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7
mar

El sujeto educado (segunda parte)

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Educación, Grécia, Platón, Protágoras, Sócrates, sujeto

Que es enseñable? Paideia y didáctica

 

educación

educación

En el discurso educativo actual se da generalmente por sentado que la enseñanza forma parte de la educacion. «Qué conocimiento merece la pena alcanzar?» Ese es quizá el más famoso marco para el debate sobre lo que se debería enseñar y se trata de un debate característico del discurso educativo actual. Las características del sujeto educado, sin embargo, surgen a través de un análisis de suposiciones sobre lo que se puede enseñar. Esas suposiciones sobre lo que se puede enseñar son hoy en día muy diferentes a lo que fueron hace tan solo un siglo.

 En esta sección examino el Protágoras de Platón para analizar algunas de las primeras formulaciones del debate acerca de l0 que se puede enseñar. La cuestión fundamental del diálogo es: «Se puede enseñar la virtud?». En el debate entre Sócrates y Protágoras encontramos algunas de las formulaciones iniciales del principio de la didáctica (es decir, la enseñabilidad de la virtud) versus la paideia (es decir, la acumulación natural de virtud).

 En Protágoras, el sujeto educado consistía en l0 que ahora nos pareceria como una amalgama de mente/cuerpo/alma (véase) por ejemplo). La sustancia que debia ser elaborada por la educación se hallaba relativamente indiferenciada según las normas actuales, un t6pico que ha contribuido a que comunmente se considere la educación griega como «humanista». Los historiadores y comentaristas han utilizado diversas traducciones del griego physis, incluídas las de “naturaleza”, “alma” y “espíritu”; está generalmente aceptado que el concepto de «naturaleza» sustituyó otros conceptos previos de «origen divino», gracias a los progresos logrados en el campo de la medicina. En cualquier caso, es posible interpretar la postura filosófica griega como aquella que permite una conmensurabilidad general dentro de uma «naturaleza» cuya bondad consiste en una mente/cuerpo/alma armoniosa.

 El sujeto educado de Platón tiene una naturaleza holística, y los critérios que dererminaban si el sujeto era educado o no también estaban relativamente indiferenciados. Es decir, los diálogos de Platón indican el fundamento de una conmensurabilidad natural y necesaria entre la «ley divina», la «ley natural» y la «razón). Al modo de tal concepción holística se le suele denominar «ley universal» 0 «principio universal», en el que todas las entidades y acontecimientos se pueden atribuir en último término a una sola Idea causal homogénea. En este sentido, la noción platónica de poder se puede describir como soberana, en la medida en que el poder se concebia como algo que tenia una forma claramente delineada e identificable. El poder soberano platónico se manifestaba en una Idea 0 norma con respecto a la cual se podía juzgar a todos los particulares.

 Para Platón, sin embargo, el poder soberano no era como el poder soberano de los tiempas medievales posteriores, en la medida en que el sujeto educado de Platón no se esforzaba por reconciliar la razón con Dios 0 por articular la relación entre Dios y la naturaleza humana. Para Platón, la tarea consistía más bien en cultivar la propia y verdadera naturaleza, necesariamente virtuasa, l0 que significaba estar en armonía con la razón, la divina providencia, la belleza y el placer.

 

educación

educación

Protágoras (dirigiéndose a los sofistas) y Sócrates estuvieron de acuerdo en que el régimen que construye al sujeto educado consistía en conocimiento y cuidado 0 atención del si mismo. Sofistas y socráticos desplegaron, sin embargo, tecnologías radicalmente diferentes para significar «cuidado y conocimiento». El régimen sofista propugnaba técnicas didácticas en las que un experto se encargaba de enseñar la virtud. El propio Protágoras era el modelo de maestro sofista cuyos argumentos, estructurados retóricamente, ofrecían el conocimiento capaz de impartir virtud. Para los sofistas, el conocimiento y el cuidado del sf mismo se podian enseñar (en el sentido didáctico) al sujeto educado.

En contraste con ello. el régimen socrático de paideia asumía que el conocimiento (y la virtud) formaban parte de la naturaleza de la persona. Esta suposición apoya la tecnología socrática del diálogo y la asunción de la «totalidad» indiferenciada de la naturaleza humana. Es decir, el sujeto educado cultivaba activamente la virtud socrática, pero ésta no se le enseñaba, en el sentido didáctico sofista. La tensión se establece entre la paideia por um lado, en la que la virtud se cultivaba cuando el sujeto educado intervenía en el diálogo, la ejecución musical 0 las hazañas atléticas, y la tecnología de la didáctica por el otro lado, en la que un «maestro» podía enseñar la virtud a un «alumno» .

