiados de la Arqueología. Y podemos agregar que cuanto más se desconocen las reglas que gobiernan los discursos y sus prácticas, más se está expuesto a ellas, y a servir de vehículo a toda clase de supuestos o pensamientos automáticos, los cuales suelen introducirse con notable facilidad, generando así aquellas dispersiones y discontinuidades que la historia de las ideas recoge como contradicciones o desviaciones. En efecto, el régimen de dispersión o desviación de los discursos responde a leyes precisas de formación que el “autor”, más allá de su deliberación, decisión, genialidad o intención, no podrá exhumar ni torcer por fuera de las condiciones de posibilidad material que constituyen los discursos y enunciados en tanto tales. Sin embargo, la psicologización del conocimiento ha hecho depender la producción del saber de instancias tales como la “tradición”, el “espíritu”, el genio, y ha instaurado un “sujeto puro de conocimiento”, más allá de las condiciones materiales de la enunciación y de cuyo régimen depende cualquier formación discursiva. Foucault considera que el “autor” es un operador, un “actuador”, una superficie de emergencia que pone en juego las reglas de formación discursiva a las que no sólo está expuesto sino que al mismo tiempo es su resultado. Por ello mismo, no hay “sujeto trascendental” irreductible y permanente, sino “subjetividad” como resultado y emergente de las prácticas discursivas que lo condicionan.

 

Foucault

Foucault

El a priori, desde el siglo XVI, y según su acepción filosófica más corriente suele  ser aplicado al tipo de conocimiento que se origina en el ámbito de la razón y que resulta ser independiente y anterior a la experiencia. Esta anterioridad es de naturaleza lógica y funciona como una suerte de organizador que traduce el conocimiento sensible en el lenguaje articulado de la razón.  Pues nada que no tenga la estructura lógica del lenguaje puede ser conocido. Y precisamente, dado su carácter de anterioridad lógica respecto de cualquier otro conocimiento empírico, el a priori es considerado como una categoria trascendental. Este a priori pertenece a nuestro aparato de conocimiento, y en su origen, tal como lo señala Kant, es independiente de nuestra experiencia sensible y forma parte de ese dominio de supuestos y categorias a cuyo arreglo el “sujeto cognoscente” accede al núcleo de la experiencia. Entre los atributos del conocimiento a priori, señalamos: su naturaleza formal, su independencia respecto del conocimiento sensible, y su carácter fundador de la experiencia. Sin embargo, este carácter fundador no se aplica a la posibilidad meramente fáctica de la experiencia en tanto tal (Quid facti?) ,sino en el orden del derecho o la petición de princípios (Quid júris?); es decir, su justificación, su fundamentación.

Foucault

Foucault

Ahora bien, la inversión que introduce Foucault en la cuestión del a priori, consiste por un lado en una inversión, y por el otro, en un vaciamiento. En efecto, en el primer caso se sustituye la norma de derecho, e1 orden de la justificación, por el régimen de los hechos. Asi, el a priori no es aquello que justifica y legaliza a la experiencia sino lo que hace posible la realidad material de los enunciados, es decir, su positividad. Se trata ante todo de una figura empírica. El a priori concreto, lejos de servir a la validación de la experiencia, sirve a las condiciones materiales de existencia de los enunciados, sus transformaciones, sus vecindades, a los principios que permiten su emergencia y desaparición. El segundo aspecto de esta inversión consiste en vaciar, evacuar del interior de los enunciados a todo sujeto trascendental del conocimiento, es decir, a todo “cogito” pensante, y en virtud del cual, los enunciados pudieran ser presentados como una síntesis operada por el sujeto. Así, lo propio de este a priori foucaultiano se refiere a la condición misma de los enunciados, a su modo de existencia y coexistencia, aparición y desaparición, no-coherencia y dispersión. En modo alguno este a priori discurre o toma partido por sus verdades interiores, justeza, adecuación, sino que analiza las leyes de su funcionamiento, su proceso discursivo, su capacidad para hacer aparecer nuevos enunciados y desplazar a otros.