 Las diferentes tecnologías de paideia y didáctica incluían suposiciones diferentes sobre la constitución del sujeto. Por un lado, paideia incluye la suposición de una naturaleza holística y completa; no hay necesidad de intervenir en el crecimienro «natural» de la persona hacia la virtud. Del mismo modo, la posibilidad de ser educado venía determinada por el nacimiento y no se hallaba al alcance de la mayoría de la gente. Por’ el otro lado, la didáctica incluye la suposición de una naturaleza incompleta 0 imperfecta que exige la intervención de un maestro para cultivar la virtud. Simultáneamente, la tecnología de la didáctica incluye la suposición de que la posibilidad de ser «educado» no venía determinada por derecho de nacimiento.

 En la Grecia cláasica, la íntima tradición familiar de la educación como paideia se vió sustituída gradualmente por las tecnologías más púb icas de la didáctica. Incluso Platón en sus últimos escritos, como La Repciblica y Leyes, construyó al sujeto educado menos en términos de paideia y más en términos de didáctica. N0 obstante, los términos del debate entre Sócrates y Protágoras son útiles para comprender que la didáctica (0 enseñabilidad) no siempre habia de darse por sentada como constituyente del sujeto educado.

El sujeto educado del discurso de Platón es virtualmente irreconocible según las normas actuales. En la década de 1990 no sól0 se asume que el sujeto educado es «enseñable», sino que tiene características individuales como «estilo de aprendizaje» y «fase de desarrollo», que cspecifican la naturaleza de la enseñabilidad. Esta forma de pensar habría sido totalmente extraña tanto para Sócrates como para Protágoras.

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16
nov

A educação na Grécia

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in Grécia, Homero, Paideia, Platão, Sofistas, educação, política, virtude, ética

 

O pensador

O pensador

 

 

O espírito grego nos legou uma concepção original de homem e tal concepção vemo-la exprimida pela Filosofia. Nela aparecem, segundo Henrique C. L. Vaz, duas facetas fundamentais do homem: este feito um animal que fala e discorre (zôon logikón) e o homem como um animal político que vive e se desenvolve dentro de uma pólis (zôon politikón).

 A passagem de uma óptica arcaica para uma visão clássica do homem tem como pano de fundo o problema do destino (moira). Os gregos, desde os primórdios de sua reflexão filosófica, se depararam com a dificuldade de conciliar o homem, como um ser livre e participante da pólis, com as forças inexoráveis do destino (anankê), que arrastam esse mesmo homem.

 

Moira

Moira

A liberdade, para os gregos, só pode ser compreendida a partir da perspectiva da tragédia grega. Esta caracteriza-se fundamentalmente pelo sentimento de que há uma desproporção entre as causas e os efeitos; ou seja, como explicar o fato de que, para intenções boas, temos uma resultante de conseqüências más? Como entender o que se passa com Antígone, drama tão antigo e tão atual?

 

Tragedia grega

Tragedia grega

 Se, no primeiro momento, a tragédia grega se alimenta do mito, é ela que vai possibilitar a passagem da mitologia para a filosofia. Aparentemente, temos uma contradição. De um lado, o sentimento de que é justo procurar o bem e realizar a liberdade. De outro, forças exteriores, estranhas e desconhecidas, que se chocam com a vontade humana determinando os acontecimentos. “Ninguém pode escapar ao destino”. Os sucessos pertencem aos deuses; ao homem cabe apenas o esforço. Apesar do mais cruel destino, existe alguma coisa que pertence única e exclusivamente ao homem: a sua atitude pessoal e livre diante dos acontecimentos. Por mais que os acontecimentos exteriores fiquem de fora do domínio e do controle do homem, a sua atitude lhe pertence e depende exclusivamente de si mesmo.

Quanto ao destino, conforme Lima Vaz, temos duas abordagens: a primeira, representada por Ésquilo, de caráter mais pessimista e que predomina no Tempo Arcaico, acentuando a inexorabilidade do destino e, diante dele, o desamparo do homem abandonado à própria sorte. A segunda, representada por Eurípides, possui um caráter moralista que prevalecerá na Idade Clássica. Esta última funda-se sobre a descoberta da responsabilidade pessoal e tenta mergulhar na esfera da realidade; nela o homem pode estender seu poder de escolha e, portanto, ser-lhe imputado um mérito ou um demérito. Sófocles marca a passagem entre ambas as concepções, de modo especial por meio do ciclo tebano.

Apoteose de Homero

Apoteose de Homero

No mesmo período, aparece a figura de Homero, o grande criador, organizador e modelador da cultura grega. Homero é considerado o educador grego por excelência. Platão, em seu diálogo com Glaucon, apresentado no Livro X de A República, conta que era opinião unânime, no seu tempo, a idéia de ter sido Homero o educador da Grécia. E, apesar de que o filósofo da Academia parece não concordar totalmente com essa idéia e, na sua crítica filosófica ter denunciado a limitação do conteúdo da poesia como critério de verdade, não conseguiu ofuscar a influência de Homero em toda a Hélade e para além de suas fronteiras.

A poesia de Homero teve grande influência no pensamento e na educação dos gregos, porque a poesia, na cultura grega, faz valer todas as forças estéticas e éticas do homem. A arte tem um poder ilimitado de conversão espiritual. É o que os gregos chamavam psicagogia. A psicagogia busca, ao mesmo tempo, a vida real e a reflexão “filosófica”, concluindo daí que a poesia tem vantagem sobre qualquer ensino intelectual e verdade racional, assim como sobre as meras experiências acidentais da vida do indivíduo.

Na poesia homérica, os gregos vêem estampado seu ideal de posteridade. Ao longo de sua obra, Homero deixa transparecer grande preocupação com a formação ética e espiritual do homem. Para ele, como para os gregos em geral, as últimas fronteiras da ética não são as convenções do dever, senão e, sobretudo, leis do ser.

Segundo Jaeger, na epopéia grega, de certo modo, já se encontra em germe a filosofia grega. E do ponto de vista da concepção do mundo, a epopéia grega é mais objetiva e mais profunda do que a épica medieval. A intervenção dos deuses nos fatos e os sofrimentos humanos obrigam o poeta grego a levar sempre em conta as ações do homem e o seu destino no mundo, de modo que possa subordinar os acontecimentos à conexão universal do mundo, valorizando-os pelas mais altas normas religiosas e também morais.

Na epopéia grega, vemos, também, representada uma alta função sócio-educativa. Nela está presente toda a educação posterior da Grécia. A função social e educadora do poeta se manifesta pela união necessária e inseparável da poesia e do mito. Homero utiliza exemplos míticos para todas as situações imagináveis da vida em que um homem pode estar presente junto à vida de outro homem. O mito serve como uma espécie de instância normativa e, nesse sentido, representa um discurso ideal de mundo.

O homem e o mito

O homem e o mito

A educação clássica do homem presente na Grécia arcaica e sistematizada por Homero, por meio da epopéia, assenta-se na idéia de uma formação humana baseada num ideal de nobreza cavalheiresca, que, por sua vez, dará origem a uma espécie de ética aristocrática, presente em muitos pontos, em séculos posteriores, mediado pelo pensamento ético de Platão e Aristóteles. Está presente nesse ideal de formação a busca de uma excelência humana que seria atingida, sobretudo, pela prática da aretê e pelo prestígio e honra adquiridos na pólis.

Nos antigos gregos, o conceito aretê (cuja tradução para a atualidade não é fácil), a virtude da têmpera heróica, ética e da nobreza que caracterizava a bravura guerreira dos cavaleiros, eis talvez o primeiro conceito de educação, de formação do homem. Assim, a palavra aretê, tema essencial na história da formação grega, é a expressão do mais alto ideal cavalheiresco unido a uma conduta cortês e distinta. Encontra-se nela um atributo próprio da nobreza. Está associada também a uma idéia de força, de capacidade, habilidade física e guerreira. A figura do herói, tão presente na educação grega, como alguém capaz de dar a vida para defender a cidade, é a representação máxima da aretê.

 O Homem vulgar não tem aretê. A aretê é, então, um atributo da excelência humana, e da beleza de caráter que orienta a praxe (a ação quotidiana) humana para o bem é, enfim, a unidade suprema de todas as excelências.

 A paidéia – estruturação da vida individual, assente em princípios de virtude absoluta, cultivo da perfeição humana – é o meio para se alcançar a aretê. Com efeito, já houve tempo em que se considerava a paidéia (mais ainda a agogé espartana) o mais alto fim do Estado (pólis). Tudo na vida dos helênicos estava vinculado ao ideal da aretê. As artes: a Arete da tragédia, da comedia, da poesia, da música (Homero, Ésquilo, Sófocles, Simônides, Tirteu…); a filosofia, ou aretê do saber (Sócrates, Platão…); os esportes: a ginástica (aretê da força física, ideal olímpico); a política (politéia) equilíbrio entre a vida pública e a vida privada.

Atenas

Atenas

 Em geral, quando falamos da Grécia antiga, logo remontamos a Atenas como o símbolo da maior genialidade grega, mas nem sempre foi assim, já que os primeiros a incutir um ideal de educação, com base na idéia de excelência humana, foram os espartanos e não os atenienses. O século VII é o grande século de Esparta. A educação espartana assume um caráter militar. Seu objetivo não era mais selecionar heróis, senão formar uma pólis inteira de heróis. O ideal educativo subordina a conduta humana pessoal à idealizada pela coletividade política e, para tornar isso possível, o Estado assume a educação do indivíduo. Esparta, no entanto, continua a conservar no interior de sua paidéia traços de origem cavalheiresca: a ênfase na prática da educação física, por meio da ginástica; a educação musical, encarregada de proporcionar ritmo e harmonia ao educando e, de mãos dadas com a música, aplicavam-se ao ensino das letras, da poesia e da literatura em geral. Em A República, Platão se espelha em muitos elementos da educação espartana, de modo especial da Esparta do século VII. Durante esse período, Esparta será modelo de desenvolvimento humano e espiritual para toda a Grécia.