 

Foucault

Foucault

A diferencia de lo que postulan los filósofos transcendentales, el a priori foucaultiano es un a priori orientado hacia la historicidad, y no ya a um principio fundador que organiza y legitima la experiencia a partir de um conjunto de verdades establecidas sino que ante todo, consiste en un conjunto en permanente transformación. Este conjunto, en verdad, es un tejido (episteme, positividades, discursos, archivo), un entramado de objetos que se entrelazan y se entrecruzan hasta asumir una figura determinada en la episteme, y gracias a la cual, quedan definidas para una época determinada. A su vez, estas positividades responden a ciertas modalidades de disposición y ordenamiento que Foucault denomina “archivo”, y que rige el conjunto de discursos efectivamente pronunciados y de enunciados efectivamente dichos como acontecimientos singulares.

 

Foucault

Foucault

El a priori histórico es un sistema ( episteme, positividades, archivo) compuesto a su vez por un sub-sistema (discursos, enunciados, objetos discursivos) que posee su propia estructura y su propia función consistente en la delimitación de un campo de saber posible, los mecanismos reguladores del comportamiento de los objetos, su dispersión, su simultaneidad. Este sistema tiene su propia autonomía y en su interior no reside sujeto alguno que sea capaz de orientar su finalidad o dirección hacia un lugar determinado. Este sistema se autoregula conforme a un funcionamiento específico que ninguna subjetividad trascendental podrá orientar mas allá de lãs reglas que lo determinan y lo constituyen como sistema autónomo. Por ello, el a priori histórico no analiza autores ni pensadores, quienes, no obstante operar en su interior, constituyen puntos de emergencia antes que lugares de síntesis o de orientación. El a priori histórico se vale de unidades, de conjuntos, de series, de relaciones, de secuencias, y lo que pone en juego, es el conjunto de las dispersiones, desapariciones y emergencias, conforme a ciertas condiciones de formación y de transformación.

 Foucault

A su vez, los sistemas y subsistemas que conforman el a priori histórico se encuentran atravesados y expuestos a toda clase de transformaciones, convulsiones, interrupciones, quiebres, que suscitan por su parte nuevas configuraciones, muchas veces de un modo brusco y repentino. De este modo toda una episteme puede verse convulsionada a la luz de otra episteme incipiente, y esto no ocurre inopinadamente por obra del desconocimiento o de la incapacidad, sino por efecto de una transformación subterrânea anónima, como resultado de haberse incrementado un saber o una técnica en ciertas regiones epistemológicas. Así, un descubrimiento, un perfeccionamiento de ciertas técnicas de lectura, un cambio drástico en el campo perceptivo o episteme de una época, pueden hacer tambalear a toda una arquitectura del saber bien fundada, bien codificada y rigurosamente construida. El a priori histórico subvierte la noción de la continuidad  histórica, e interrumpe el mito de la finalidad de la historia en dirección al progreso creciente.

 

Foucault

Foucault

Foucault no analiza autores, sino el funcionamiento de ciertos enunciados, de ciertos discursos, sus leyes de significación, sus reglas de formación. Tampoco apela a un sujeto puro del conocimiento en cuyo fondo se ha hecho aparecer la distorsión, el error, la desviación con arreglo a la cual es medida, y también el acierto, la adecuación y la exactitud. Los errores, las distorsiones, las equivocaciones, los cortes, forman parte de los discursos, y el orden de su dispersión no es azaroso sino que responde a estrictas reglas de formación.

 

Michel Foucault

Michel Foucault

El discurso puede ser analizado alegóricamente respecto de aquello que quiere significar, o bien, puede ser analizado a partir de sus funcionamientos autónomos, a partir de sus reglas de formación, y donde los sujetos pensantes aparezcan como superficies de emergencia de la enunciación, como sus escansiones, sus cortes, antes que sus agentes activos y conscientes.