 Encontramo-nos, agora, na Atenas do século V a.C., cenário onde se desenvolve nosso Diálogo e tempo em que se inicia a democracia. O século VI tinha sido marcado por intensas desordens, conseqüência de problemas não solucionados no final do século VII e, na medida em que Esparta vai perdendo influência, Atenas assume o protagonismo dentro do mundo grego. De modo especial, a partir dos meados desse século, chegará ao apogeu de sua civilização, graças a um de seus governantes mais ilustres: Péricles.

 Com o advento da democracia, não somente os nobres aristocratas, como também os cidadãos atenienses em geral, conquistam gradualmente o privilégio de participar da vida política e cultural de Atenas. Aquela educação, privilégio de um pequeno grupo pertencente à aristocracia ateniense, é estendida ao demos e colocada no alcance de toda criança grega. A prática do atletismo torna-se exercício popular. Nas diversas modalidades de esportes, estava presente uma educação baseada no antigo ideal homérico do valor e da aretê, com uma conotação fortemente moral, que se resume em formar o homem belo e bom, não mais representado na figura do guerreiro herói, mas na do atleta civil, que se torna herói quando vence as competições.

 A educação, portanto, torna-se coletiva. Não se trata mais de uma educação individual, ministrada por um preceptor (geralmente um escravo letrado), mas de uma educação grupal, aberta à coletividade. Essa mudança de um ensino individual para um ensino grupal vai exigir uma institucionalização da educação. Surge, então, a escola.

 A civilização ateniense terá papel de destaque durante dois séculos, mas é nesse contexto e nessa época que em Atenas se inaugura um paradigma diferente na filosofia. Se até então se tratava de resolver problemas de ordem cosmológica, agora o centro da discussão filosófica será ocupado pelo homem e seus problemas práticos e particulares. A civilização de Atenas torna-se, acima de tudo, a civilização do homem.

 Nesse novo paradigma, impera o pensamento de que nada é mais importante para o homem do que o próprio homem e suas relações na cidade. A importância e a centralidade desse pensamento sobre o homem levarão Protágoras a afirmar que “O homem é a medida de todas as coisas, das que são enquanto são e das que não são enquanto não são”. De maneira semelhante, Sófocles também expressa essa nova mentalidade em sua peça Antígone, ao proclamar: “Muitas coisas portentosas existem, mas nenhuma é mais portentosa do que o homem”.

 

Sofistas

Sofistas

Essa nova fase filosófica, com a predominância do interesse pelo homem e suas relações na sociedade, foi dominada pelos sofistas, que desenvolveram atividades em torno da segunda metade do século V e centraram esforços na reflexão sobre o homem e, de modo especial, o homem como um ser que age e participa da vida da cidade. Etimologicamente, o termo “sofista” significa sábio, porém, com o decorrer dos anos e, sobretudo, por causa das críticas de Platão, o vocábulo assume uma conotação pejorativa e ganhará o sentido de impostor.

 Da educação nas sociedades primitivas, que visava apenas a manter a imutabilidade sagrada das técnicas culturais e não desconhecendo que nenhuma sociedade humana sobrevive sem que sua cultura seja transmitida de geração para geração – esta entrega (do Latim trádere) de cultura é a tradição – passou-se para a nova educação, nas sociedades ditas (mais) civilizadas que incorporam, além daquela transmissão cultural, o dado novo do aperfeiçoamento e correção da tradição.

 Todas as coisas mudam sempre sobre uma base que não se modifica jamais. Assim, por exemplo, os conceitos de direito (sempre o reto, o justo), de democracia (evoca sempre povo), de pedagogia (paidagogia evoca sempre a idéia de condução, daí o escravo – o paidagogo – que conduzia pelas mãos a criança à escola, ao saber). Mudam as palavras, mas as coisas em si (ou seus conceitos) são as mesmas: educar é alterar a natureza humana, é tornar os homens melhores, alcançar a aretê é o propósito de nossa vida; a pedagogia sofista bem divisou isto. Há a virtude cívica (aretê política) que é o fundamento do Estado; há a verdade como virtude essencial da ciência (episthême) e mais dizemos: de toda educação; há a virtude do indivíduo que é múltipla: a solidariedade, a eticidade, a justiça, além do adestramento/instrução técnico-profissional (parte não essencial da paidéia autêntica, que visa a formar o homem na aretê total).

 Antes de ser ciência autônoma, a pedagogia era parte integrante da ética ou da política e elaborada unicamente em atenção aos fins propostos pela ética e pela política para o homem. Como natureza prática/empírica, no entanto, a pedagogia se referia ao primeiro e mais elementar adestramento da criança para a vida (privada e pública). Eis aqui o ponto crucial desta especulação: este viés prático/pragmático anulou a razão de ser (a aretê total, a formação virtuosa do educando, adulto ou criança) da pedagogia e, conseqüentemente, da educação. A propósito, é bem atual a advertência de Platão: importa mais infundir à pólis um êthos (o espírito ético) bom e não dotá-la de um amontoado de leis.

 O cultivo da alma individualizada com a consciência viva da comunidade, da cidade/estado, com a aretê, constitui para Platão o fim último da educação. Em suma, trata-se de harmonizar os interesses privados/individuais com os públicos/cívicos: um bom estado exige um bom cidadão e vice-versa, um cidadão que saiba mandar e obedecer orientado pelo fundamento da justiça. Tudo isto é função da educação autêntica, norteada pelo ensino da aretê. Com efeito, foi a cultura ática a primeira a equilibrar as duas forças: o impulso criador do indivíduo e a energia unificadora da comunidade política. Nem o apogeu da alma individualizada, do ente individual/pessoa humana que surge com o cristianismo, nem a radicalização individualista do liberalismo, ou os totalitarismos, podem tolher a vocação primeira da educação como ensino ético-político, verdadeiro eixo de sustentação da formação integral do homem contemporâneo. A formação ético-política é parte essencial da verdadeira paidéia, da educação autêntica. Daí por que Tucídides vê o Estado como a mais alta escola de cultura plena e a vida privada como a propaidéia (base preparatória da paidéia) da vida pública (da paidéia política).

 A perfeição humana, a educação total (aretê total), é sempre uma fórmula de eterna procura, tal como a justiça, a democracia, objetos de desejo jamais alcançáveis como resultado absolutamente conclusivo ou terminativo.

 Ensinar pressupõe a crença de que mudanças são possíveis; daí por que o ato de ensinar é constante exercício da faculdade humana de criticar. É preciso criticar, discutir, mudar, enfim não parar de buscar a razão de ser de nossa ação educativa. Este é o problema fundamental de toda a educação: educação no sentido ético, como supremo bem e suma felicidade humana, a busca do bom e do belo a serviço da formação do homem.

 Sem dúvida a educação tem tudo relação direta com a transmissão e a aquisição do saber, contudo, para além desta tese óbvia, estamos querendo asseverar que o pensamento sobre a educação deve-se ocupar, igualmente, com a relação entre o saber e a vida humana ou, se quisermos, pelo valor do saber para nortear e dar sentido à existência dos homens.

 A prática da educação é o conjunto de condições especiais com as quais o homem elabora e transmite sua peculiaridade de cultura. Se quisermos a recondução do sentido de nossa história educativa, contudo, devemos tentar uma harmonia no conceito, uma unidade na multiplicidade viva, uma dialética que propicie um horizonte para valores mais vitais, mais conformes às exigências de um estado de coisas que se apresenta escuro, frágil e, às vezes, equivocado.

 As normas que se estabelem como propícias para reger a comunidade educativa têm como finalidade uma razão nivelada por um tipo de lógica instrumental, técnica, que situa o valor do progresso material como entidade única na qual os indivíduos se reconhecem e identificam. Assim, quando o econômico, o político, o tecnológico e o científico são colocados como pano de fundo da ação comunitária, a educação não pode apresentar uma via de recondução para valores que realcem a dignidade e a justiça como conceitos reguladores da aretê, que pode ser alcançada por uma sociedade específica.

 

Polis

Polis

A formação grega está estreitamente vinculada com ao conceito de alma, que aparece no período clássico (tés psychê épimelêisthai), o cuidado da alma. A formação da alma por si mesma na coerção de seus pensamentos permite que o indivíduo não se perca em meio a uma multidão de opiniões incompatíveis. Desse modo, o novo ideal, a exigência inaugurada por Sócrates/Platão é uma resposta responsável a tudo aquilo que faz e por tudo aquilo que pensa. De certa maneira, o homem se forma a si mesmo ou, como disse Gadamer: educar é educar-se.

 Hoje o “saber” é constituído essencialmente pela ciência e pela tecnologia e concebe-se como algo essencialmente infinito, universal e objetivo, de alguma forma impessoal, como alguma coisa que está aí, fora de nós, como algo do qual nos podemos apropriar e, simplesmente, usar; alguma coisa que tem relação fundamentalmente, com aquilo que é útil em seu sentido mais estreitamente pragmático. Do outro lado, a “vida” se reduz a sua dimensão biológica, à satisfação das necessidades (sempre incrementadas pela lógica do consumo), à supervivência dos indivíduos e das sociedades. Por isso, quando dizemos que a educação deve preparar  “para a vida”, queremos dizer que deve preparar para “ganhar a vida” e para “sobreviver” da melhor maneira possível em um “entorno vital” cada vez mais complexo. Nessas condições, resulta claro que a mediação entre o saber e a vida não é outra que a apropriação utilitária do saber em relação às necessidades da vida.

 Dessa forma, penetramos uma questão central: a do sentido e o valor do saber para a vida. E aqui “valor” não significa a mesma coisa que “utilidade”. Se nos perguntarmos pela utilidade do saber para a vida, não questionamos nem o saber nem a vida, nem o saber como mercadoria (inclusive como dinheiro, lembrando as teorias do capital humano e toda a ênfase contemporânea na rentabilidade do conhecimento), nem a vida como satisfação de necessidades reais ou induzidas (pensamos aqui naquilo que significa para nós “qualidade de vida” ou “nível de vida”). Se nos perguntamos, porém, pelo valor do saber para a vida, quiçá a própria pergunta faça emergir a suspeita da miséria daquilo que sabemos e os limites de nossas possibilidades de existência.