 

M. Foucault

M. Foucault

La materialidad del discurso propuesta por Foucault y que surge de aplicar las operaciones arqueológicas, parece encontrarse muy próxima a la materialidad del significante postulada por Lacan en su enseñanza. La misma autonomía del significante respecto del significado es la que parece existir entre el discurso y los múltiples significados que éste puede asumir. Y del mismo modo que no existe una significación absoluta u originaria, tampoco existe un discurso originario a partir del cual se desplegaran el resto de los discursos a modo de una cascada. Pero, en lo que respecta a la causa del discurso, Lacan destaca allí la dimensión de una carencia, una falta que se prorroga indefinidamente, mientras que para Foucault, el motor de los discursos parece residir en las complejas reglas que regulan sus comportamientos y transformaciones. No obstante, el punto de encuentro de ambas prácticas reside en destacar la materialidad del diseurso y su autonomía respecto de cualquier sujeto de la enunciación que quisiera, arrogarse para sí la soberanía de sus leyes. El discurso, en uno y en outro caso, pre-existen al sujeto. Esta pre-existencia, esta materialidad que atraviesa a los sujetos, esta autonomía, el anonimato de sus reglas es lo que permite sostener y justificar un análisis arqueológieo de los discursos.

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Michel Foucault

Michel Foucault

 

Foucault reconoce en los pensamientos de Bachelard y Canguilhem a lo que puede denominarse, utilizando la propia terminologia de la Arqueologia, las pre-existencias discursivas que permitieron construir y orientar sus investigaciones históricas. Los conceptos de salto epistemológico“, “acto epistemológico“, “ruptura epistemológicaintroducidos y acuñados por Bachelard, le proveyeron a Foucault los indicios necesarios a partir de los cuales, era posible progresar en una dirección hasta el momento inédita, en el dominio de la investigación histórica. En efecto, la “ruptura epistemológica” interrumpía el supuesto de la continuidad histórica en dirección a un progreso creciente y habilitaba un campo de investigación novedoso, por cuanto el campo perceptivo a partir del cual la historia aparecía como una sucesión ininterrumpida de hechos, se enfrentaba ahora a una serie de quiebres y accidentes. El mito del “progreso histórico” había dominado casi toda la escena historiográfica del siglo XIX, y gran parte de aquella que tendrá lugar en la primera mitad del siglo XX. El modo más usual de manifestarse consistía en apelar a lãs valoraciones actuales para juzgar y evaluar los hechos del pasado.

 

Gaston Bachelard

Gaston Bachelard

El concepto de “discontinuidad“, puede decirse, consiste en una reelaboración de los conceptos acuñados por Bachelard, en relación a volver explícita la constitución del nuevo campo perceptivo de la historia y de las notables posibilidades discursivas que éste permite. El mito del progreso y las lecturas de la história que éste ha inspirado, quedan así exhumados a partir de las convergencias entre Foucault y Bachelard y la nueva lectura de la historia.

 

Canguilhem

Canguilhem

Sin embargo, las sucesivas rupturas epistemológicas que pone de manifiesto Bachelard, se topan finalmente con un escollo estructural al que este autor denomina “obstáculo epistemológico“. Este obstáculo se refiere a todos aquellos residuos, remanencias, restos de los discursos anteriores que no permiten la consolidación del nuevo saber y que bloquean las vías y los trayectos por los cuales la nueva episteme procura abrirse camino. Este obstáculo puede ser derribado a condición de volver inteligibles los funcionamientos de los conceptos. Bachelard llama a este proceso “psicoanálisis de la razón“, y consistía en el análisis de los mecanismos inconscientes del pensamiento, y que Foucault denominaría “funcionamientos discursivos anónimos“. En efecto, la filtración de los mitos, supuestos, creencias, no depende de la deliberaci6n o del proyecto del autor ni de las disposiciones o capacidades intelectuales de un pensador cualquiera sino de la pre-existencia de ciertas materialidades discursivas, ciertas reglas de funcionamiento que no pueden ser desviadas ni orientadas a voluntad sino que se imponen como las condiciones de posibilidad que rige para toda práctica discursiva.

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