 Certamente, também hoje, a crise da educação coincide tanto com uma crise de legitimidade do saber transmitido como com um empobrecimento do sentido da vida. E quiçá, também hoje, o pensamento da educação tenha que se perguntar pela relação entre o saber e a vida humana. Suponhamos que essa relação ainda dá o que pensar que, todavia, precisa ser pensada. Suponhamos que estejam em jogo não tanto a verdade do saber e a forma de sua transmissão, mas o valor da verdade. E essa é uma expressão que devemos a Nietzsche: “… temos que tentar de uma vez colocar em questão o valor da verdade”. Quando se nos fala da verdade, devemos perguntar-nos qual é o sentido e o valor daquilo que se nos apresenta como verdadeiro (não somente seu preço ou sua rentabilidade).

 O que a dialética disputa à poesia é o privilégio da legitimidade pedagógica, desde o ponto de vista moral: o reconhecimento de seu papel privilegiado na formação das pessoas na aretê e no ordenamento da cidade justa. Por isso, é o filósofo que conhece o ser, que, como fundador do Estado, tem a tutela moral da cidade e das almas de cada um dos cidadãos, que se preocupa com a ordem da cidade e de que seus membros cheguem a ser homens de bem, é também, o único habilitado a, igualmente, julgar os fabricantes de mitos. E essa capacidade de julgar decorre de sua posse de um conhecimento sobre a verdade da alma, sobre a verdade da cidade e, também, sobre a verdadeira índole do saber mítico e poético no que diz respeito a seus efeitos morais.

 É o filósofo quem exibe um saber sobre a forma legítima de conservação e transmissão do saber. Assinala Thamus, no Fedro, que existe uma ameaça: a alma pode ser edificada sobre algo alheio a ela mesma, sobre caracteres exterioresallotrion typon –, sobre letras que vêm de fora e que se mantêm fora. A memória alcançada desde o exterior não é tal memóriamnêmê – senão só sua aparência, uma mera lembrançahypómnêsis – e, em último termo, esquecimentoléthê. Platão fala, no entanto, também, de uma forma interior de edificar a memória, que constitui a alma e que a confiança na escrita nos levaria a descuidar: os homens também podem chegar à lembrança “desde eles mesmos e por si mesmos” – autous hypo auton. Só desta forma se atinge a verdadeira sabedoria. Assim, mediante a oposição entre o exterior – éxothên – e o interior – éndothên – as letras representam, no mito platônico, a exterioridade, e só podem ser redimidas se forem, de alguma forma, apropriadas, interiorizadas, na própria substância da alma. É o homem interior quem tem de dar vida e realidade à sabedoria, desde sua própria interioridade. E aí, na exposição do que seja o chegar à lembrança desde dentro, é onde aparecem os termos ‘verdadealétheia – e ‘aprendizagem’didachê. O termo verdade aparece no fragmento do diálogo há pouco citado, conectado com uma forma viva de ensino: com a relação dialógica com os discípulos. A verdade não é, portanto, correspondência, mas essa relação viva entre o saber e a alma que se produz no território dialético da relação pessoal entre quem ensina e quem aprende.

Platão

Platão

 O que fez Platão foi formular a distinção entre o saber exterior, emprestado, pregado à consciência, porém exterior a ela, sem penetrá-la, sem estruturá-la, saber de pedantes, aparência de saber, alucinação de saber, falsa erudição, e um saber interior, nascido da própria pessoa, constituído paralelamente ao próprio amadurecimento da consciência, no qual a erudição, quando existe, não é mais do que o subproduto natural de um saber que está orientado à formação da alma.

 Um saber que não serve à formação é aquele com o qual se mantém uma relação exterior ou, em outras palavras, um saber que se aprende, no qual se adquire algo que antes não se possuía, mas aquilo que é adquirido se apresenta como pregado, sem perpassar a consciência, sem constituí-la, sem estruturá-la ou modificá-la, mas sempre exterior a ela, sem relação alguma com aquele que sabe, um saber deslocado de quem sabe, um saber que produz pedantes, quiçá eruditos, porém não pessoas educadas em uma relação viva e constituinte com o saber.

 As operações filosóficas de regulamentação e de reforma do saber encontram-se intimamente relacionadas com esse otimismo socrático que Nietzsche diagnosticou em O nascimento da tragédia e que se poderia considerar como o fundamento desse avanço racionalista constitutivo do nosso sentido comum. O otimismo socrático consiste em certa moralização do saber, impulsionada pela confiança na inteligibilidade da existência e na possibilidade de sua reforma. O que o Filósofo sustenta é a possibilidade de mudá-lo. A tese de Nietzsche parece ser que a de que a operação socrático-platônica abre a época em que ainda vivemos como o tempo da pedagogia, isto é, como a quadra caracterizada por um desígnio otimista e progressivo em relação à existência, e onde a regulamentação, a reforma e a transmissão do saber seriam seus instrumentos essenciais. Tal desígnio não é outra coisa que a convicção de que o saber “é capaz não só de conhecer, mas de corrigir o ser” e na crença de que o conhecimento “tem a força de uma medicina universal”.

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15
nov

Del mito al logos

   Posted by: Héctor Hugo Palacio    in mito

  

Zeus y Hera

Zeus y Hera

 

 “Los hombres comenzaron a filosofar movidos por la admiracion, y siguen haciendolo.” Esta sentencia de Aristóteles, que tiene su origen en Platón y que es aún válida en la actualidad, entiende por “admiración filosófica” el asombro ante los fenómenos y los acontecimientos inexplicables, del cual surge la cuestión acerca de las causas. En esta sentencia se plantea el problema del origen y del inicio de la filosofía: la filosofia de las distintas escuelas; profesional, no es la única que contiene un saber filosófico, sino que este se encuentra también presente en el mito, motivado a su vez por un cuestionamiento asombrado en busca de una explicación. Y realmente no es sencillo establecer el límite entre mito, pensamiento prefilosófico y filosofía, tal y como lo sugieren las divisiones establecidas por las historias de la filosofía.

   

Acropolis

Acropolis

Las materias a las que estos ámbitos del saber se dedican, es decir, la cuestión acerca del inicio del mundo, la explicacion de fenômenos de la naturaleza y de las instituciones y normas sociales, son comunes a todos, pero se diferencian por el modo en que tratan estos temas y, en concreto, por el modo específico que cada uno tiene de expresarlos. La tan citada transición del mito al logos se manifiesta en la diferencia entre un lenguaje narrativo de historias de dioses y de héroes y un lenguaje argumentativo. En lugar de una explicación Del mundo basada en los dioses, se busca progresivamente una forma racional de domínio del mundo. Aristóteles ilustra esta diferencia como sigue: “Los mitólogos han reflexionado sólo de modo comprensible para ellos mismos y no nos han tomado en consideración. Ya que, al hacer de los dioses principios, remiten el origen de todo a ellos y afirman que todo lo que no disfruta de la ambrosía y el néctar es mortal, entonces es evidente que con esto dicen algo que es comprensible para ellos, mientras que sobre la actuación de estas causas han dicho algo del todo incomprensible para nosotros. Pero no hay que aplicar consideraciones sesudas al conocimiento mítico. La información hay que buscarla en aquellos que argumentan con pruebas”. El origen de la filosofía en sentido estricto es el descubrimiento de La argumentación.

 

Nascimento de Venus

Nascimento de Venus

La filosofía griega no surge en el continente (a Atenas no llegará hasta el siglo V, en Esparta nunca arraigará), sino en las colonias griegas de Asia Menor (Mileto) y del sur de Italia (p. ej. Crotona y Elea) Esto se debe a que en estos lugares la confrontación con nuevas cuestiones y problemas y con otras formas de pensamiento ofrece más estímulos para una discusión teórica que en la metrópoli. Las exigências del tráfico y, especialmente, del comércio que parte de la polis y se extiende mucho más allá de sus fronteras, imponen sin más nuevas formas de argumentación y de comunicación lingüísticas y metodológicas más fiables y transparentes.

 

Ícaro

Ícaro

Los centros de interes de la filosofra griega abarcan los tres ámbitos de la física (teoría de la naturaleza), la ética y la lógica. La física se ocupa no sólo de la explicación del mundo celeste y de la tierra, de los fenômenos de la naturaleza, del tiempo, del espacio y del movimiento, sino también de la teologia, entendida como a doctrina sobre los dioses que se sigue de la contemplación de la naturaleza. Los historiadores de la antigüedad asocian estos tres âmbitos a distintos momentos históricos. Así, los presocráticos son considerados fundadores de la física; Sócrates y Platón, autores de la ética, y Aristóteles, descubridor de la lógica.

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A concepção grega acerca do modo de ser e agir do homem tem seu ponto de partida na noção de movimento natural. Dentro da natureza (physis), além do deslocamento ou da alteração externa das coisas, há, em primeiro lugar, o seu aparecimento ou geração e, por último, a sua inelutável decadência. Ou seja, a noção grega de movimento implica, sobretudo, a idéia de mudança.

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Os filósofos pré-socráticos pensavam o homem como parte do todo que compõe a realidade natural. Característico da atitude filosófica que eles inauguram diante do pensamento mítico é não ver mais o homem como estando submetido a forças sobrenaturais. Mas, se não se encontra mais explicado pelas cosmogonias míticas, o homem ainda encontrava sua explicação diretamente a partir da natureza, e não a partir de “sua natureza própria humana”.

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Gerado e corruptível, o homem é um ser natural. Como os outros seres vivos, ele também nasce e morre, depois de uma vida passageira. E tudo o que foi gerado na dimensão humana igualmente perece. Isto inclui as famílias, as cidades e os povos. Mas o movimento não acontece na desordem (kaos) e toda mudança pressupõe uma imutabilidade ou permanência de fundo: o universo se encontra regulado por uma ordem inflexível (cosmos), que determina a organização (logos) ou a finalidade de cada coisa gerada. No caso dos seres vivos, a finalidade é a própria vida (bios). Então, todo movimento nesses seres é orientado para a sua conservação e a perfeição interna, até que a dinâmica se esgote e conduza, finalmente, à morte. Em resumo, o “humano” é explicado pela “natureza”.

207feas

A partir do século IV a.C., instaurou-se na Grécia uma nova forma política, a democracia. Com ela criaram-se novos instrumentos jurídico-sociais para as cidades gregas (polis) e novas atitudes e habilidades dos cidadãos que desejavam participar das decisões relevantes da assembléia governante (ekklesia). Em função dos embates políticos, o importante para um cidadão era conduzir os demais por meio de suas palavras.

2boillyCom essa nova realidade política floresceram as escolas sofísticas. Os sofistas são antes de tudo professores da arte do bem falar, a retórica. Sendo mestres de “persuasão”, eles foram acusados de transmitir um conhecimento enganoso, graças à pretensão impossível de tudo saber.

As principais ideais sofísticas sobre a verdade e a realidade são as de que não há pontos de referência absolutos e externos àqueles que cada homem individualmente é capaz de enunciar e, mesmo que houvesse, não poderiam ser atingidos ou encontrados. A verdade é “feita pelo homem” e só serve para ele. As ações humanas individuais são guiadas por meras convenções, e podem, portanto, ser modificadas de acordo com as circunstâncias. Em conclusão, não existem determinações naturais imutáveis e válidas universalmente para os comportamentos humanos, quer estejam na dimensão ética, quer na vida política. Com a sofística, o “humano” só pode ser explicado pelo próprio “humano” (isto é, do que é “feito pelo homem”). A sociedade humana é vista, assim, numa perspectiva “agonística”, a de um embate entre as diferentes formas de falar e pelos diferentes interesses.

5sense21Com as idéias naturalistas dos pré-socráticos sendo colocadas em xeque pelos sofistas, Sócrates viu a necessidade de recolocar em discussão a imagem do homem e sua forma particular de existência, dentro das coisas naturais. Já se sabia que esse ser possui uma “estranha propriedade” que o distingue dos outros seres vivos: seu “modo de funcionamento” (ergon) é em parte indeterminado, o que significa que ele aparentemente “escapa” àquela ordem inflexível do destino cósmico, tal como ela é percebida nos outros seres.

Mas esta “indeterminação”, ela mesma, faz parte da ordem cósmica. À natureza humana foi dada a capacidade de compartilhar da propriedade essencial do cosmos, que é o logos. É por isso que o homem tem o poder inédito de se determinarentendendo e expressando suas próprias determinações. Sendo o logos, em último caso, o propósito ou finalidade do próprio cosmos, ao ser habitado pelo pensamento (logos) o homem tem em si uma “porção divina” que “responde” nele à inteligência ou propósito do universo. E é por isso que é o único animal em condições de ter uma vida ética e política.

socrates1Sócrates acredita radicalmente no valor do logos de cada um, que é o mesmo e único logos que determina a verdade de todas as coisas: há que se buscar a verdade a partir de um “conhecimento de si”, de um “autodomínio” em termos de pensamento e ação, no exercício de sua missão, como ele considerava a discussão filosófica, a ação de conduzir pelo diálogo à busca da verdade, e não à mera vitória verbal pelo belo discurso, como os sofistas faziam.

Ao substituir a retórica pelo diálogo, utiliza o procedimento de “pensar passo a passo”. Seu método consta de dois momentos: na ironia, quando o interlocutor é levado a se livrar das idéias preconcebidas, Sócrates não pretende apenas ganhar uma disputa verbal, mas utilizar a argumentação para purificar a mente do outro; e na maiêutica, quando, já despido dos preconceitos, o interlocutor pode utilizar uma argumentação e um raciocínio corretos. Assim fazendo, permitirá que nasçam nele as idéias corretas acerca da verdade e do bem. E a mais firme convicção de Sócrates é precisamente esta : impossível deixar de praticar o bem uma vez que se chegue a conhecê-lo.

victoryA capacidade de agir bem, a virtude (Arete) é uma capacidade de todos, más só pode ser desenvolvida se houver a disposição para realizar o esforço necessário para buscar a verdade. O (agir) mal decorre, portanto, antes de tudo, de um estado de ignorância da verdade e da justiça. Não existe uma “maldade inerente” ao homem. Existe, talvez, uma “ignorância”, que pode ser superada por uma educação apropriada, a ser conduzida principalmente pelo diálogo, pela convivência orientada pelos bons argumentos e pela prática do esforço constante de autoconhecimento.

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Diálogo com os Filósofos by Héctor Hugo Palacio Domingues is licensed under a Creative Commons Atribuição-Uso Não-Comercial-Vedada a Criação de Obras Derivadas 2.5 Brasil License.
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